Crawford paralizó Omaha y aplastó a Gamboa

140628-crawford-gamboa-17En un auténtico peleón, Terence Crawford (24-0, 17 KO) le ganó por nocaut técnico a Yuriorkis Gamboa (23-1, 16 KO) y retuvo el cinturón ligero de la OMB. El americano dio una prueba de carácter delante de su gente, que no veía un combate por título del mundo desde 1972.

Noche consagratoria para Bud Crawford. Ruina para Gamboa que tocó fondo. Esperábamos un bodrio y al final parieron una candidata a pelea del año con casi once mil personas al palo en las tribunas del CenturyLink Center de Omaha, Nebraska.

La noche arrancó con Gamboa dominando con velocidad y un jab picante al cuerpo que servía para mantener a raya a Crawford, que todavía no podía meterse en la pelea. El local no quería regalarle nada al cubano y se afirmaba demasiado antes de sacar sus propios golpes. Gamboa lo leyó como a un libro y usaba su movilidad para salir hacia los costados y desacomodar a Crawford que entonces tenía que volver a empezar.

En el quinto asalto el trámite cambió de manos. El Ciclón de Guantanamo se pinchó y Crawford hizo ajustes, le cambió la guardia y encontró la distancia para mandar a Gamboa a la lona en forma espectacular. De ahí en más sería todo de Crawford, incluyendo otro knockdown en el 8º y un round 9 electrizante.

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Gamboa, herido, salió regaladísimo a buscar el milagro y casi que lo encuentra. Un trompazo del cubano dejó barrileteando por unos instantes a Crawford que demostró corazón para pilotear el mal momento, tanto es así que, aún sentido, lo primereó a Gamboa en un cruce y con dos piñones de zurda lo sentó en el piso por tercera vez. No daba más Yuriorkis, se levantó con las piernas flojísimas y Crawford esta vez con derecha, apuntó y lo tiró de nuevo. Ahí el réferi paró todo y estuvo bien, no le quedaba más nada a Gamboa aunque quisiera seguir. KOT 9 Terence Crawford y reventó el estadio.

Salió un peleón porque no especularon, sí, pero sobre todo porque el cubano, una vez más, fue Dos Caras. Tuvo cuatro asaltos iniciales sólidos, estaba rápido, movedizo, pero la inactividad le pasó factura. Dos peleas en los últimos treinta meses traía Gamboa encima. Crawford en cambio llegaba con ritmo, mejor entrenado y sin quilombos alrededor. La localía no lo achicó, todo lo contrario, demostró gran aplomo. Estudió a su rival en los primeros rounds y después lo desarmó, como a una repisa de esas que venden en Easy (?) Una actuación digna de un campeón, más allá de que Gamboa, mal físicamente y flojo de mandíbula le facilitó las cosas.

¿Qué sigue para ambos? Crawford ya mencionó la posibilidad de subir a 140 libras. Como todavía no está claro qué va a pasar con los boxeadores de Al Haymon y Golden Boy, y si van a pelear o no con los de Top Rank, no es muy realista pensar que Crawford pueda enfrentarse a Panterita Figueroa o al Títere Vazquez. Si se va a súper ligero, en cambio, tiene a Algieri, a Provodnikov y, tal vez, hasta a Manny Pacquiao. Hace no más de seis meses, Mikey Garcia era la apuesta de Bob Arum a futuro. Después del triunfo de anoche, y con García en litigio con Top Rank, bien podría ser Crawford quien ocupe ese lugar en los planes de la promotora. No será el boxeador más excitante para ver, pero anoche dio toda una declaración de principios.

Para Gamboa la cosa pinta mucho más complicada. Una serie de malas decisiones lo puso en esta situación en la que boxea una vez cada tanto. Son muchas cosas a rever para el cubano y sin un entorno piola que lo ayude. 50 Cent, su manejador, es un rapero con guita que se metió en el boxeo para caretearla con su (ahora ex) amigo, Floyd Mayweather. No tiene ningún tipo de contactos ni experiencia en este negocio y Gamboa se mandó una gran cagada yendo detrás de él. ¿Cómo hace el cubano entonces? ¿Por dónde arranca? ¿Puede aunque sea bajar a 130 libras y rearmarse desde ahí? Demasiadas incógnitas. Y después de la pelea éste tweet, conflictuado (que luego borró).

https://twitter.com/gamboa/status/483121382826323968

El boxeo de élite vuelve en julio. El 12, Saúl “Canelo” Alvarez enfrentará a otro cubano, Erislandy Lara, en el MGM Grand de Las Vegas. Dos semanas más tarde, el 26, en el Madison Square Garden de New York, Gennady “GGG” Golovkin buscará ante el australiano Daniel Geale su 17º nocaut consecutivo y una oportunidad ante rivales top.

e.b.

Previa: Crawford/Gamboa

10354681_10152681441888243_5836396879752988550_nEn pleno mundial de fútbol soccer (?) el boxeo se calma un poco y baja su oferta. Éste sábado Terence Crawford (23-0, 16 KO) va a exponer de local y por primera vez su cinturón ligero de la OMB ante El Ciclón de Guantanamo, Yuriorkis Gamboa (23-0, 16 KO). Choque de invictos en Omaha, Nebraska.

Las 135 libras serán una categoría cargada de historia y tradición, eso ni hablar, pero en los últimos años perdió mucho lustre. Los Whitaker, Shane Mosley, José Luis Castillo y Juan Manuel Márquez ya no están. Esta dejó de ser una división atractiva para convertirse en un mero escalón hacia los cheques de siete cifras. Un ejemplo clarísimo de esto es Adrien Broner. Entre noviembre/2012 y febrero/2013 el jetonazo de Cincinatti hizo sus únicas dos peleas en peso ligero para cuatro meses más tarde saltar dos divisiones de un tirón, hasta welter. Por plata, claro. Muy bien que digamos no le salió, pero esa es otra historia.


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Crawford y Gamboa seguramente sean los dos mejores boxeadores “puros” dentro de las 135 libras. Por pureza entiéndase bodrio mal riqueza técnica. Crawford usa bien el ring, es preciso en ataque y súper elusivo cuando se defiende. Por su parte Gamboa, medalla de oro para Cuba en Atenas 2004 y desertor dos años más tarde, es un gran talento que nunca terminó de explotar por distintas razones. Rápido de manos y de reflejos y con buena pegada, pero también con un mentón altamente frágil y sin la explosión que lo caracterizó dos divisiones más abajo, en peso pluma. En Gamboa conviven un boxeador que puede ser electrizante o –la mayoría de las veces– indiferente. Pese a esto aún hoy quedan algunos foquistas (?) inflándolo, a él, a Rigondeaux y a Lara, y rindiendo culto a la escuela cubana de boxeo. Zurditos con cablemódem, compañeros (?).

Llega mejor Crawford, esto es innegable. Cara de nada total, T.C. es una apuesta a futuro de Top Rank y HBO que necesitaba un cinturón para ser vendible. Y lo consiguió en marzo pasado de la manera más difícil, yendo a buscar el título a la casa de Ricky Burns, en Glasgow, donde tenés que pegarle dos tiros en la frente para que los jueces te den ganador. Crawford dominó al escocés y consiguió algo de la legitimidad y el respeto que precisaba. Hoy parece listo para sumar un apellido con más peso a su récord. Acá entra Gamboa.

La carrera del cubano es un desastre. Pesimamente manejado por SMS, la promotora del inexperto rapero 50 Cent. Gamboa quedó implicado en el escándalo de doping de la clínica Biogenesis que suministraba esteroides a deportistas de élite. El affaire se llevó puesto, entre otros, al tercera base de los NY Yankees, Alex Rodriguez, quien fue suspendido y sin salario por 162 partidos (unos 36 millones de dólares). Yuriorkis zafó porque en el boxeo las reglas y los controles son mil veces más laxos que en las Grandes Ligas. Su nombre figuraba en los archivos de Biogenesis, pero como Gamboa nunca dio positivo de ninguna sustancia prohibida, listo, siga siga. Además, como en boxeo no existe una federación madre que pueda actuar de oficio, una FIFA, una NBA, una AFSCA (?), todo quedó en la nada. Una joda que le come credibilidad al deporte y deja abierta una ventana de par en par para que se cuelen detractores y abolicionistas. Me fui por las ramas.

Vuelvo. Los últimos tres años en la carrera de Gamboa son como para meterlos en una bolsa y descartarla ahí en el CEAMSE de Colegiales (?). Peleó poco y mal (hizo apenas dos combates en los últimos treinta meses), anduvo detenido por fajar a la madre de sus hijos y, dependiendo del caso, no pudo o no quiso cerrar combates contra Brandon Rios, Juanma López y Mikey Garcia. Hoy ir y pelearlo a Crawford en la casa de éste parece una jugada a “plata o mierda”. El norteamericano es un rival ordenado, consistente, con ventajas de alcance de brazos, que llega motivado, con ritmo y físicamente al máximo. Imagino una pelea competitiva, accidentada y difícil para tarjetear, donde al final la inactividad que trae Gamboa será determinante. El pronóstico: Terence Crawford por puntos en fallo unánime. 

e.b.

Telón

905820_10152673156873243_8037752183917465952_oY una noche Sergio Martinez (51-3-2, 28 KO) dejó de ser “Maravilla”. Subió al ring del Madison frío, tocado y sin piernas ante Miguel Cotto (39-4, 32 KO) que no desaprovechó la oportunidad de quedarse con el título lineal de los medianos y convertirse en el primer boxeador puertorriqueño campeón en cuatro divisiones diferentes.

Amargamente, ocurrió lo que preveíamos. Maravilla dependía de un milagro y no por lo que pudiera hacer Cotto sino por él mismo. Eran demasiados los obstáculos a sortear en la previa: las lesiones, las cirugías, la inactividad, la rehabilitación, los entrenamientos condicionados, las internas en su rincón. Y el paso del tiempo que, en boxeo, por lo general, es implacable.

Martinez seguro creyó que podía. Que iba a llegar bien, entero. Lo conozco poco, pero tuve la suerte de tenerlo enfrente algunas veces a través de una persona en común y semblantearlo. Es un tipo con una determinación increíble. Hace poco más de dos años, en una comida, nos explicaba paso por paso cómo iba a ganarle a Chavez. Te convencían tanto sus palabras que a la semana saqué pasaje a Las Vegas.

Tal vez aquel round 12 contra Chavez sea el pico más alto de su carrera. No hablo de rendimiento, que se entienda. Esos dos últimos minutos marcarían tanto su exaltación como boxeador mainstream como el comienzo del declive, barranca abajo. Apuró el regreso en cancha de Vélez, y empezó a gotear nafta contra Martin Murray, un inglés ordenado y duro pero muy cagón tímido, que no se animó a buscar el triunfo que hasta el round 10 estaba ahí suelto. Maravilla, sin piernas, sobre un ring mojado, con una mano rota y un hombro a la miseria, fue para adelante y atrapó aquella victoria en los rounds de campeonato. Ahí dejó el resto Martinez, como cuando apretás un trapo y lo escurrís, así se exprimió Maravilla en ese par de asaltos finales.

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Después de aquello no le quedó más nada al (ahora ex) campeón. Ni rodillas, ni pegada, ni movilidad, ni distancia, ni velocidad. En los últimos tres meses no se vio una sola imagen suya corriendo. Sí bicicleta fija, rodilleras, ejercicios para fortalecer la articulación operada, sombra, algo de bolsa y un ratito de manoplas en Nueva York para la prensa, a cinco días de la pelea. Con esos indicios no era difícil prever que Martinez no llegara a la noche del 7 de junio, como se dice, en pleine forme. Y si me doy cuenta yo imaginate Cotto y Freddie Roach.

Cotto dejó pasar una hilera de carretillas repletas de guita para pelear con el Canelo Alvarez por ir contra Maravilla. Ya hecho económicamente, fue por el récord ante un rival tocado. Hizo negocio y se revalorizó para la próxima. Saber y poder elegir contra quién y cuándo pelear es una ventaja muy grande en boxeo que sólo Cotto y un par más poseen. Supo hacerla valer, pero no se durmió ahí. Hizo los sacrificios que tenía que hacer, fue a buscar al entrenador que necesitaba para resetear su carrera, recuperó el hambre y se entrenó a pleno.

Este sábado que pasó, el quilmeño hubiera perdido contra cualquier top cinco de las 154/160 libras. Sonó la campana y ni tiempo tuvo como para sacudirse la escarcha de 407 días inactivo. Cotto y Roach llevaban semanas oliendo sangre y salieron a buscarlo con el gancho zurdo desde el arranque. ¿Habrá hecho sparring Martinez? ¿O la piña uno de Cotto fue la primera que recibió desde de la última que le pegó Murray? Porque dio esa impresión. Tres caídas en el primer asalto expusieron lo inocultable: el físico no le respondía. El panorama, irremontable.

Sólo por la paciencia de Cotto y su cautela para no quedar regalado a una contra es que hubo ocho rounds más de pelea. Un plan bien ejecutado. Y por el corazón de Martinez también, ni hablar. ¿Cuántos más se hubieran levantado después de la tercera caída? Él se mantuvo ahí luchándola, tratando de calentar la máquina para meterse en pelea pero no hubo caso. Y tras una cuarta cuenta en el round 9, Pablo Sarmiento, sensato ahí, no lo dejó salir a pelear el 10. Fue el final y Maravilla no puso excusas para no restarle méritos al nuevo campeón. Eso también es grandeza.

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Una cosa más sobre Miguel Cotto. Su triunfo fue absolutamente legítimo, por paliza, y si su rival subió todo roto a pelear no es su culpa. Pero creo objetivamente que el campeonato mediano le queda grande y que el título le va a durar poco. Ganarle a Delvin Rodríguez y a un Martinez estropeado no convierten a Cotto en la nueva fuerza indestructible del boxeo, aflojen con el bombo. Si Golovkin y el Canelo pasan sus compromisos de julio, van a ir por él. Más complicado, pero una revancha con Floyd Mayweather también podría aparecer sobre la mesa eventualmente.

Por último, queda la tristeza de ver a un campeonazo nuestro tan vulnerable, tan cagado a palos, y al lado el recuerdo de sus mejores noches. La amargura por ver a un monstruo que no supo cuándo parar y se aleja completamente abatido. Escribió Lowinger en estos días para thesweetscience.com que “un boxeador rara vez se baja del ring en el mejor momento. Por cada Rocky Marciano o Joe Calzaghe yéndose bien hay docenas de despedidas decadentes como las de Ali, Tyson o De la Hoya.” Martinez se engolosinó con una última victoria más, una de esas que definen una carrera y lo ponen a uno en Canastota. Estaba en todo su derecho.

Quedan flotando varias preguntas. ¿En Miami, se trabajó según la preparación que había planificado Gabriel Sarmiento en España? ¿Por qué un tipo con la inteligencia de Martinez y su aplicación al trabajo no terminó de armar una esquina de jerarquía? ¿Nadie en todo su equipo de trabajo le sugirió a un deportista de 39 años, que ni podía salir a trotar, que tal vez ya no estaba como para seguir boxeando? Espero, de corazón, que haya sido su última función. No le queda nada por demostrar que no haya ya logrado.

Hace quince días estuve en la Federación Argentina de Box. Tuvieron que abrir vacantes para formar nuevos árbitros y jueces porque, me decían, creció tanto la actividad que ya no dan abasto ante la gran cantidad de festivales que hay todos los fines de semana. A partir de Sergio Martinez revivió el boxeo argentino, nada menos. A darle las gracias y a aplaudirlo cada vez que ande cerca. Telón para una carrera extraordinaria que se puede leer y contar como un cuento. Adiós Maravilla y buena suerte.

e.b.

La hora de la verdad para Maravilla

10440809_10152660732558243_2851365015857830090_nNo siempre el boxeo se las arregla para enfrentar a dos boxeadores top en una pelea con pronóstico 50/50. Miguel Cotto (38-4, 31 KO) y Sergio Martinez (51-2-2, 28 KO) protagonizarán éste sábado en el Madison Square Garden de Nueva York uno de los combates más esperados del año.

El interrogante que condiciona cualquier predicción es cómo llega Maravilla físicamente. A los 39 años de edad, no pelea desde abril del año pasado y se prepara entre algodones para no resentirse de sus lesiones. Recién en abril sus médicos le dieron permiso para que salga a correr pero ni siquiera consta que lo haya hecho. Las imágenes que se filtraron desde entonces lo muestran mayormente encerrado en un gimnasio (en España primero, en Miami después), con una rodillera aparatosa en cada pierna, haciendo bicicleta fija y un ejercicio novedoso que consiste en hacer equilibrio sobre un skate sin ruedas, para fortalecer la articulación operada. Parece un juego comparado a aquellas preparaciones al palo en Oxnard.

Sergio-Martinez-Mike-Ehrmann-Getty-Images16Cuando se lo consulta sobre su estado físico Maravilla da señales confusas, tal vez a propósito, buscando despistar. A veces dice que está diez puntos, otras que el dolor es insoportable y que hace lo que puede. Sólo él, sus médicos y los hermanos Sarmiento saben cómo está. Lo cierto es que en Martinez las manos abajo, el visteo y la postura insolente son chiches. El boxeo del argentino siempre se nutrió de una condición física superior que hoy, con tanto machucón y quirófano encima, parece inalcanzable por más que disimule y se parta el alma queriendo volver a ser. Habrá que ver si puede sacudirse la escarcha que debe haberle dejado el parate.

Todo esto Cotto ya lo sabe. Hace dos años ésta pelea hubiera sido una carnicería y Maravilla lo rompía todo. Hoy es otro cantar. El boricua tuvo un bajón groso después de tomarse revancha de Margarito en 2011 y quedarse corto ante Floyd Mayweather en 2012. Se había quedado sin objetivos. Pareció que todo se acababa cuando perdió con Austin Trout en su casa, el Garden, pero Cotto supo pegar un volantazo a tiempo, levantó el teléfono y llamó a Freddie Roach para que sea su nuevo entrenador. Roach prometió que le devolvería el hambre y Cotto le aseguró que daría en cada entrenamiento todo le que le quedaba y que se retiraría con él en su esquina. La flamante sociedad arrancó dando frutos en un test livianito ante Delvin Rodriguez, en octubre del año pasado. Nocaut en tres asaltos, buenas señales y dale que va, subamos a cazar a Martinez ahora que está tocado. Viendo a Cotto entrenar con Roach se nota que hay química entre ellos.

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Ahora bien, Maravilla es un tipo con una mentalidad de hierro. Uno desde acá supone que se le hará muy difícil alcanzar una recuperación que le permita imponerse frente a un Cotto renovado y agresivo pero, siendo justos, si alguien puede lograrlo es él. El quilmeño posee una notable capacidad de adaptación sobre la marcha y ha sabido sobreponerse a todo tipo de adversidades. Y después de todo, Cotto tampoco está intacto. Hace dos años y medio que no gana una pelea de campeonato y es un boxeador que recibió mucho castigo a lo largo de su carrera y que suele inflamarse, cortarse y sangrar mucho. Si Martinez logra llegar entero a la noche del 7 de junio, nos vemos, lo arruina para siempre.

Un par de datos a tener en cuenta: Cotto tiene más experiencia que ningún otro rival que Maravilla haya enfrentado antes. Ha peleado con Pacquiao, Mayweather, Margarito dos veces, Mayorga, Mosley, Judah y Malignaggi, entre otros nenes. Miguel Cotto no es Martin Murray pedaleando para atrás durante los últimos dos rounds en Vélez, ni tampoco es Chavez Jr. colgado once rounds sin tirar una mano. Pero por el otro lado, ésta será su primera incursión en peso medio y Martinez, roto y todo, es el mejor mediano del mundo hasta que alguien lo baje y demuestre lo contrario. Las 160 libras (159 por contrato) podrían ser demasiado para un peleador que tuvo sus mejores noches bastante más abajo, en súper ligero y welter.

Ambos boxeadores pondrán mucho en juego. Maravilla no sólo su cinturón del Concejo, también su continuidad en el deporte. Si pierde, ésta podría ser su última función. Cotto, mientras, arriesga lo suyo: rechazó una pelea recontra millonaria con Saúl “Canelo” Alvarez por figurar en los libros. De ganarle a Martinez será el primer boxeador de Puerto Rico en la historia en ganar títulos en cuatro divisiones diferentes. Maravilla es favorito para ganar, pero su condición física empareja las cosas y, por eso, Cotto/Martinez tiene todo para ser una pelea dramática y apasionante.

En el combate preliminar de la noche, nuestro Javier Maciel (28-3, 20 KO) fue llamado de emergencia para ocupar la vacante que dejó Yuri Foreman y enfrentar al boricua Jorge Meléndez (28-3-1, 26 KO). Otro Argentina versus Puerto Rico en la noche del Madison y una parada ciertamente bravísima para el bonaerense. Transmiten TV Pública y TyC Sports.

e.b.