Epílogo

Es frustrante que luego de cinco años de ansiedad acumulada en torno a una pelea entre Floyd Mayweather y Manny Pacquiao, el debate hoy pase por la lesión del filipino en un hombro y cómo manejaron la situación su equipo y la Comisión Atlética del Estado de Nevada. Esto es todo lo que quedó de una pelea que no sobrevivió a las expectativas.

Ocho días antes del 2 de mayo puse un tuit en el que decía que me preocupaba la condición física de Pacquiao y que no lo veía al 100%. Llámenlo un pálpito. No tenía ningún dato concreto de que Manny estuviera en efecto lesionado, pero sí me pareció detectar algunas señales llamativas. Calambres en las piernas, que corriera en pista plana para no sobrecargar los gemelos, días de entrenamiento suspendidos, Freddie Roach boqueando muchísimo, un entrenamiento abierto para la prensa en el cual Pacquiao sólo hizo 5 minutos de sombra. Y luego todas las distracciones. Un Pacquiao absorbido por los compromisos promocionales y publicitarios que no paraba de dar notas, filmar comerciales y sacarse fotos con cada famoso que se acercaba a visitarlo. Mientras tanto Mayweather iba de su casa al gimnasio y del gimasio a su casa, sorprendentemente callado. Pura disciplina ante el desafío, a priori, más difícil de su carrera.


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De acuerdo a las declaraciones de Roach, Bob Arum y Michael Koncz, más un comunicado oficial que emitió Top Rank se puede reconstruir que Manny Pacquiao sufrió un desgarro en su hombro derecho, entre 20 y 30 días antes de la pelea (dependiendo de la versión) durante una sesión de sparring en Los Angeles. Que Pac Man fue llevado a una clínica a realizarse estudios y que los médicos le recomendaron un reposo breve, tratamiento con antiinflamatorios y seguimiento de la lesión. El equipo de Pacquiao contactó a USADA, la agencia encargada de llevar adelante todo el proceso de control antidoping previo al combate, para que aprobaran los medicamentos prescriptos. USADA autorizó su uso, Pacquiao retomó los entrenamientos y su hombro mejoraría con el correr de los días. Roach, sin embargo, habría aconsejado pedir la postergación de la pelea pero, según dijo, fue el propio Pacquiao quien insistió en seguir adelante con la preparación.

Veinticuatro horas antes de la pelea, la Comisión Atlética de Nevada les presentó a cada boxeador un formulario de rutina con preguntas básicas acerca de su condición física. Allí, Koncz enumeró los medicamentos que Pacquiao había tomado durante el último mes previo a la pelea, pero ante la requisitoria de si el boxeador filipino había sufrido alguna lesión en sus hombros, codos o manos, Koncz indicó que no. Una secuencia que recuerda a cuando a Lisa le sacan el título de Pequeña Señorita Springfield por culpa de Homero que escribió “bueno” en un espacio del formulario de inscripción que había que dejar en blanco. Inevitable referencia, ustedes disculpen.

Estaba previsto que a Pacquiao le infiltraran el hombro dos horas antes de la pelea, en su vestuario del MGM Grand Garden Arena. Sin embargo, representantes de la Comisión Atlética no dieron permiso para que le aplicaran la inyección basándose en el formulario presentado el día anterior según el cual, recordemos, Pacquiao no tenía ni había tenido ninguna lesión. Una torpeza de Koncz y, tal vez, un exceso de rigurosidad por parte de la Comisión y su director Francisco Aguilar siendo que USADA estaba al tanto del tratamiento de Pacquiao y de la medicación que estaba recibiendo. En un evento tan importante, tal vez un poco de flexibilidad por parte de Aguilar le hubiera hecho un favor al espectáculo. De todas formas, marche preso. La responsabilidad no era de Aguilar para ponerle onda sino de Koncz, que como asesor de Pacquiao hizo mal su trabajo y perjudicó directamente al boxeador que no pudo recibir la inyección en el hombro antes de subir a pelear. Volviendo a Roach, comentó que durante la entrada en calor, mientras hacían manoplas, sintió que todo estaba bien y que la derecha de Manny funcionaba perfecto. Al final, no duró. Después del sexto asalto Pacquiao le admitió a su entrenador que no podía usar su brazo derecho. Roach le preguntó si quería que parara la pelea y el filipino le dijo que no, que aún disminuído no sentía que Mayweather pudiera lastimarlo y que quería seguir hasta el final.

En un principio esto no se supo hasta bien tarde en la madrugada, minutos antes de que comenzara la conferencia de prensa posterior a la pelea. Ahí empezó a circular el rumor de que Manny había subido al ring lesionado. Visiblemente afectado, Pacquiao contestó a medias y en su inglés básico las preguntas de los periodistas. Luego, entre Roach y Arum blanquearon lo que había pasado. Koncz, a un costado, guardó silencio durante toda la conferencia.

Floyd Mayweather Jr., Manny Pacquiao

Ahora la Comisión advierte que podría multar a Pacquiao reteniéndole parte de la bolsa o incluso suspender al boxeador por no haber declarado la lesión. Además, ya entraron en los tribunales de Las Vegas varias demandas de particulares supuestamente damnificados por la condición física de Pacquiao, desde apostadores hasta aquellos que pagaron casi 100 dólares por ver la pelea en sus casas. No sé cuánto sustento pueda llegar a tener esto, imagino que no mucho. De ser así, el boxeo dejaría de ser sustentable. ¿Por qué no meterle también una denuncia a Sergio Martinez, si en la previa a su pelea con Miguel Cotto se cansó de decir por todos lados que estaba físicamente “once puntos” y al final su rodilla terminó aguantando, a lo sumo, un minuto y medio? ¿O a Chavez Junior, por haber ocultado antes de su combate con el mismo Maravilla que se había fumado un porro? Casos así hay a roletes, en el boxeo como en cualquier otro deporte. De todas maneras, los abogados de Top Rank ya deben estar elongando para salir a la cancha.

Todo lo que podía salir mal en el equipo de Pacquiao, salió mal. Roach muy enfermo, con dolores y delegando tareas. Su preparador físico Justin Fortune peleando contra un cáncer. Tener a Koncz como mano derecha, un tipo que no sabe marcar una cruz en un formulario y de quien nadie tiene nada bueno para decir. Arum que tiene cincuenta años como promotor y no le pudo torcer el brazo a Aguilar que lleva apenas 18 meses en la NSAC. Las lesiones en los boxeadores ocurren todo el tiempo. Son atletas de alto rendimiento que entrenan ocho, nueve, diez semanas a pleno y rara vez pueden llegar a la noche de la pelea con su cuerpo intacto, sin dolores, molestias o lesiones. A Pacquiao le tocó lesionarse justo antes del combate más importante de toda su carrera, eso no podía evitarse; toda la incompetencia, el desmanejo y las excusas que rodearon a este episodio patético, sí.

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Finalmente, Pacquiao fue intervenido en su hombro derecho este miércoles 6 en Los Angeles. La artroscopía fue un éxito, según informaron, y Manny necesitaría de 4 a 6 meses de rehabilitación y entre nueve meses y un año para volver a pelear.

Al final, pasó lo que tenía que pasar. Después de cinco años de idas y vueltas, hicieron todo a las apuradas, básicamente por un capricho de Mayweather que no quería renunciar a la tradición de pelear en Cinco de Mayo. Como dije en la previa, todo esto fue un gran quilombo y es prácticamente un milagro que la pelea haya llegado viva al sábado. Desacuerdos hasta el final entre Top Rank y Mayweather Promotions por las entradas, entre HBO y Showtime, entre el Team Pacquiao y la Comisión de Nevada. Egos de todos lados que pusieron en riesgo el evento deportivo más taquillero de todos los tiempos.

Mayweather dijo “una pelea más en septiembre y basta, me retiro”. Argumentó falta de pasión por el boxeo. También admitió que es humano y que podría arrepentirse. Y dos días más tarde le habría mandado un mensaje a un conductor de ESPN diciendo que no tenía problemas en darle la revancha en 2016 a Pacquiao recuperado. Honestamente, ¿cuánto mejor podría hacerlo Manny operado y con un año de inactividad encima? Mejor ni engancharse con esa idea.

La pelea no sólo no colmó las expectativas sino que hoy, más frío, me animo a decir que fue un fracaso. No en lo económico, claro está, eso es aparte. Megapeleas así se dan una vez cada diez o quince años. Todo el periodismo aparece para cubrir el acontecimiento y la gente vuelve a hablar de boxeo en el ascensor, en el bar o en las oficinas junto al bidón de agua, como les gusta decir a los americanos. Es la oportunidad que tiene muy cada tanto este deporte de captar la atención de un nuevo público, más masivo; de recuperar tradición y respeto. Nada de esto pasó porque la pelea no fue lo suficientemente buena como para que el que invitó a su casa a 3 ó 4 amigos para tomar unas cervezas y ver la pelea, vuelva a hacerlo el sábado que viene para mirar Canelo/Kirkland. O el otro fin de semana, para Golovkin/Monroe. En eso falló Mayweather/Pacquiao, en dejar enganchado al espectador casual para la próxima. Y por supuesto, también, en crear una sensación de perdurabilidad. Esta pelea va a envejecer mal. Tenía todo para ser Ali/Frazier y terminó siendo De La Hoya/Trinidad. Lástima.

e.b.

Habilidad sobre voluntad

Floyd Mayweather (48-0, 26 KO) siempre encuentra la manera de ganar. Le sacó una ventaja mental y física a Manny Pacquiao (57-6-2, 38 KO) y se quedó por puntos y en fallo unánime con la pelea que, para bien o mal, definirá el legado de uno y otro en este deporte.

Mayweather es un tiempista. Dentro del ring entiende como nadie cuándo debe pegar, cuándo cubrirse, cuándo recostarse contra las sogas, cuándo regular y cuándo apretar el acelerador. Fuera del cuadrilatero, conoce a la perfección cuándo es el momento ideal para pelear con cada uno de sus rivales. Manny Pacquiao fue por más de cinco años el único en situación de discutirle su liderazgo. Durante ese tiempo Mayweather supo mirar para otro lado cada vez que alguien le reclamaba porqué no aceptaba una pelea con el filipino. Con Al Haymon, su asesor en las sombras, esperaron el momento ideal en que el combate generara más dinero que nunca y, a la vez, tuviera en frente al Pac Man más venido a menos de toda su carrera. Si la pensás dos segundos, mejor no le podría haber salido.

Todavía no hay números oficiales de cuántas casas en Estados Unidos decidieron pagar 99.95 dólares para ver pelear a Mayweather con Pacquiao, pero seguramente fue un éxito comercial que superará cualquier expectativa. Un indicio: la pelea arrancó 45 minutos más tarde de lo previsto debido a la saturación del sistema para procesar los pedidos de pay-per-view. En nuestro país, la transmisión de TV Pública llegó a 31.6 puntos de rating un sábado a la madrugada y sin que peleara un argentino. Seguro, el boxeo está muerto, cómo no.

En la previa escribí que lo veía mejor a Floyd y que llegaba con una leve ventaja. Más enchufado. Más fresco, física y mentalmente, más allá de la diferencia de edad en su contra. Francamente, hubiera querido equivocarme. De los dos, Manny Pacquiao es, por lejos, mi boxeador favorito. Pero no podía dejar de lado las llamativas señales que veía de su campamento de entrenamiento en Los Angeles. Los calambres en las piernas, los días de descanso, su entrenador Freddie Roach hablando de querer cerrar con llave el gimnasio y sin embargo cada vez más gente, y más famosos pasando a saludar y a sacarse una foto. Y más entrevistas y más comerciales con la cara de Manny, más el basket allá en Filipinas, y su banca en el congreso, y su compromiso con Dios y con la Biblia. Demasiadas distracciones de cara a la que debía ser la pelea más importante de su vida.

Los primeros tres asaltos de Floyd Mayweather fueron brillantes. Si hubo un momento claro de dominio de parte de alguno de los dos a lo largo de la pelea fue ese. Floyd puso su pie izquierdo bien adelante y sacó partido de sus brazos más largos para prohibirle a Pacquiao achicar distancias. Arrancó totalmente descolocado Manny y no pudo ajustar hasta el round 4. Ahí Mayweather empezó a meterse en cuerdas y Pacquiao cuando pudo encontrarlo lo lastimó. Desde ese momento se abrió otra pelea y se fueron repartiendo los asaltos. Pacquiao volvió a conmover a Floyd en el sexto episodio pero, a pesar de haber emparejado el trámite, se notaba que a Manny le faltaba un plus como para quebrar a Mayweather. Se lo veía un poco duro y le faltó aquel quiebre de cintura capaz de desconcertar a quien tuviera enfrente. Los dos estuvieron lejos de su mejor versión. Pacquiao tiró menos que nunca y falló más de la cuenta. Mayweather abusó del modo supervivencia. Cauto, pedaleó mucho para atrás y eligió cada uno de sus golpes tratando, como siempre, de no regalar nada.

Concedo que los dos están en un declive. Anoche sí vi a un Mayweather disminuído, aunque todavía capaz de paliar cualquier merma física con su inteligencia superior arriba del ring. Pacquiao claramente ha perdido uno o dos escalones. Justo ahora que parecía haber recuperado un poco de ese fuego y esa alegría de antes, su condición física lo abandonó. Las estadísticas de Compubox resultan elocuentes. En sus doce combates previos a éste, el filipino promedió 786 golpes tirados por pelea. Anoche ese número bajó, drásticamente, a 429, esto es 357 golpes por debajo de su media. En la conferencia de prensa posterior al combate, su promotor Bob Arum reveló que Manny venía arrastrando un desgarro en su hombro derecho y que la Comisión Atlética de Nevada no dejó que le aplicaran una inyección de lidocaína antes de la pelea para calmar el dolor. Este tipo de excusas no suelen caer bien entre los fanáticos. Hay que ponerle dignidad tanto a la victoria como a la derrota.

La bautizaron “La Pelea del Siglo” y aunque no fue mala, no estuvo a la altura de el uno y el dos del mundo. Quedó lejos en cuanto a calidad y emotividad de combates históricos como Ali/Frazier o aquellas de los ’80 con Leonard, Hagler, Hearns y Durán. Terminó siendo, según mi apreciación, una pelea bastante más pareja de lo que reflejaron las tarjetas de los jurados. Un fallo unánime con dos jueces que fallaron 116-112 y un zarpado que dio 118-110. Yo por televisión vi un empate, seis asaltos para cada uno, pero acepto que de haber un ganador ese debía ser Mayweather. No tendría problemas con una tarjeta de 7 rounds a 5. Pero 8 a 4 y ni hablar 10 a 2 me parecieron demasiado amplias, exageradas. [Storify: #MayPac round por round]

La tarjeta de ROUND CERO

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 TOTAL
Mayweather 10 10 10 9 10 9 10 9 9 9 10 9 114
Pacquiao 9 9 9 10 9 10 9 10 10 10 9 10 114

Para Floyd queda una pelea más en septiembre y basta, dijo. Lleva un tiempo avisando que perdió la pasión por el boxeo. También dijo que en los próximos días va a dejar vacantes todos sus cinturones para darles la chance a los que vienen detrás de pelear por un título. “Money” es el villano perfecto porque se nutre del odio que despierta entre los fanáticos, como un luchador de la WWE. En él conviven un boxeador extraordinario y un personaje despreciable.

Mayweather estará viviendo su hora más dulce, disfrutando el triunfo que definirá su legado. Pacquiao ya debe estar haciendo eso que lo hace más feliz, ir al templo a rezar con su esposa y sus hijos. Es el final de esta historia dominada por la habilidad de Floyd Mayweather para imponer sus condiciones, sus tiempos y su talento por sobre la voluntad de Manny Pacquiao y los otros 45 boxeadores que antes intentaron lo imposible: ganarle a quien, nos guste o no, debe ser reconocido como el mejor de esta época.

e.b.

Mayweather/Pacquiao: se para el mundo

CAzA2lnWwAAwCHpDespués de más de cinco años de idas y vueltas, finalmente, Floyd Mayweather (47-0, 26 KO) y Manny Pacquiao (57-5-2, 38 KO) se subirán a un ring para definir quién de los dos es el boxeador más grande de esta época. Transmite TV Pública para todo el país desde las 22h.

Esta historia arranca en el año 2009, con Manny Pacquiao en el momento más alto de su carrera después de noquear a Oscar De La Hoya, Ricky Hatton y Miguel Cotto en sólo once meses. Mayweather, aburrido, se había retirado del boxeo, pero al volver y ganarle de punta a punta a Juan Manuel Marquez, una pelea con Pacquiao parecía lógica e inevitable. Acá es cuando lo que debería haber sido fácil se complica y arranca todo el puterío, las negociaciones caídas, las acusaciones cruzadas y los abogados.

Se conoce que en 2010 estaba todo encaminado como para que la pelea se concretara, pero a último momento, Mayweather comenzó con las extravagancias y pidió que los controles antidoping incluyeran extracciones de sangre hasta 24 horas antes del combate. El bando filipino rechazó las exigencias de Floyd con algo de razón. Pacquiao nunca había dado positivo en un control y los reclamos de Mayweather parecían apuntar más a ensuciar al Pac Man y boicotear la pelea que a darle transparencia. El descargo de la gente de Pacquiao fue que Manny no tenía problemas en dar muestras de orina en cualquier momento y de sangre hasta un mes antes del combate e inmediatamente después del mismo, pero no un día antes de pelear porque, sentía, sacarse sangre lo dejaba débil. Una respuesta cuanto menos torpe. Mayweather, al final, se salió con la suya. La pelea se cayó y la imagen de Pacquiao quedó tocada. La siguieron en tribunales.

Dos años después, en 2012, Mayweather hizo otra para la tribuna. Llamó por teléfono al filipino directamente para ofrecerle pelear con él por una bolsa fija de 40 millones de dólares. Bajo estos nuevos términos, a Pacquiao no le tocaba ni un centavo de lo que el combate generara por venta de PPV, cifra que éste sábado podría superar los 300 millones. “Le ofrecí más dinero del que nunca había ganado en toda su carrera” comentó Mayweather, pero su propuesta era claramente una tocada de culo. Pacquiao la desestimó aclarando que no subiría al ring por menos del 45% y que, por las dudas, ya no tenía ningún drama con sacarse sangre incluso el día anterior a la pelea.

Más tarde ese año, Mayweather fue sentenciado a tres meses de prisión por golpear y amenazar de muerte a su ex, Josie Harris, delante de los tres hijos que tuvieron juntos. Insólitamente, la Justicia del Estado de Nevada le concedió una prórroga especial en la fecha de entrada a la cárcel para que Floyd pudiera enfrentar a Miguel Cotto. Tal es la relevancia de Mayweather para la economía de Las Vegas. Una vez adentro sólo cumpliría dos tercios de la condena, beneficiado por buena conducta. Para Pacquiao, 2012 también fue un mal año. En junio le robaron un triunfo clarísimo sobre Timothy Bradley y en diciembre Manny sufriría la derrota más dura de su carrera, descuido y nocaut a manos de Juan Manuel Marquez, su rival eterno.

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Si hasta ahí un combate entre Mayweather y Pacquiao había sido imposible de realizar, las cosas se complicaron todavía más en 2013, cuando Floyd anunció que abandonaba la pantalla de HBO después de quince años para cruzar de vereda y firmar exclusividad con Showtime, que le garantizaba más de 200 millones de dólares por la transmisión de sus próximas seis peleas. Despechados, en HBO reaccionaron anunciando que no volverían a trabajar con ningún peleador de Golden Boy o que fuera representado por Al Haymon, el consejero en las sombras de Floyd Mayweather. El boxeo quedaba así partido en dos, rehén de una guerra entre canales de televisión y promotores que bloqueaba no sólo la posibilidad de ver Mayweather/Pacquiao, sino también cualquier otra pelea entre un boxeador de Bob Arum (Top Rank, cercana a HBO) y uno de Oscar De La Hoya (Golden Boy, afiliada a Showtime). Floyd les ganaba en mayo a Robert Guerrero y en septiembre a Canelo Alvarez. El filipino volvería recién en noviembre, con una victoria indiscutible sobre Brandon Rios, un rival a medida.

2014 es el año clave porque Mayweather y Pacquiao empiezan a vender cada vez menos y se quedan sin alternativas. Floyd, sin rivales competitivos, le da una revancha innecesaria a Maidana y Pacquiao, después de vengar aquella derrota ante Bradley, se fue a China para tirar seis veces a un Chris Algieri desconocido para el público en general. A Showtime los números ya no le cierran. Hicieron una inversión impresionante en Mayweather que en un principio les sirvió para posicionarse como competencia sólida de HBO pero ahora están yendo a pérdida con el deportista mejor pago del mundo.

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Entra Les Moonves, presidente de CBS, empresa madre de Showtime. Un mozo del lugar en el que Moonves suele cenar en Los Angeles le cuenta al empresario que su hijo practica boxeo en el gimnasio del entrenador de Manny Pacquiao, Freddie Roach, y que él podría gestionarle una reunión con Roach para ver si una pelea del filipino con Mayweather todavía es viable. Moonves accede. Se junta con Roach primero, luego con Arum, después sienta a Arum con Haymon que se odian pero no son boludos y así, despacito, la pelea va tomando forma. Faltaba la tele. Pacquiao es de HBO y Mayweather de Showtime, por lo que las dos compañías deberían volver a trabajar de manera conjunta en la transmisión, algo que sólo habían hecho una vez para Lewis/Tyson, en 2002. También faltaba el ok de Mayweather, que esta vez no volteara las negociaciones haciendo alguna de las suyas.

2522F59A00000578-2929269-The_pair_pictured_together_for_the_first_time_spoke_and_swapped_-m-3_1422444809738Floyd se quedó en el molde mientras la televisión cerraba detalles. Para ese entonces, del lado de Pacquiao ya habían aceptado la parte más chica de un reparto 60/40, la fecha de la pelea, el lugar, los controles anti doping, todo. Esto terminó de encaminarse el 27 de enero de este año. Pacquiao estaba en Miami participando como jurado del concurso de Miss Universo y cuando quiso tomarse el avión de vuelta a Filipinas todos los vuelos habían sido cancelados por una tormenta. Teniendo que quedarse una noche más, eligió matar tiempo yendo a ver Bucks vs. Heat, un partido de la NBA al que también había ido Floyd Mayweather. Algunos dicen que fue pura casualidad, otros sostienen que estuvo todo armado. No importa. Las cámaras los enfocaron, ellos se vieron, se saludaron, cruzaron dos palabras, agendaron teléfonos y se despidieron para seguirla un rato más tarde en privado. Reunión cumbre, mano a mano en el hotel donde paraba Pacquiao. Tres semanas después, el 20 de febrero, Mayweather le sacaba una foto al contrato firmado y la colgaba en las redes sociales, poniéndole fin a las especulaciones y oficializando la pelea que tomó cinco años en hacerse realidad.

Para que esto funcionara todos iban a tener que tragarse un sapo. Arum no se lleva con Haymon, ni con Mayweather, ni con el uno del MGM. Showtime y HBO son archirrivales. Floyd no se banca a Arum, su ex promotor. Mayweather padre y Freddie Roach se picantean cada vez que pueden. HBO tampoco quería saber más nada con Haymon ni con Floyd y acá estamos. Showtime resiente a Arum de la vez que llevaron a Pacquiao para pelear con Mosley y Top Rank se lo llevó enseguida de vuelta a HBO. Esto es un gran quilombo y como tal créanme que es un milagro que se haya concretado y siga en pie. Faltando nueve días para la pelea no había entradas. No, no es que no quedaran, no había, no existían porque no podían ponerse de acuerdo en cómo se las iban a repartir. Todos problemas. Al final, apenas 500 localidades salieron a la venta para el público. Lógicamente, volaron en menos de dos minutos y la reventa es un descontrol. Consultado sobre si anticiparía una revancha, Arum sentenció que si dependiera sólo de él “no volvería a pasar por todo esto nunca más ni en un millón de años. Es la peor pesadilla que haya vivido en todos mis años como promotor de boxeo.”

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Están los que dicen que este combate llega tarde, que ya no interesa tanto como hace cinco años. Verso. Es la pelea más importante de los últimos, diría, 25 o 30 años. De Hagler/Leonard para acá, ninguna otra se le compara. Nada garantiza que de haberse enfrentado allá por 2010 hubieran dado una pelea mejor que ahora. En todo caso podrá lamentarse que tanto tironeo nos haya privado de lo que, con tiempo, podría haber sido una trilogía de peleas históricas como fueron Leonard/Durán o Ali/Frazier, pero ya está. ¿Y quién dice que en mayo de 2015 Mayweather y Pacquiao no puedan dar una buena pelea? Floyd perdió un poquito de agilidad y se recuesta contra las cuerdas con mayor frecuencia. Cubre el mentón con su hombro y desde ahí bloquea, esquiva y elige sus disparos como un francotirador con su rifle desde una ventana. Manny en cambio pelea como si tuviera una ametralladora, tirando ráfagas de 5, 6 o más golpes, aunque sin la precisión quirúrgica de Mayweather. Algunas de sus balas van a seguir de largo y otras van a entrar.


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Sucede que Pacquiao hoy se ha convirtido en una celebridad que boxea. En él conviven el congresista, el jugador de basket, el cantante, el que se mete en una inundación para ayudar a los que menos tienen, el ferviente lector de la biblia y, todavía, el boxeador. Tiene a todo un país detrás. Pero aunque sigue siendo un crack, hace rato que perdió un poco de su esencia arriba del ring. Le mirás la cara la vez que lo afanaron contra Bradley en 2012 y es prácticamente la misma que cuando le ganó dos años después. Como si le diera igual ganar o perder. Está en otra. Ahora, ¿puede ganar? Más vale.

Floyd Mayweather esquivó a este filipino de un metro con sesenta y nueve centímetros durante cinco años por algo más que ego. Le teme. Siente que Pacquiao más que nadie amenaza lo más preciado que tiene: su invicto y ese poder presumir de que es el mejor de todos los tiempos, aunque no lo sea. Habiendo sido a lo largo de toda su carrera tan meticuloso en los tiempos y en la elección de sus rivales, una de las preguntas a responder es si Mayweather va a enfrentar a Pacquiao porque no le quedó otra o porque ya ve a Manny lo suficientemente vulnerable como para arriesgarse a tomar el combate que estuvo evitando durante el último lustro.

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¿Cómo hace Pacquiao para ganarle a Mayweather? Trabajando mucho. Precisa mantenerse activo, ganar rounds, obligar a Floyd a salirse de su libreto y tomar algunos riesgos. El juego de pies del filipino será fundamental. Necesita sus piernas al 100%. Si vuelven los calambres, chau, se acabó. El Pac Man necesita pelear en puntas de pie, estar rápido, amagar mucho y entrar por sorpresa, pegando combinaciones desde la media distancia y salir volando hacia los costados. En otras palabras, Manny necesita una actuación de otra época. Pacquiao no es Maidana, tiene otros argumentos y un estilo que lo hace único. El filipino no puede ni debe hacer una pelea de fricción como la que plantearon el Chino o Cotto contra Mayweather. No porque eso no dé resultados contra Floyd, de hecho creo que esa sigue siendo la mejor estrategia para complicar a Mayweather. Acorralarlo, deslucirlo, ensuciar la pelea y tirarle con todo hasta que a alguno de los dos se le caigan los brazos y no pueda más con su vida. Pero como decía antes, Pacquiao no es ese tipo de boxeador y necesita tomar la iniciativa con otras herramientas, las suyas. Movilidad, velocidad, puntería y variantes para evitar que Floyd lo descifre, haga ajustes y domine, como hace siempre. El tema es si Manny llega con la condición física, la frescura y la mentalidad como para agarrar la manija de la pelea y ganar asaltos, de a uno por vez. También dependerá, en alguna medida, de que en Mayweather se acentúe ese declive sutil que, para algunos, mostró en sus últimos combates. En cambio, si Floyd está con todas las luces encendidas, las chances de Pacquiao se achican.11045399_10155485782935354_7894171660011141437_o

Mayweather parece haberse tomado todo el proceso de preparación para esta pelea muy en serio. Apagó al personaje, al “Money”, se alejó de los escándalos y se puso a trabajar con el rigor y la intensidad de siempre más algunos cambios bastante polémicos. Primero incorporó a su equipo a Alex Ariza, el ex preparador físico de Pacquiao y de Maidana que fue echado de la esquina de estos dos. Ariza en un principio da resultados; luego, si no se lo sabe manejar, se vuelve un bardo incontrolable. Veremos cómo resulta esta vez. Luego sumó a Bob Ware, otro preparador físico al cual le asignó la sensible tarea de vendar sus manos frágiles. Si Ariza es un tipo controvertido, Ware no se queda atrás. En mayo de 2013 J’ Leon Love, un protegido de Floyd, dio positivo en un control antidoping y admitió ante la Comisión Atlética de Nevada haber tomado un diurético para cortar peso, una sustancia prohibida que también suele utilizarse para tapar el uso de esteroides. Indagado al respecto, Love reveló que el diurético se lo había suministrado (adivinen quién) Bob Ware. Para hacerla completa, Angel “Memo” Heredia, preparador físico de Juan Manuel Marquez y confeso consumidor y repartidor de anabólicos a deportistas durante el escándalo BALCO, anduvo por el gimnasio de Mayweather. Heredia dice haber conversado con su colega Ariza a raíz de una inquietud por conseguir mayor potencia en la pegada de Floyd y qué cosas se le ocurrían a “Memo” para mejorar en ese aspecto puntual de la preparación. No aclares que oscurece. Un entorno bastante turbio para alguien que se jacta de querer limpiar el deporte de tramposos.

De no mediar polémicas ni fallos discutidos, ganará el que esté más fresco física y mentalmente. Me inclino a pensar que ese es Floyd Mayweather. Estuvo muy metido durante su campamento de entrenamiento y casi ni abrió la boca a lo largo de toda la preparación. “Nunca en mi vida tuve tantas ganas de ganar una pelea como ésta”, dijo, y uno no puede hacer otra cosa que no sea creerle. Pacquiao, en cambio, anduvo de acá para allá, dando notas, sacándose fotos, filmando comerciales y saludando famosos. Casi que cargó él solo con todo el peso de promocionar la pelea mientras Mayweather se brindaba exclusivamente a entrenar. Tantas distracciones a este nivel pueden pagarse caro y, justamente, en la dedicación y aplicación al trabajo puede estar la clave y la ventaja para Floyd.

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Manny Pacquiao y Floyd Mayweather son el agua y el aceite. Dos figuras antagónicas. Uno, un tipo sencillo que surgió de la miseria más profunda y que encontró en el boxeo la única posibilidad de alimentar a su familia. El otro heredó el oficio, depuró su talento y se convirtió en un personaje tan frívolo como brillante y cerebral arriba del cuadrilátero. Esta historia tiene a un bueno y a un malo, y los dos se sienten cómodos con el papel que les tocó.

Cuenta regresiva para la pelea que definirá el legado de uno y otro. Yo ya estoy imaginándome lo que va a ser. El estadio lleno. Jimmy Lennon Jr y Michael Buffer, los dos juntos presentando a los boxeadores. El pasillo hacia el ring. Kenny Bayless dándoles las últimas indicaciones. Esos segundos de drama antes de que suene por primera vez la campana. Y la esperanza, el deseo, de que Mayweather/Pacquiao sobreviva a esos cinco años de expectativas, que salga un gran espectáculo y que nos quedemos hablando de esta pelea por los siglos de los siglos. Amén.

e.b.