Cotto, el ventajero

Miguel Angel Cotto (39-4, 32 KO) expondrá este sábado por la noche el campeonato mundial de peso mediano ante el australiano Daniel Geale (31-3, 16 KO), en el Barclays Center de Brooklyn, Nueva York. Transmite Combate Space desde las 23 hora argentina.

Miguel Cotto dejó de ser un boxeador para convertirse, antes que nada, en un tipo de negocios. Como Floyd Mayweather acaso. Y ya que planteamos la semejanza, parecería que la transición trae implícita la condición de convertirse en un personaje petulante y rastrero. En este último tiempo Cotto dio de baja cualquier rasgo de humildad y decencia deportiva hasta cargarse de una arrogancia que lo acompaña en cada uno de sus gestos y de sus declaraciones.

Julio de 2013. Cotto venía de perder dos peleas seguidas (Mayweather, Trout) y se había quedado sin objetivos y pensando en el retiro. Entra Freddie Roach. Después de probar en su esquina con Manny Steward y con Pedro Diaz, Cotto fue a buscar al siete veces Entrenador del Año para que lo guiara en la preparación de las que serían -dijo- las últimas peleas de su carrera. Hasta acá el tándem funcionó bárbaro. Dos de dos con sendos nocauts y la conquista de un cuarto título en divisiones diferentes, algo inédito para el boxeo de Puerto Rico. Se podrá decir que Delvin Rodriguez y Sergio Martinez todo roto no fueron de gran exigencia para el boricua, pero por más cierto que eso sea, no se les puede sacar mérito a Cotto o a Roach. Saber elegir rivales y momentos también es parte de este deporte, nos guste o no.

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No obstante esa concesión, Cotto hoy hace abuso de su posición de campeón y boxeador convocante. Esquiva a rivales absolutamente legítimos y rentables como son Saúl Alvarez y Gennady Golovkin valiéndose de excusas muy berretas. De GGG, el mejor mediano del planeta hoy, Cotto dijo que nunca peleó por sistema pay-per-view y que no genera mucha plata como para querer pelear con él, que primero vaya y gane algunas peleas importantes y después se verá. Insólito. Toda una sarasa que se cae a pedazos al momento en que Cotto elige como rival a Daniel Geale, a quien Golovkin -justamente- noqueó en apenas tres asaltos hace menos de un año.

Por si todo esto fuera poco, Cotto puso como condición que Geale, quien pelea en las 160 libras desde mayo de 2007, se presentara a la ceremonia de pesaje con un peso máximo de 157 libras, esto es casi un kilo y medio por debajo del límite de la categoría. Nadie lo reconoció pero debía haber seguramente una cláusula en el contrato que fijase una multa fuerte por pasarse del peso “pactado”. Por las dudas, Cotto metió más presión y se encargó de dejar bien en claro que si el australiano llegara a pasarse de esas 157 él no se presentaría y suspendería la pelea. Por su parte, el Consejo Mundial de Boxeo se despegó con un tibio comunicado diciendo que la entidad no tiene margen de maniobra cuando existe este tipo de contrato interno entre los boxeadores.

Así las cosas Geale, sin mucha alternativa ni respaldo, aceptó que le impusieran las reglas del juego y el viernes se subió a la balanza pesando las 157 libras, deshidratado y notoriamente demacrado. Cotto en cambio lució un físico algo fofo diría aunque pesó 153.6 libras. De esto se desprende que aún podría pelear en súper welter, si quisiera, en vez de sentarse encima del campeonato mediano. Los catchweights o combates en peso pactado deberían ser un recurso para facilitar una pelea entre boxeadores que vienen de distintas divisiones, como cuando uno se estanca en una negociación y dice “ok, partamos diferencias” y ambos resignan algo. Cotto hoy es el campeón mediano y Geale un peso mediano con experiencia y trayectoria. Acá, el peso pactado no tiene otro sentido que el que buscó el Team Cotto desde el vamos: minimizar riesgos y deteriorar el físico de su adversario. Lo que se dice un ventajero.

Algunas consideraciones. Miguel Cotto viene de estar un año inactivo y pudo entrenar con Roach sólo un mes, una vez que Freddie terminó con la preparación de Manny Pacquiao para la pelea con Mayweather. No espero ver a un Cotto particularmente afilado esta vez. Más allá de ese antecedente fresco de Geale, noqueado por Golovkin, creo que el australiano podría haberle dado bastante trabajo a Cotto en igualdad de condiciones. El proceso hasta perder esas tres libras extras seguramente habrá sido tortuoso para Geale y será determinante en su rendimiento la noche del sábado. De tanto querer garantizarse un triunfo antes de subir a pelear, Cotto al final va a ver que ganarle a un rival así, totalmente condicionado, no da prestigio.

Sospecho que lo mejor que podemos llegar a sacar de esta pelea es una confirmación verbal de parte de Cotto de que antes de fin de año peleará contra el Canelo Alvarez. Aunque teniendo en cuenta este perfil de tipo presumido que maduró el boricua en el último tiempo, muy probablemente no consigamos ni siquiera eso.

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Más temprano este sábado el bonaerense Jesús Cuellar (26-1, 20 KO) defenderá su título pluma de la AMB ante el experimentadísimo armenio Vic Darchinyan (40-7, 29 KO) en el StubHub Center de Carson, California. Televisa TyC Sports a partir de las 16h.

Muchas veces señalamos como ejemplo a seguir para los boxeadores argentinos a Marcos Maidana. El “Chino” logró rodearse de alguna gente valiosa, irse a entrenar a un gimnasio prestigioso en EEUU, adaptarse, trabajar y ser responsable. Tanto sacrificio dio sus frutos. Un triunfo espectacular sobre Adrien Broner y dos peleas multimillonarias con Floyd Mayweather. Hoy Maidana está descansando. Quizás demasiado. Incluso, tal vez, ya se haya dormido en los laureles, pero quién podría decirle algo. ¿Con qué se vuelve a motivar a un boxeador que ya tuvo un par de peleas contra el mejor boxeador de los últimos tiempos?

Vuelvo. Hay un muchacho en Oxnard, California, que entrena siguiendo los pasos de Maidana aunque haciendo su propio camino. Ese es Jesús Cuellar, un boxeador al que todavía le falta trabajo, sí; disciplina arriba del ring, también. Pero está en el lugar correcto y con el entrenador indicado como para seguir formándose. No podría decir que Cuellar es hoy el mejor boxeador argentino, pero sí que es el más confiable de todos, el que mejor cuidado está, al que mejor le van llevando la carrera.

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La división de los plumas está cargadísima: Walters, Lomachenko, Russell, Mares, Santa Cruz y alguno más, todos buenos boxeadores. No todos son rivales posibles para Cuellar por esas cuestiones internas del boxeo. Si Walters y Lomachenko son de Bob Arum, se hace medio difícil pensar que vayan a pelear contra Cuellar que es parte del establo de Al Haymon. Hay una pica ahí que sólo justifica una tregua cuando hay 500 millones dando vueltas alrededor de Mayweather/Pacquiao. No importa, hay muchos combates posibles y muy buenos para Cuellar ahí afuera. Darchinyan es uno de ellos. Peleó con Nonito Donaire dos veces, con Mijares, Travieso Arce, Mares, Chemito Moreno y Walters. Ya está medio de vuelta, pero es duro y tiene muchísimo oficio. Así como Cuellar le puso el sello en el trámite de jubilación a Juanma López el año pasado, Darchinyan ofrece lo mismo: un apellido de fuste para seguir sumando reputación y experiencia.

Queda la discusión de si su título del mundo es valioso o no. Respeto los logros de Cuellar y no dejo de ponderar su vocación de trabajo, pero la AMB reparte cinturones como si fueran sanguchitos de miga en un pelotero y reconoce a tres campeones en las 126 libras. Poco serio. Títulos al margen, Cuellar tiene mucho futuro por delante y una muy buena oportunidad frente a Darchinyan para lucirse y seguir creciendo.

e.b.

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