Nunca se fue

En una pelea que terminó siendo bastante más competitiva de lo que uno esperaba, Manny Pacquiao (59-6-2, 38 KO) venció por puntos en fallo unánime a Jessie Vargas (27-2, 10 KO) y recuperó el título welter de la OMB. 114-113 (Moretti), 118-109 (Trowbridge) y 118-109 (Feldman), las tarjetas. 

Siete meses después de anunciar su retiro para dedicarse de lleno a la política, el campeón en ocho divisiones Manny Pacquiao dejó por un rato su oficina en el senado filipino y volvió a pelear. Le ganó bien a Vargas (115-112 en mi tarjeta) que estuvo a la altura de los acontecimientos y dio batalla hasta el final.

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Tras un primer round de estudio y tanteo, comenzó a brillar el Pacman. Repiqueteó por todo el ring, volaba. Pegaba y salía para los costados, indescifrable para Vargas que en el segundo round se comió una zurda recta y terminó sentado en la lona. En el tercer asalto también hubo señales de un Pacquiao vintage, rápido, agresivo, afiladísimo. Hasta se tomó un segundo en plena acción para ver a Floyd Mayweather sentado en el ringside, sonreirle y levantarle las cejas, como preguntando por una revancha.

A partir del cuarto episodio Manny bajó la intensidad y Vargas pudo ordenarse y asentar un poco su plan de pelea inicial, aquel que Pacquiao le había tirado por la ventana con un arranque feroz. Vargas puso bien adelante su pierna izquierda y aseguró la distancia que más le convenía y que le permitió, cada tanto, sacar alguna derecha bien voleada que mantuviera a raya al senador filipino.

Hizo la mejor pelea que pudo Jessie Vargas, y fue más de lo que yo imaginaba en la previa. Tuvo corazón para reponerse de un arranque totalmente adverso y aunque su producción no haya sido espectacular no creo que él mismo pueda reprocharse nada. Simplemente le tocó a enfrentar a alguien mejor que él, que lo dominó con su velocidad y con la experiencia de 24 peleas mundialistas. Las esperanzas de Vargas dependían no sólo de dar su mejor actuación a la fecha sino también, y ante todo diría, de que Pacquiao tuviera al fin esa noche en que se viera viejo y más un político y un filántropo que un boxeador. No tuvo suerte Vargas, Manny demostró que todavía tiene cuerda para algo más.

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No sé cómo lo iría a éste Pacquiao hoy contra rivales de élite. Vargas no lo es; es un buen boxeador de segundo nivel y punto. Esto no le quita ningún mérito al triunfo ni a la vigencia del filipino, que a esta altura de su carrera podría seguir peleando contra tipos como Vargas un par de años más y por mí estaría todo bien. De hecho, si me apuran, creo que Pacquiao está entre los tres mejores boxeadores del año, junto con Carl Frampton y con quien gane la pelea entre Sergey Kovalev y Andre Ward, en dos semanas. El Pacman volvió de una cirugía y dominó a un top 3 (Bradley) y a un top 10 (anoche) de su categoría, y todo mientras pateaba su país para ganar una elección. Eso es mucho más de lo que otros jóvenes campeones produjeron éste año peleando poco o mucho pero contra rivales falopa. Para mí vale mucho más ésta victoria de Pacquiao sobre Vargas que la de Canelo ante Khan, por ejemplo, o la de GGG sobre Brook.

LA TARJETA DE ROUND CERO

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 TOTAL
Vargas 10 8 9 10 10 10 9 9 9 9 10 9 112
Pacquiao 9 10 10 9 9 9 10 10 10 10 9 10 115

Voy cerrando. Respeto para Jessie Vargas y ganas de ver a Pacquiao en algún momento del año que viene dedicándose ciento por ciento al boxeo durante ocho semanas para pelear con Terence Crawford, o con el ganador de Thurman/Garcia. No veo por qué una revancha con Mayweather podría ser diferente a la primera, pero si se hace yo me anoto.

Mientras tanto, le queda poco a 2016, un año lastimoso para el boxeo. Al menos lás ultimas semanas va a haber acción. Kovalev/Ward el 19 de noviembre y Lomachenko/Walters, el 26. Y en diciembre la postergada entre nuestro Jesús Cuellar y Abner Mares de Mexico, el 10, y la despedida de un grande de todos los tiempos como es Bernard Hopkins, el 17. Esperemos que esta seguidilla que comenzó con Pacquiao/Vargas marque un repunte y que el boxeo en 2017 vuelva a recuperar algo de brillo.

e.b.

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Pacquiao vuelve: del congreso al ring

cwlighzwgaew-7bA seis meses de haber anunciado su retiro para dedicarse a la política full time, el campeón en ocho divisiones Manny Pacquiao (58-6-2, 38 KO) volverá a ponerse los guantes éste sábado, con mucho más para perder que para ganar. Enfrente tendrá a un rival discreto: el campeón OMB Jessie Vargas (27-1, 10 KO).

En un contexto de indiferencia y desinterés el Pacman vuelve de un alejamiento que, desde un principio, no convencía prácticamente a nadie. Su última pelea, en abril de éste año ante Timothy Bradley, había sido promocionada como la de la despedida. Pacquiao largaba el boxeo para meterse de lleno en la campaña para ser senador en su país Filipinas. Se dijo que si Manny ganaba una banca ya no podría desdoblar su tiempo entre el boxeo y la función pública, y que las obligaciones en el Senado exigían plena dedicación y compromiso de su parte, un conflicto que en su cargo anterior como congresista Pacquiao había sabido pilotear.

El 9 de mayo, exactamente un mes después de aquel triunfo ante Bradley (acaso su mejor actuación de los últimos 5 ó 6 años), Emmanuel Dapidran Pacquiao cosechó unos 16 millones de votos y diez días más tarde fue proclamado senador electo. El paso previo a una candidatura para presidente de su país de acá a unos años.


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Con la elección resuelta y la victoria en las urnas, no tardaron en aparecer las primeras especulaciones acerca de una vuelta de “Pacman” al ring. Inmediatamente su entorno se encargó de darle manija a los rumores y alimentar la posibilidad del retorno. No pasó mucho tiempo para que Pacquiao aceptara públicamente que la política tiene que ver con su vocación de servicio pero que el boxeo seguía siendo su gran pasión y que quería acomodar sus tiempos para volver a pelear. Podría decirse que aquello de la última pelea y el “retiro” fue simplemente una jugada para publicitar el combate con Bradley y para ganar también alguna simpatía extra en las urnas.

Se conoce que las finanzas de Manny Pacquiao son un desastre. Muchos de los millones que ganó como uno de los boxeadores más grandes de todos los tiempos los perdió. Reventó mucha plata en sus años de joda y excesos, regaló mucha más a la caridad y los amigos del campeón le comieron la billetera como a nadie. Ni siquiera los 150 millones de dólares que levantó en su combate récord con Floyd Mayweather en mayo de 2015 lo sacaron a flote y ahora vuelve más por necesidad que por demanda popular. Pocos desafíos ameritaban su regreso y un combate con Jessie Vargas definitivamente no figuraba en la lista de peleas soñadas de nadie. Aunque, para ser justos, tampoco es que desentone demasiado con la mediocridad de lo que fue éste 2016, un año marcado por un calendario de peleas muy liviano, presupuestos de tv recortados, combates previsiblemente desiguales como Canelo/Khan o Golovkin/Brook y caprichitos de todo tipo para que las peleas que uno espera sigan pateándose para adelante.


“Normalmente no miro otras peleas pero estaba en mi casa viendo Golovkin/Brook y de repente me sentí solo y triste. Pensé ‘yo sé lo que Brook tendría que estar haciendo para tener una chance.’ Ahí me di cuenta de que no estaba practicando más el deporte que amo. Si sé que todavía tengo la velocidad, la fuerza y la mentalidad, entonces ¿por qué no seguir? Estaba mirando la televisión y peleando ese combate en mi cabeza y eso me enganchó de nuevo. En ese momento supe que ya tenía tomada la decisión de volver.”

—MANNY PACQUIAO


Desde su primera aparición en EE:UU en junio de 2001, Pacquiao hizo 26 combates en suelo norteamericano. 25 de ellos fueron televisados. Ahora, nueve años y muchas consagraciones después de aquella única excepción sin tv, HBO que transmitió 24 de esas 25 peleas le dijo que no al filipino y a su promotora Top Rank de Bob Arum. ¿El motivo? La cadena no quiso saber nada con Pacquiao/Vargas faltando sólo dos semanas para transmitir Kovalev/Ward, una pelea cara y con atractivo e implicancias a futuro. Además, la imágen pública de Pacquiao en Estados Unidos no está en su mejor momento tras la pelea con Mayweather. Tanta espera, tanto agite, tantos millones y el producto final fue una batata que terminó hiriendo la popularidad de los protagonistas, decepcionó a los fanáticos del boxeo y espantó para siempre a los que pagaron y se asomaban por primera vez a ver qué onda.

Meses después en Filipinas, en plena campaña para senador, Manny hizo unos comentarios lamentables sobre los homosexuales comparándolos con animales. HBO tuvo que salir a despegarse de semejante salvajada y Nike le retiró un patrocinio que venía como de diez años. Pese a todo, Arum decidió redoblar la apuesta: va a producir y televisar de manera independiente toda la cartelera del 5 de noviembre. Así las cosas, Top Rank se guarda ese casi 8% de las ganancias que normalmente muerde HBO. Arum elimina al intermediario, sí, pero está por verse cómo le sale la jugada y qué tan buenos números pueda llegar a hacer vendiendo por internet una pelea que llama poco, a 60 dólares el pay per view y sin una cadena de televisión distribuyendo el contenido. Éxitos ahí, Bob.

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Francamente no espero sorpresas de este combate. Cuántas veces lo vimos a Pacquiao en cualquiera antes de una pelea, jugando al básquet, leyendo la biblia hasta las 4 de la mañana con cien chantas alrededor, haciendo campaña electoral, entrenando salteado en Filipinas, pero siempre o casi siempre le queda resto y talento como para hacer una buena actuación e irse ganador. No veo porque ésta vez tendría que ser la excepción. Vargas no es ni un Juan Manuel Marquez ni un Mayweather. Ni siquiera es un Tim Bradley, aunque a éste lo haya tenido casi nocaut el año pasado. Jessie Vargas es un boxeador bastante básico. Con hambre, sí. Y más joven también, casi once años menos que Manny. Pero no creo que le alcance. Él debe creer que sí, que llega bárbaro y que está para dar el batacazo, pero cuando pasen tres o cuatro rounds solito se va a dar cuenta que no. Éste no es un combate para que Vargas gane, en el último de los casos la pelea está ahí para que la pierda Pacquiao y rife prestigio si es que ésta vez, finalmente, tantas distracciones le coparon el cuerpo y la cabeza. No pasó antes y sencillamente no creo que ocurra tampoco éste sábado en el Thomas & Mack Center de Las Vegas.

El pronóstico es Manny Pacquiao ganador por puntos en doce asaltos completos.

e.b.

Boxeo y boqueo

tumblr_nydh56fPEe1qkxd7zo1_1280Con toda la seguridad en alerta máxima por los atentados de Isis en Paris, el ESPRIT Arena de Düsseldorf vuelve a abrirle sus puertas a Wladimir Klitschko (64-3, 53 KO), quien con sólo subir al ring este sábado habrá superado el récord de 27 peleas por el campeonato de peso pesado de Joe Louis. Su rival será el extrovertido Tyson Fury (24-0, 18 KO) y se espera un lleno total de 55 mil espectadores. La pelea está prevista para las 18:45 hora argentina. Transmite sólo Directv, canales 612 y 1612.

Once años y medio sin perder, nueve años y siete meses como campeón y dieciocho defensas exitosas consecutivas, algunos números de Wladimir Klitschko. Medalla de oro en los Juegos Olímpicos del ’96 y todos los cinturones colgados en su casa salvo uno, el del Concejo, el que defendía su hermano Vitali antes de largar el boxeo para ir a ponerle el pecho al Euromaidan y agarrar la alcaldía de Kiev. Entre los dos Klitschko dominaron la categoría máxima ni bien concluyó la era de Lennox Lewis en 2003. Ahora que Vitali ya no está, Wladimir es el rey indiscutido de los pesos completos y, bánquenme en esta, el número 1 del mundo libra por libra tras el retiro de Floyd Mayweather. Por presente, por vigencia, por hegemonía absoluta dentro de su división y también por gusto personal, qué tanto.

CUkXZVfUcAAMnT8A Klitschko se le cuestiona y se le cuestionará siempre el nivel de oposición que ha enfrentado a lo largo de su carrera. La verdad es que Wladimir no esquivó a ningún rival, que quede claro esto, pero ciertamente le tocó reinar en una época floja y sin adversarios de fuste. Si uno repasa la foja de servicio de, supongamos, Evander Holyfield, y la compara con la de WK la del ucraniano queda pálida. Holyfield peleó con Foreman, Holmes, Bowe tres veces, Moorer dos veces, Tyson dos veces, Lewis dos veces, Toney… Klitschko, por su parte, no tiene ni un solo combate contra un retador de esos quilates básicamente porque este tiempo no tuvo apellidos con semejante chapa. Los cuestionamientos son legítimos y nos llevan al terreno de lo contrafáctico. ¿Cómo le hubiera ido al campeón Klitschko contra aquellos apellidos? Queda en la imaginación de cada uno. Larry Holmes llegó a enhebrar veinte defensas consecutivas entre noviembre del ’78 y septiembre del ’85, dos más que las suma Klitschko hasta hoy. Como el ucraniano, Holmes también tuvo un reinado marcado por rivales flojos de papeles, pero su legado envejece bien. Fue el puente de Ali a Tyson y a nadie más o menos sensato se le ocurriría discutir mucho a El Asesino de Easton sin temor a quedar como un boludo. Tal vez Wladimir también genere ese consenso con los años y no antes. El tiempo ordena todo.


“Recién te miraba y sos un tipo viejo. Tenés la cabeza llena de canas, como mi entrenador y como mi manager. No me sorprendería para nada que te hayas puesto botox en la cara.”

                                                                    —Tyson Fury


tysf¿Qué tiene de distinto esta defensa de Klitschko con respecto a las anteriores? Que el campeón ya tiene 39 años y eventualmente uno de estos días le va a tocar perder. Alguno dirá que en su última pelea contra Bryant Jennings en abril WK tuvo un bajón. No fue la mejor noche de Klitschko, concedo, pero tampoco vi señales de deterioro o merma en sus capacidades. Pero algún día alguien le va a ganar y ese acontecimiento, a medida que Klitschko envejece, está cada vez más cerca. Esto es inevitable. La pregunta, claro, es quién y cuándo. Tyson Fury, 27, propone un contrapunto que divierte. El campeón es el tipo respetuoso, educado, que fue a la facultad, siempre impecable, que no hace escándalos, que habla lo justo y necesario. Fury es todo lo contrario, es el gitano bocón que cae a una conferencia de prensa disfrazado de Batman, toma birra, come porquerías y trata de meterse en la cabeza de su rival hablándole sin parar. “No me interesan tus cinturones, lo único que me importa es romperte toda la cara” le dijo en julio Tyson a Wladimir durante un evento de presentación de la pelea y “es una misión muy personal para mí liberar al boxeo de un tipo tan aburrido como vos. Recién me quedé dormido mientras hablabas, tenés menos carisma que mis calzoncillos”. Un loquito con aptitudes. Atención, Fury puede boxear, tiene talento, pero también es un bardo y se autoboicotea. Esta vez parece tener muy en claro que está ante la oportunidad más grande de su vida y, al margen de las payasadas para las cámaras, se habría dedicado a entrenar a pleno con su tío Peter. Un dato: la pelea sufrió una postergación en septiembre por lesión de Klitschko en un gemelo y hubo que patearla para adelante un mes. Habrá que ver si esto es un indicio de un “Doctor Steelhammer” con problemas físicos o si tantas semanas de entrenamiento y manija no terminan jugándole en contra a Fury.

Veo ventaja para Klitschko en prácticamente todos y cada uno de los aspectos a tener en cuenta antes de tirarse un piletazo y querer predecir el resultado de una pelea. El ucraniano sube al ring con un plan y la única manera de sacarlo de ese estado de concentración y disciplina absoluta es lastimándolo. El mentón del campeón es frágil, sí, pero Emanuel Steward (blessed) le enseñó a protegerlo bien. La única ventajita para Fury está en la altura y no lo veo como algo determinante. De hecho, creo que Klitschko rinde mejor contra rivales de su estatura. Y mientras Tyson sobrepiense la pelea buscando un resquicio en esa defensa, WK, con inteligencia, paciencia y experiencia, puede encontrar él primero una rendija y terminar la pelea con su uno-dos marca registrada. ¿Tendrá Fury lo que hay que tener para plantarse ante el campeón y bancar todo lo que jetoneó en la previa? El pronóstico es Wladimir Klitschko por nocaut en ocho asaltos.

e.b.

Clásico de clásicos

CTZDfx_UAAAFn5NMiguel Angel Cotto (40-4, 33 KO) y Saúl “Canelo” Alvarez (45-1-1, 32 KO) escribirán éste sábado a la noche una nueva página en la historia de los enfrentamientos entre boxeadores de Puerto Rico y de Mexico, acaso una de las rivalidades más picantes que pueda ofrecer el boxeo. Transmite Combate Space a partir de la medianoche argentina.

Pocos combates tan esperados como éste. En los papeles se trata de la segunda pelea más importante del año sólo detrás de Mayweather/Pacquiao, aquella que no pudo sobrevivir a cinco años de manija acumulada. Sobran razones, sin embargo, esta vez, para creer que Cotto y Alvarez pueden ofrecer un espectáculo que supere a aquel mega evento de mayo en todo sentido, emoción, drama y guerra.

Con 35 años sobre el lomo, Miguel Cotto vive hoy el mejor momento de su carrera. En 2012 consideró el retiro. Venía de vengar la derrota más dura de su carrera frente a Antonio Margarito para luego perder en peleas consecutivas con Floyd Mayweather y Austin Trout. No le quedaban objetivos en el boxeo y nunca había terminado de superar la muerte de su papá. Entra Freddie Roach. El siete veces Entrenador del Año y Cotto pegan onda inmediatamente y el boricua, un tipo con un ego más grande que la isla de Puerto Rico, le reconoce públicamente todo el mérito de haber revivido su carrera. La sociedad hace su estreno en octubre de 2013 con una pelea livianita contra Delvin Rodríguez. Nocaut tres y buenas señales. Le siguen semanas largas de negociaciones para ablandar a un Sergio Martinez ya ablandado por las lesiones. Cotto, afiladísimo, le dio una paliza a esa sombra de Maravilla en el Madison Square Garden, lo retiró y se quedó con el campeonato de peso mediano para convertirse en el primer boxeador en la historia de su país en conquistar títulos en cuatro divisiones diferentes.

Saúl Alvarez no había hecho todavía su debut profesional cuando Cotto ya había conseguido su primer cinturón en 140 libras. Hay una década de diferencia entre ellos y esos diez años menos le dan al Canelo una ventaja significativa en cuanto a juventud y frescura. Para Cotto, esos diez años de más son experiencia pura y dura, acaso su mayor capital a la hora de subir al ring éste sábado. Judah, Mosley, Margarito dos veces, Mayorga, Pacquiao, Floyd, Maravilla, Cotto peleó con todos esos nenes. Canelo, por su parte, tuvo una carrera más cuidada, protegida si se quiere. El primer riesgo real lo tomó en septiembre de 2013 cuando enfrentó a Mayweather. cottocanelo4El salto de calidad de oposición que estaba por dar Alvarez era enorme pero la oportunidad económica y deportiva, irresistibles. Floyd versus Canelo vendió arriba de 2,2 millones de abonos de PPV y sería (hasta Floyd/Pacquiao éste año) el éxito comercial más grande en la historia de este deporte. Canelo iba a perder la pelea, su invicto y seguramente parte de su orgullo dada la superioridad apabullante de Mayweather que, como se dice en estos casos, lo llevó a la escuela. No hay deshonra en perder contra el mejor, pero la credibilidad de Alvarez había sufrido un duro golpe. ¿Era tan bueno como decían o era puro marketing? Había que reconstruir su carrera, y rápido.

Canelo rebotó bien. Podría haberse venido abajo como tantos otros que compartieron ring con Mayweather (Ortiz, Guerrero, Maidana incluso, que lo peleó dos veces y ya hecho económicamente eligió recluirse con su familia, decisión que acá defendemos a las piñas) pero no fue su caso. Por el contrario, el mexicano salió fortalecido del bache y hasta creció boxísticamente. Alvarez volvería con tres triunfos, ante el Perro Angulo, Erislandy Lara y James Kirkland, de menor a mayor, mostrando una evolución, técnica y física.

Algo tienen en común Cotto y Canelo y es que sus últimos combates no terminan de darnos una real imágen de qué es lo que son. De sus últimas peleas, casi todos sus contrincantes pueden desacreditarse con facilidad.  En el caso de Alvarez, Angulo y Kirkland eran rivales hechos a su medida. No tanto así Lara, un cubano complicado contra quien Canelo tenía poco para ganar y casi todo para perder. Si tomamos las últimas tres peleas de uno y otro, esa del mexicano con Lara sea tal vez la más creíble de las seis, la que más nos diga de uno de los dos protagonistas de la velada del sábado. Cotto, por su parte, lo dicho. Delvin Rodríguez era un rival clase C, Maravilla Martinez peleó en muletas y su oponente más reciente, Daniel Geale, venía de durar tres asaltos contra el monstruo Gennady Golovkin. Por las dudas, y para más garantías, Cotto hizo abuso de su posición dominante y le aplicó al australiano una cláusula para pelear en un catchweight de 157 libras, esto es casi un kilo y medio menos que el límite de la categoría, un peso que Geale no daba desde los inicios de su carrera. Cuando subió a la balanza 24 horas antes de la pelea, Geale tenía los ojos chupados, los párpados pesados, se le traslucía la piel y casi que le habían desaparecido los labios, señales todas de una deshidratación feroz para dar el peso. Lógicamente, Cotto sacó partido de todo esto y puso nocaut a Geale en sólo cuatro rounds.

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La actualidad de Miguel Cotto y de Saúl Alvarez puede examinarse con desconfianza. Canelo creció, sí, pero todavía le falta demostrar quién es en una pelea grande. Consolidarse. A Cotto, en cambio, no le queda nada por probarle a nadie. Es un guerrero, una elección segura para el Salón de la Fama cuando le toque. Pero es válido preguntarse cuánto de éste presente es mérito suyo, de Roach, o de la cuidada elección de sus más recientes contrincantes. Saber elegir rivales y momentos también es parte de este deporte, nos guste o no. Cotto y Canelo, Puerto Rico y Mexico. Promete ser un peleón porque son dos boxeadores que van al frente, que no se guardan nada y porque al chocar deberían darnos esas respuestas que esperamos. El pronóstico es reservado. Hay razones para elegir a uno u otro y todas son considerables.

Tema cinturón del Concejo. Miguel Cotto era, hasta el martes, el campeón mediano de esa entidad. Ocurre que Cotto no se come ni la punta y siente que a esta altura de su carrera está por encima de todo y de todos. Así, en este último tiempo, Cotto no tuvo historia en saltar de HBO a Showtime y de ahí otra vez a HBO. También juró lealtad eterna a Bob Arum, el promotor que le armó toda su carrera, pero en su momento Cotto se cortó solo para las peleas con Mayweather y Trout. Luego volvió a Top Rank para los combates con Rodríguez y con Maravilla y ahora, Cotto volvió a dejar afuera a Arum para irse a Roc Nation. Esto es Miguel Cotto, un boxeador emancipado que toma sus propias decisiones, bien asesorado por su mano derecha Gaby Peñagaricano. Así las cosas, Cotto rechazó en la semana el reclamo del CMB para que pague la cuota de sanción de la pelea más una guita que le “debía” a Golovkin, su rival obligatorio y campeón interino, por hacerse a un lado y permitir esta defensa voluntaria ante Canelo. Trascendidos hablan de una cifra total de 1,1 millón de dólares. Cotto resolvió no pagar y el Concejo le sacó el título faltando cuatro días para el combate. Esto implica que el cinturón quedó vacante y que sólo Canelo podrá obtenerlo en caso de ganar la pelea. Caso contrario, si llegara a ganar Cotto o si hubiera un empate, el título seguirá vacante. Ok, este fue el párrafo dedicado a la burocracia de los organismos, una manga de asaltantes que rifan cinturones para todos lados con tal de facturar. Un ejemplo: hace unas pocas semanas Adrien Broner consiguió su cuarta corona en divisiones diferentes. Eso que a Cotto le tomó diez años de pelear contra todos, Broner lo replicó en apenas cuatro enfrentando a rivales falopa como Vicente Martín Rodríguez, Antonio DeMarco, Paulie Malignaggi y Khabib Allakhverdiev. Como se ve, con estas facilidades cualquiera que gane una pelea es “campeón mundial” y ahí va a estar siempre un sector mamadera del periodismo para hacerles la segunda y legitimar este embrollo. El ganador del sábado debía pelear a continuación con Golovkin que hace rato espera su chance de medirse con un boxeador reconocido para pegar el salto. No creo que Cotto o Canelo tengan en sus planes enfrentar a GGG, y si acaso están pensando más allá del sábado seguramente la idea sea hacer una revancha entre ellos. El noqueador de Kazajistán, por ahora, va a tener que seguir esperando o tomar riesgos y salir a la conquista de las 168 libras.

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Vamos redondeando. ¿Quién gana? ¿Edad o juventud? ¿Experiencia o frescura? Empecemos por el Canelo, favorito en las apuestas. ¿Cuáles son sus fortalezas? Su jueventud y su mayor potencia física, sin dudas. Alvarez es más grandote y tiene los brazos más largos que Cotto. Además, desde el pesaje hasta la pelea seguro que se va a cargar unas 15 libras o incluso más por lo que podría subir al ring como un medio-pesado y habrá que ver cómo maneja Cotto esa desventaja.

Para el Canelo, pienso, la clave pasa por arrancar fuerte. Necesita plantear una pelea física, soltar las manos y meter sus combinaciones pero, atención, regulando aire y esfuerzo. Cotto es un boxeador de élite y para el Canelo será fundamental administrar el físico. Si el mexicano sale a ver qué pasa corre el riesgo de que Cotto ponga piloto automático y vaya acumulando rounds de ventaja en las tarjetas, situación que, en el último tramo y con menos resto físico, al colorado se le haría muy difícil de revertir. Si por el contrario, Alvarez saliera a quemar todos los cartuchos de movida, Cotto podría capear la tormenta inicial y disponer de un Canelo fundido para el resto del combate. Esto nos lleva a contemplar sus debilidades y definitivamente la parte aeróbica es una de ellas. Pasando los dos tercios de pelea Canelo es un boxeador que puede pincharse. Para colmo, esta vez hizo catorce semanas de preparación física, casi el doble de lo que dura por lo general un campamento de entrenamiento. Tengo mis serias dudas de que esto sea algo redituable para el Canelo, veremos. Pero si hablamos de debilidades no se puede pasar por alto que en el duelo de esquinas, el de Mexico corre con desventaja. Eddie y Chepo Reynoso, sus entrenadores, no están a la altura del talento y del potencial del Canelo. Por último, queda ver cómo Alvarez vaya a manejar la presión de tener que ganar o ganar para conseguir la primera victoria distintiva de su carrera.

Pasemos a Cotto. Ya hablamos de sus fuertes: experiencia, aplomo y, por supuesto, Freddie Roach en su rincón. A priori, sus chances pueden parecer más reducidas, pero si el boricua logra confundir al Canelo, un boxeador que suele subir al ring con un solo plan de pelea y sin mayor capacidad de ajustar sobre la marcha, ahí las oportunidades de Miguel crecen. Roach habrá preparado, seguramente, una buena estrategia para su pupilo. Cotto necesita meter la izquierda en gancho arriba y la derecha abajo, y sobre todo encontrar la distancia que le conviene, no pararse delante de Canelo a cambiar golpes porque va a quedar regalado a los ataques al cuerpo y a los ascendentes del mexicano. Cotto precisa boxear con sabiduría, mantenerse enfocado y ser cerebral de punta a punta porque Canelo no es Daniel Geale y si agarra confianza, chau, nos vemos. En cuanto a debilidades, una flaqueza en Cotto puede ser la facilidad con que se corta, inflama y sangra. Es un luchador que ya pasó por mil batallas y está golpeado. Lo que me lleva directamente a las posibles amenazas. ¿Le aguanta el cuerpo a Cotto doce rounds contra un rival más potente y diez años más joven? ¿O veremos otro ejemplo más de el boxeador que envejece de una noche para otra?

Todas estas intrigas son las que hacen de Cotto/Canelo la pelea más importante del segundo semestre de 2015. Un año que hasta ahora está marcado por Mayweather/Pacquiao, su rotundo suceso financiero y a la vez su fracaso como entretenimiento y vehículo para captar y retener nuevos aficionados al boxeo. Un año signado también por el desembarco brutal de Al Haymon y su ciclo Premier Boxing Champions desplegado por media docena de pantallas en Estados Unidos, incluso de televisión abierta. Aunque la oferta de boxeo por tv se haya multiplicado, esto también va en contra de la competitividad y de la calidad de las veladas. Haymon desplumó a De la Hoya, absorbió a otros promotores más chicos y montó un imperio gigante en el que casi todos los boxeadores quedaron bajo su órbita pero, salvo honrosas excepciones, los mejores siguen sin pelear contra los mejores. Veremos si la situación cambia para mejor en 2016 pero mientras tanto, Miguel Angel Cotto y Saúl Canelo Alvarez tienen en sus puños la oportunidad y, porqué no, la obligación también, de brindarse, de trascender y de cerrar este año turbio para el boxeo con una función que quede en la historia.

e.b.

Abandonó

151003-matthysse-vs-postol-slideshow-10Viktor Postol (28-0, 12 KO) pulverizó las ilusiones de Lucas Matthysse (37-4, 34 KO) ganándole por nocaut en el décimo asalto de su combate por el título súper ligero vacante del CMB. Otra vez, el chubutense se quedó corto en una chance mundialista y ahora tendrá que pensar bien su futuro.

No vale la expresión “baldazo de agua fría”. Sí, el triunfo de Postol fue un batacazo total, yo hasta lo tenía a Matthysse por KO en cuatro vueltas o menos. Pero con el correr de los rounds en Carson, California, la idea de que Matthysse pudiera perder fue cobrando forma. El argentino tuvo una presentación absolutamente gris contra un rival disciplinado y que lo había estudiado muy pero muy bien. El ucraniano encaró la pelea con un plan y lo fue desplegando. Le salió bárbaro, pero no hizo nada extraordinario. Lo de Postol fue previsible y por eso es alarmante lo de Matthysse, porque no tuvo ningún tipo de respuesta o ajuste ante un rival de muy modesta jerarquía que hizo “simplemente” lo que se suponía que podía hacer.

La idea no es bajarle el precio a Postol, que no será un crack pero ganó bien, sin atenuantes. Le alcanzó con el jab y las piernas para desactivar a un cuco y ponerlo de rodillas. Mérito suyo y de su mentor, el enorme Freddie Roach, que con su enfermedad a cuestas y todo siempre logra reinventarse. Venía de perder con Pacquiao la pelea más importante de su vida y ahora se levanta con el triunfo de, acaso, uno de los pupilos más sobrios que uno le recuerde.

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Matthysse volvió a dar ventajas. Subió a pelear totalmente desenfocado. No me explico qué puede haberlo sorprendido tanto de Postol como para no haber podido encontrar su ritmo y su distancia en ningún pasaje de la pelea. Vaya uno a saber si Lucas llegó físicamente minado, si la preparación no fue todo lo espectacular que dijeron o si su cabeza estaba en otra parte porque en ningún momento fue su noche, más allá de algún roscazo aislado.


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Top 20 libra por libra — octubre/2015


Hace tiempo que venimos hablando de cómo se rifa Matthysse al rodearse de tanta incompetencia. Su esquina, mediocre, no está a la altura de lo que se supone debe ser el rincón de un aspirante a campeón del mundo. Pero es el equipo de trabajo que eligió y que sigue eligiendo, así que marche preso. Nunca hizo clic Matthysse. Nunca entendió, pero ante todo no lo ayudaron a entender, que así las cosas ya tocó techo y que puede ganar o perder con cualquiera. Que para crecer necesitaba un cambio y que ese cambio sólo podía obtenerlo metiendo mano en su equipo de trabajo. Se encapricharon todos, incluso Matthysse, en querer demostrar lo contrario. Arrancaron una cruzada a pura soberbia y chauvinismo falopa sin tener en cuenta (¿sin tener en cuenta?) que así perjudicaron al boxeador que tenía todo para crecer, desarrollarse, pulirse y triunfar, pero terminó estancado. Acaso haya también por parte de Matthysse una cuota de falta de ambición, es posible. Es su salud la que está en juego cuando pelea, pero la imagen del abandono y su frase “preferí cuidarme el ojo” de ahora en más lo van a acompañar siempre.

Ya se hace repetitivo tener que volver a hablar de esto e insistir con una postura que no tiene cabida dentro del universo Lucas Matthysse. Ya ni siquiera se trata de si entrena en Junín o en Big Bear, ponele. De la discusión de si es mejor allá que acá. No. Se trataba de rodearlo con gente idónea que lo sacara de tanta chatura y pudiera motivarlo y enseñarle algo más. Parece ser un poco tarde ya.

Vaya un reconocimiento, de paso, a esa comitiva de periodistas argentinos que, como hacen siempre, festejan todo para no perder beneficios y llegada. Legitimaron todo este proceso callando y siendo complacientes, algunos por burros, otros por mercenarios.

Pobrecito Lucas Matthysse…

e.b.

Cotto, el ventajero

Miguel Angel Cotto (39-4, 32 KO) expondrá este sábado por la noche el campeonato mundial de peso mediano ante el australiano Daniel Geale (31-3, 16 KO), en el Barclays Center de Brooklyn, Nueva York. Transmite Combate Space desde las 23 hora argentina.

Miguel Cotto dejó de ser un boxeador para convertirse, antes que nada, en un tipo de negocios. Como Floyd Mayweather acaso. Y ya que planteamos la semejanza, parecería que la transición trae implícita la condición de convertirse en un personaje petulante y rastrero. En este último tiempo Cotto dio de baja cualquier rasgo de humildad y decencia deportiva hasta cargarse de una arrogancia que lo acompaña en cada uno de sus gestos y de sus declaraciones.

Julio de 2013. Cotto venía de perder dos peleas seguidas (Mayweather, Trout) y se había quedado sin objetivos y pensando en el retiro. Entra Freddie Roach. Después de probar en su esquina con Manny Steward y con Pedro Diaz, Cotto fue a buscar al siete veces Entrenador del Año para que lo guiara en la preparación de las que serían -dijo- las últimas peleas de su carrera. Hasta acá el tándem funcionó bárbaro. Dos de dos con sendos nocauts y la conquista de un cuarto título en divisiones diferentes, algo inédito para el boxeo de Puerto Rico. Se podrá decir que Delvin Rodriguez y Sergio Martinez todo roto no fueron de gran exigencia para el boricua, pero por más cierto que eso sea, no se les puede sacar mérito a Cotto o a Roach. Saber elegir rivales y momentos también es parte de este deporte, nos guste o no.

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No obstante esa concesión, Cotto hoy hace abuso de su posición de campeón y boxeador convocante. Esquiva a rivales absolutamente legítimos y rentables como son Saúl Alvarez y Gennady Golovkin valiéndose de excusas muy berretas. De GGG, el mejor mediano del planeta hoy, Cotto dijo que nunca peleó por sistema pay-per-view y que no genera mucha plata como para querer pelear con él, que primero vaya y gane algunas peleas importantes y después se verá. Insólito. Toda una sarasa que se cae a pedazos al momento en que Cotto elige como rival a Daniel Geale, a quien Golovkin -justamente- noqueó en apenas tres asaltos hace menos de un año.

Por si todo esto fuera poco, Cotto puso como condición que Geale, quien pelea en las 160 libras desde mayo de 2007, se presentara a la ceremonia de pesaje con un peso máximo de 157 libras, esto es casi un kilo y medio por debajo del límite de la categoría. Nadie lo reconoció pero debía haber seguramente una cláusula en el contrato que fijase una multa fuerte por pasarse del peso “pactado”. Por las dudas, Cotto metió más presión y se encargó de dejar bien en claro que si el australiano llegara a pasarse de esas 157 él no se presentaría y suspendería la pelea. Por su parte, el Consejo Mundial de Boxeo se despegó con un tibio comunicado diciendo que la entidad no tiene margen de maniobra cuando existe este tipo de contrato interno entre los boxeadores.

Así las cosas Geale, sin mucha alternativa ni respaldo, aceptó que le impusieran las reglas del juego y el viernes se subió a la balanza pesando las 157 libras, deshidratado y notoriamente demacrado. Cotto en cambio lució un físico algo fofo diría aunque pesó 153.6 libras. De esto se desprende que aún podría pelear en súper welter, si quisiera, en vez de sentarse encima del campeonato mediano. Los catchweights o combates en peso pactado deberían ser un recurso para facilitar una pelea entre boxeadores que vienen de distintas divisiones, como cuando uno se estanca en una negociación y dice “ok, partamos diferencias” y ambos resignan algo. Cotto hoy es el campeón mediano y Geale un peso mediano con experiencia y trayectoria. Acá, el peso pactado no tiene otro sentido que el que buscó el Team Cotto desde el vamos: minimizar riesgos y deteriorar el físico de su adversario. Lo que se dice un ventajero.

Algunas consideraciones. Miguel Cotto viene de estar un año inactivo y pudo entrenar con Roach sólo un mes, una vez que Freddie terminó con la preparación de Manny Pacquiao para la pelea con Mayweather. No espero ver a un Cotto particularmente afilado esta vez. Más allá de ese antecedente fresco de Geale, noqueado por Golovkin, creo que el australiano podría haberle dado bastante trabajo a Cotto en igualdad de condiciones. El proceso hasta perder esas tres libras extras seguramente habrá sido tortuoso para Geale y será determinante en su rendimiento la noche del sábado. De tanto querer garantizarse un triunfo antes de subir a pelear, Cotto al final va a ver que ganarle a un rival así, totalmente condicionado, no da prestigio.

Sospecho que lo mejor que podemos llegar a sacar de esta pelea es una confirmación verbal de parte de Cotto de que antes de fin de año peleará contra el Canelo Alvarez. Aunque teniendo en cuenta este perfil de tipo presumido que maduró el boricua en el último tiempo, muy probablemente no consigamos ni siquiera eso.

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Más temprano este sábado el bonaerense Jesús Cuellar (26-1, 20 KO) defenderá su título pluma de la AMB ante el experimentadísimo armenio Vic Darchinyan (40-7, 29 KO) en el StubHub Center de Carson, California. Televisa TyC Sports a partir de las 16h.

Muchas veces señalamos como ejemplo a seguir para los boxeadores argentinos a Marcos Maidana. El “Chino” logró rodearse de alguna gente valiosa, irse a entrenar a un gimnasio prestigioso en EEUU, adaptarse, trabajar y ser responsable. Tanto sacrificio dio sus frutos. Un triunfo espectacular sobre Adrien Broner y dos peleas multimillonarias con Floyd Mayweather. Hoy Maidana está descansando. Quizás demasiado. Incluso, tal vez, ya se haya dormido en los laureles, pero quién podría decirle algo. ¿Con qué se vuelve a motivar a un boxeador que ya tuvo un par de peleas contra el mejor boxeador de los últimos tiempos?

Vuelvo. Hay un muchacho en Oxnard, California, que entrena siguiendo los pasos de Maidana aunque haciendo su propio camino. Ese es Jesús Cuellar, un boxeador al que todavía le falta trabajo, sí; disciplina arriba del ring, también. Pero está en el lugar correcto y con el entrenador indicado como para seguir formándose. No podría decir que Cuellar es hoy el mejor boxeador argentino, pero sí que es el más confiable de todos, el que mejor cuidado está, al que mejor le van llevando la carrera.

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La división de los plumas está cargadísima: Walters, Lomachenko, Russell, Mares, Santa Cruz y alguno más, todos buenos boxeadores. No todos son rivales posibles para Cuellar por esas cuestiones internas del boxeo. Si Walters y Lomachenko son de Bob Arum, se hace medio difícil pensar que vayan a pelear contra Cuellar que es parte del establo de Al Haymon. Hay una pica ahí que sólo justifica una tregua cuando hay 500 millones dando vueltas alrededor de Mayweather/Pacquiao. No importa, hay muchos combates posibles y muy buenos para Cuellar ahí afuera. Darchinyan es uno de ellos. Peleó con Nonito Donaire dos veces, con Mijares, Travieso Arce, Mares, Chemito Moreno y Walters. Ya está medio de vuelta, pero es duro y tiene muchísimo oficio. Así como Cuellar le puso el sello en el trámite de jubilación a Juanma López el año pasado, Darchinyan ofrece lo mismo: un apellido de fuste para seguir sumando reputación y experiencia.

Queda la discusión de si su título del mundo es valioso o no. Respeto los logros de Cuellar y no dejo de ponderar su vocación de trabajo, pero la AMB reparte cinturones como si fueran sanguchitos de miga en un pelotero y reconoce a tres campeones en las 126 libras. Poco serio. Títulos al margen, Cuellar tiene mucho futuro por delante y una muy buena oportunidad frente a Darchinyan para lucirse y seguir creciendo.

e.b.

Epílogo

Es frustrante que luego de cinco años de ansiedad acumulada en torno a una pelea entre Floyd Mayweather y Manny Pacquiao, el debate hoy pase por la lesión del filipino en un hombro y cómo manejaron la situación su equipo y la Comisión Atlética del Estado de Nevada. Esto es todo lo que quedó de una pelea que no sobrevivió a las expectativas.

Ocho días antes del 2 de mayo puse un tuit en el que decía que me preocupaba la condición física de Pacquiao y que no lo veía al 100%. Llámenlo un pálpito. No tenía ningún dato concreto de que Manny estuviera en efecto lesionado, pero sí me pareció detectar algunas señales llamativas. Calambres en las piernas, que corriera en pista plana para no sobrecargar los gemelos, días de entrenamiento suspendidos, Freddie Roach boqueando muchísimo, un entrenamiento abierto para la prensa en el cual Pacquiao sólo hizo 5 minutos de sombra. Y luego todas las distracciones. Un Pacquiao absorbido por los compromisos promocionales y publicitarios que no paraba de dar notas, filmar comerciales y sacarse fotos con cada famoso que se acercaba a visitarlo. Mientras tanto Mayweather iba de su casa al gimnasio y del gimasio a su casa, sorprendentemente callado. Pura disciplina ante el desafío, a priori, más difícil de su carrera.


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De acuerdo a las declaraciones de Roach, Bob Arum y Michael Koncz, más un comunicado oficial que emitió Top Rank se puede reconstruir que Manny Pacquiao sufrió un desgarro en su hombro derecho, entre 20 y 30 días antes de la pelea (dependiendo de la versión) durante una sesión de sparring en Los Angeles. Que Pac Man fue llevado a una clínica a realizarse estudios y que los médicos le recomendaron un reposo breve, tratamiento con antiinflamatorios y seguimiento de la lesión. El equipo de Pacquiao contactó a USADA, la agencia encargada de llevar adelante todo el proceso de control antidoping previo al combate, para que aprobaran los medicamentos prescriptos. USADA autorizó su uso, Pacquiao retomó los entrenamientos y su hombro mejoraría con el correr de los días. Roach, sin embargo, habría aconsejado pedir la postergación de la pelea pero, según dijo, fue el propio Pacquiao quien insistió en seguir adelante con la preparación.

Veinticuatro horas antes de la pelea, la Comisión Atlética de Nevada les presentó a cada boxeador un formulario de rutina con preguntas básicas acerca de su condición física. Allí, Koncz enumeró los medicamentos que Pacquiao había tomado durante el último mes previo a la pelea, pero ante la requisitoria de si el boxeador filipino había sufrido alguna lesión en sus hombros, codos o manos, Koncz indicó que no. Una secuencia que recuerda a cuando a Lisa le sacan el título de Pequeña Señorita Springfield por culpa de Homero que escribió “bueno” en un espacio del formulario de inscripción que había que dejar en blanco. Inevitable referencia, ustedes disculpen.

Estaba previsto que a Pacquiao le infiltraran el hombro dos horas antes de la pelea, en su vestuario del MGM Grand Garden Arena. Sin embargo, representantes de la Comisión Atlética no dieron permiso para que le aplicaran la inyección basándose en el formulario presentado el día anterior según el cual, recordemos, Pacquiao no tenía ni había tenido ninguna lesión. Una torpeza de Koncz y, tal vez, un exceso de rigurosidad por parte de la Comisión y su director Francisco Aguilar siendo que USADA estaba al tanto del tratamiento de Pacquiao y de la medicación que estaba recibiendo. En un evento tan importante, tal vez un poco de flexibilidad por parte de Aguilar le hubiera hecho un favor al espectáculo. De todas formas, marche preso. La responsabilidad no era de Aguilar para ponerle onda sino de Koncz, que como asesor de Pacquiao hizo mal su trabajo y perjudicó directamente al boxeador que no pudo recibir la inyección en el hombro antes de subir a pelear. Volviendo a Roach, comentó que durante la entrada en calor, mientras hacían manoplas, sintió que todo estaba bien y que la derecha de Manny funcionaba perfecto. Al final, no duró. Después del sexto asalto Pacquiao le admitió a su entrenador que no podía usar su brazo derecho. Roach le preguntó si quería que parara la pelea y el filipino le dijo que no, que aún disminuído no sentía que Mayweather pudiera lastimarlo y que quería seguir hasta el final.

En un principio esto no se supo hasta bien tarde en la madrugada, minutos antes de que comenzara la conferencia de prensa posterior a la pelea. Ahí empezó a circular el rumor de que Manny había subido al ring lesionado. Visiblemente afectado, Pacquiao contestó a medias y en su inglés básico las preguntas de los periodistas. Luego, entre Roach y Arum blanquearon lo que había pasado. Koncz, a un costado, guardó silencio durante toda la conferencia.

Floyd Mayweather Jr., Manny Pacquiao

Ahora la Comisión advierte que podría multar a Pacquiao reteniéndole parte de la bolsa o incluso suspender al boxeador por no haber declarado la lesión. Además, ya entraron en los tribunales de Las Vegas varias demandas de particulares supuestamente damnificados por la condición física de Pacquiao, desde apostadores hasta aquellos que pagaron casi 100 dólares por ver la pelea en sus casas. No sé cuánto sustento pueda llegar a tener esto, imagino que no mucho. De ser así, el boxeo dejaría de ser sustentable. ¿Por qué no meterle también una denuncia a Sergio Martinez, si en la previa a su pelea con Miguel Cotto se cansó de decir por todos lados que estaba físicamente “once puntos” y al final su rodilla terminó aguantando, a lo sumo, un minuto y medio? ¿O a Chavez Junior, por haber ocultado antes de su combate con el mismo Maravilla que se había fumado un porro? Casos así hay a roletes, en el boxeo como en cualquier otro deporte. De todas maneras, los abogados de Top Rank ya deben estar elongando para salir a la cancha.

Todo lo que podía salir mal en el equipo de Pacquiao, salió mal. Roach muy enfermo, con dolores y delegando tareas. Su preparador físico Justin Fortune peleando contra un cáncer. Tener a Koncz como mano derecha, un tipo que no sabe marcar una cruz en un formulario y de quien nadie tiene nada bueno para decir. Arum que tiene cincuenta años como promotor y no le pudo torcer el brazo a Aguilar que lleva apenas 18 meses en la NSAC. Las lesiones en los boxeadores ocurren todo el tiempo. Son atletas de alto rendimiento que entrenan ocho, nueve, diez semanas a pleno y rara vez pueden llegar a la noche de la pelea con su cuerpo intacto, sin dolores, molestias o lesiones. A Pacquiao le tocó lesionarse justo antes del combate más importante de toda su carrera, eso no podía evitarse; toda la incompetencia, el desmanejo y las excusas que rodearon a este episodio patético, sí.

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Finalmente, Pacquiao fue intervenido en su hombro derecho este miércoles 6 en Los Angeles. La artroscopía fue un éxito, según informaron, y Manny necesitaría de 4 a 6 meses de rehabilitación y entre nueve meses y un año para volver a pelear.

Al final, pasó lo que tenía que pasar. Después de cinco años de idas y vueltas, hicieron todo a las apuradas, básicamente por un capricho de Mayweather que no quería renunciar a la tradición de pelear en Cinco de Mayo. Como dije en la previa, todo esto fue un gran quilombo y es prácticamente un milagro que la pelea haya llegado viva al sábado. Desacuerdos hasta el final entre Top Rank y Mayweather Promotions por las entradas, entre HBO y Showtime, entre el Team Pacquiao y la Comisión de Nevada. Egos de todos lados que pusieron en riesgo el evento deportivo más taquillero de todos los tiempos.

Mayweather dijo “una pelea más en septiembre y basta, me retiro”. Argumentó falta de pasión por el boxeo. También admitió que es humano y que podría arrepentirse. Y dos días más tarde le habría mandado un mensaje a un conductor de ESPN diciendo que no tenía problemas en darle la revancha en 2016 a Pacquiao recuperado. Honestamente, ¿cuánto mejor podría hacerlo Manny operado y con un año de inactividad encima? Mejor ni engancharse con esa idea.

La pelea no sólo no colmó las expectativas sino que hoy, más frío, me animo a decir que fue un fracaso. No en lo económico, claro está, eso es aparte. Megapeleas así se dan una vez cada diez o quince años. Todo el periodismo aparece para cubrir el acontecimiento y la gente vuelve a hablar de boxeo en el ascensor, en el bar o en las oficinas junto al bidón de agua, como les gusta decir a los americanos. Es la oportunidad que tiene muy cada tanto este deporte de captar la atención de un nuevo público, más masivo; de recuperar tradición y respeto. Nada de esto pasó porque la pelea no fue lo suficientemente buena como para que el que invitó a su casa a 3 ó 4 amigos para tomar unas cervezas y ver la pelea, vuelva a hacerlo el sábado que viene para mirar Canelo/Kirkland. O el otro fin de semana, para Golovkin/Monroe. En eso falló Mayweather/Pacquiao, en dejar enganchado al espectador casual para la próxima. Y por supuesto, también, en crear una sensación de perdurabilidad. Esta pelea va a envejecer mal. Tenía todo para ser Ali/Frazier y terminó siendo De La Hoya/Trinidad. Lástima.

e.b.

Habilidad sobre voluntad

Floyd Mayweather (48-0, 26 KO) siempre encuentra la manera de ganar. Le sacó una ventaja mental y física a Manny Pacquiao (57-6-2, 38 KO) y se quedó por puntos y en fallo unánime con la pelea que, para bien o mal, definirá el legado de uno y otro en este deporte.

Mayweather es un tiempista. Dentro del ring entiende como nadie cuándo debe pegar, cuándo cubrirse, cuándo recostarse contra las sogas, cuándo regular y cuándo apretar el acelerador. Fuera del cuadrilatero, conoce a la perfección cuándo es el momento ideal para pelear con cada uno de sus rivales. Manny Pacquiao fue por más de cinco años el único en situación de discutirle su liderazgo. Durante ese tiempo Mayweather supo mirar para otro lado cada vez que alguien le reclamaba porqué no aceptaba una pelea con el filipino. Con Al Haymon, su asesor en las sombras, esperaron el momento ideal en que el combate generara más dinero que nunca y, a la vez, tuviera en frente al Pac Man más venido a menos de toda su carrera. Si la pensás dos segundos, mejor no le podría haber salido.

Todavía no hay números oficiales de cuántas casas en Estados Unidos decidieron pagar 99.95 dólares para ver pelear a Mayweather con Pacquiao, pero seguramente fue un éxito comercial que superará cualquier expectativa. Un indicio: la pelea arrancó 45 minutos más tarde de lo previsto debido a la saturación del sistema para procesar los pedidos de pay-per-view. En nuestro país, la transmisión de TV Pública llegó a 31.6 puntos de rating un sábado a la madrugada y sin que peleara un argentino. Seguro, el boxeo está muerto, cómo no.

En la previa escribí que lo veía mejor a Floyd y que llegaba con una leve ventaja. Más enchufado. Más fresco, física y mentalmente, más allá de la diferencia de edad en su contra. Francamente, hubiera querido equivocarme. De los dos, Manny Pacquiao es, por lejos, mi boxeador favorito. Pero no podía dejar de lado las llamativas señales que veía de su campamento de entrenamiento en Los Angeles. Los calambres en las piernas, los días de descanso, su entrenador Freddie Roach hablando de querer cerrar con llave el gimnasio y sin embargo cada vez más gente, y más famosos pasando a saludar y a sacarse una foto. Y más entrevistas y más comerciales con la cara de Manny, más el basket allá en Filipinas, y su banca en el congreso, y su compromiso con Dios y con la Biblia. Demasiadas distracciones de cara a la que debía ser la pelea más importante de su vida.

Los primeros tres asaltos de Floyd Mayweather fueron brillantes. Si hubo un momento claro de dominio de parte de alguno de los dos a lo largo de la pelea fue ese. Floyd puso su pie izquierdo bien adelante y sacó partido de sus brazos más largos para prohibirle a Pacquiao achicar distancias. Arrancó totalmente descolocado Manny y no pudo ajustar hasta el round 4. Ahí Mayweather empezó a meterse en cuerdas y Pacquiao cuando pudo encontrarlo lo lastimó. Desde ese momento se abrió otra pelea y se fueron repartiendo los asaltos. Pacquiao volvió a conmover a Floyd en el sexto episodio pero, a pesar de haber emparejado el trámite, se notaba que a Manny le faltaba un plus como para quebrar a Mayweather. Se lo veía un poco duro y le faltó aquel quiebre de cintura capaz de desconcertar a quien tuviera enfrente. Los dos estuvieron lejos de su mejor versión. Pacquiao tiró menos que nunca y falló más de la cuenta. Mayweather abusó del modo supervivencia. Cauto, pedaleó mucho para atrás y eligió cada uno de sus golpes tratando, como siempre, de no regalar nada.

Concedo que los dos están en un declive. Anoche sí vi a un Mayweather disminuído, aunque todavía capaz de paliar cualquier merma física con su inteligencia superior arriba del ring. Pacquiao claramente ha perdido uno o dos escalones. Justo ahora que parecía haber recuperado un poco de ese fuego y esa alegría de antes, su condición física lo abandonó. Las estadísticas de Compubox resultan elocuentes. En sus doce combates previos a éste, el filipino promedió 786 golpes tirados por pelea. Anoche ese número bajó, drásticamente, a 429, esto es 357 golpes por debajo de su media. En la conferencia de prensa posterior al combate, su promotor Bob Arum reveló que Manny venía arrastrando un desgarro en su hombro derecho y que la Comisión Atlética de Nevada no dejó que le aplicaran una inyección de lidocaína antes de la pelea para calmar el dolor. Este tipo de excusas no suelen caer bien entre los fanáticos. Hay que ponerle dignidad tanto a la victoria como a la derrota.

La bautizaron “La Pelea del Siglo” y aunque no fue mala, no estuvo a la altura de el uno y el dos del mundo. Quedó lejos en cuanto a calidad y emotividad de combates históricos como Ali/Frazier o aquellas de los ’80 con Leonard, Hagler, Hearns y Durán. Terminó siendo, según mi apreciación, una pelea bastante más pareja de lo que reflejaron las tarjetas de los jurados. Un fallo unánime con dos jueces que fallaron 116-112 y un zarpado que dio 118-110. Yo por televisión vi un empate, seis asaltos para cada uno, pero acepto que de haber un ganador ese debía ser Mayweather. No tendría problemas con una tarjeta de 7 rounds a 5. Pero 8 a 4 y ni hablar 10 a 2 me parecieron demasiado amplias, exageradas. [Storify: #MayPac round por round]

La tarjeta de ROUND CERO

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 TOTAL
Mayweather 10 10 10 9 10 9 10 9 9 9 10 9 114
Pacquiao 9 9 9 10 9 10 9 10 10 10 9 10 114

Para Floyd queda una pelea más en septiembre y basta, dijo. Lleva un tiempo avisando que perdió la pasión por el boxeo. También dijo que en los próximos días va a dejar vacantes todos sus cinturones para darles la chance a los que vienen detrás de pelear por un título. “Money” es el villano perfecto porque se nutre del odio que despierta entre los fanáticos, como un luchador de la WWE. En él conviven un boxeador extraordinario y un personaje despreciable.

Mayweather estará viviendo su hora más dulce, disfrutando el triunfo que definirá su legado. Pacquiao ya debe estar haciendo eso que lo hace más feliz, ir al templo a rezar con su esposa y sus hijos. Es el final de esta historia dominada por la habilidad de Floyd Mayweather para imponer sus condiciones, sus tiempos y su talento por sobre la voluntad de Manny Pacquiao y los otros 45 boxeadores que antes intentaron lo imposible: ganarle a quien, nos guste o no, debe ser reconocido como el mejor de esta época.

e.b.

Mayweather/Pacquiao: se para el mundo

CAzA2lnWwAAwCHpDespués de más de cinco años de idas y vueltas, finalmente, Floyd Mayweather (47-0, 26 KO) y Manny Pacquiao (57-5-2, 38 KO) se subirán a un ring para definir quién de los dos es el boxeador más grande de esta época. Transmite TV Pública para todo el país desde las 22h.

Esta historia arranca en el año 2009, con Manny Pacquiao en el momento más alto de su carrera después de noquear a Oscar De La Hoya, Ricky Hatton y Miguel Cotto en sólo once meses. Mayweather, aburrido, se había retirado del boxeo, pero al volver y ganarle de punta a punta a Juan Manuel Marquez, una pelea con Pacquiao parecía lógica e inevitable. Acá es cuando lo que debería haber sido fácil se complica y arranca todo el puterío, las negociaciones caídas, las acusaciones cruzadas y los abogados.

Se conoce que en 2010 estaba todo encaminado como para que la pelea se concretara, pero a último momento, Mayweather comenzó con las extravagancias y pidió que los controles antidoping incluyeran extracciones de sangre hasta 24 horas antes del combate. El bando filipino rechazó las exigencias de Floyd con algo de razón. Pacquiao nunca había dado positivo en un control y los reclamos de Mayweather parecían apuntar más a ensuciar al Pac Man y boicotear la pelea que a darle transparencia. El descargo de la gente de Pacquiao fue que Manny no tenía problemas en dar muestras de orina en cualquier momento y de sangre hasta un mes antes del combate e inmediatamente después del mismo, pero no un día antes de pelear porque, sentía, sacarse sangre lo dejaba débil. Una respuesta cuanto menos torpe. Mayweather, al final, se salió con la suya. La pelea se cayó y la imagen de Pacquiao quedó tocada. La siguieron en tribunales.

Dos años después, en 2012, Mayweather hizo otra para la tribuna. Llamó por teléfono al filipino directamente para ofrecerle pelear con él por una bolsa fija de 40 millones de dólares. Bajo estos nuevos términos, a Pacquiao no le tocaba ni un centavo de lo que el combate generara por venta de PPV, cifra que éste sábado podría superar los 300 millones. “Le ofrecí más dinero del que nunca había ganado en toda su carrera” comentó Mayweather, pero su propuesta era claramente una tocada de culo. Pacquiao la desestimó aclarando que no subiría al ring por menos del 45% y que, por las dudas, ya no tenía ningún drama con sacarse sangre incluso el día anterior a la pelea.

Más tarde ese año, Mayweather fue sentenciado a tres meses de prisión por golpear y amenazar de muerte a su ex, Josie Harris, delante de los tres hijos que tuvieron juntos. Insólitamente, la Justicia del Estado de Nevada le concedió una prórroga especial en la fecha de entrada a la cárcel para que Floyd pudiera enfrentar a Miguel Cotto. Tal es la relevancia de Mayweather para la economía de Las Vegas. Una vez adentro sólo cumpliría dos tercios de la condena, beneficiado por buena conducta. Para Pacquiao, 2012 también fue un mal año. En junio le robaron un triunfo clarísimo sobre Timothy Bradley y en diciembre Manny sufriría la derrota más dura de su carrera, descuido y nocaut a manos de Juan Manuel Marquez, su rival eterno.

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Si hasta ahí un combate entre Mayweather y Pacquiao había sido imposible de realizar, las cosas se complicaron todavía más en 2013, cuando Floyd anunció que abandonaba la pantalla de HBO después de quince años para cruzar de vereda y firmar exclusividad con Showtime, que le garantizaba más de 200 millones de dólares por la transmisión de sus próximas seis peleas. Despechados, en HBO reaccionaron anunciando que no volverían a trabajar con ningún peleador de Golden Boy o que fuera representado por Al Haymon, el consejero en las sombras de Floyd Mayweather. El boxeo quedaba así partido en dos, rehén de una guerra entre canales de televisión y promotores que bloqueaba no sólo la posibilidad de ver Mayweather/Pacquiao, sino también cualquier otra pelea entre un boxeador de Bob Arum (Top Rank, cercana a HBO) y uno de Oscar De La Hoya (Golden Boy, afiliada a Showtime). Floyd les ganaba en mayo a Robert Guerrero y en septiembre a Canelo Alvarez. El filipino volvería recién en noviembre, con una victoria indiscutible sobre Brandon Rios, un rival a medida.

2014 es el año clave porque Mayweather y Pacquiao empiezan a vender cada vez menos y se quedan sin alternativas. Floyd, sin rivales competitivos, le da una revancha innecesaria a Maidana y Pacquiao, después de vengar aquella derrota ante Bradley, se fue a China para tirar seis veces a un Chris Algieri desconocido para el público en general. A Showtime los números ya no le cierran. Hicieron una inversión impresionante en Mayweather que en un principio les sirvió para posicionarse como competencia sólida de HBO pero ahora están yendo a pérdida con el deportista mejor pago del mundo.

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Entra Les Moonves, presidente de CBS, empresa madre de Showtime. Un mozo del lugar en el que Moonves suele cenar en Los Angeles le cuenta al empresario que su hijo practica boxeo en el gimnasio del entrenador de Manny Pacquiao, Freddie Roach, y que él podría gestionarle una reunión con Roach para ver si una pelea del filipino con Mayweather todavía es viable. Moonves accede. Se junta con Roach primero, luego con Arum, después sienta a Arum con Haymon que se odian pero no son boludos y así, despacito, la pelea va tomando forma. Faltaba la tele. Pacquiao es de HBO y Mayweather de Showtime, por lo que las dos compañías deberían volver a trabajar de manera conjunta en la transmisión, algo que sólo habían hecho una vez para Lewis/Tyson, en 2002. También faltaba el ok de Mayweather, que esta vez no volteara las negociaciones haciendo alguna de las suyas.

2522F59A00000578-2929269-The_pair_pictured_together_for_the_first_time_spoke_and_swapped_-m-3_1422444809738Floyd se quedó en el molde mientras la televisión cerraba detalles. Para ese entonces, del lado de Pacquiao ya habían aceptado la parte más chica de un reparto 60/40, la fecha de la pelea, el lugar, los controles anti doping, todo. Esto terminó de encaminarse el 27 de enero de este año. Pacquiao estaba en Miami participando como jurado del concurso de Miss Universo y cuando quiso tomarse el avión de vuelta a Filipinas todos los vuelos habían sido cancelados por una tormenta. Teniendo que quedarse una noche más, eligió matar tiempo yendo a ver Bucks vs. Heat, un partido de la NBA al que también había ido Floyd Mayweather. Algunos dicen que fue pura casualidad, otros sostienen que estuvo todo armado. No importa. Las cámaras los enfocaron, ellos se vieron, se saludaron, cruzaron dos palabras, agendaron teléfonos y se despidieron para seguirla un rato más tarde en privado. Reunión cumbre, mano a mano en el hotel donde paraba Pacquiao. Tres semanas después, el 20 de febrero, Mayweather le sacaba una foto al contrato firmado y la colgaba en las redes sociales, poniéndole fin a las especulaciones y oficializando la pelea que tomó cinco años en hacerse realidad.

Para que esto funcionara todos iban a tener que tragarse un sapo. Arum no se lleva con Haymon, ni con Mayweather, ni con el uno del MGM. Showtime y HBO son archirrivales. Floyd no se banca a Arum, su ex promotor. Mayweather padre y Freddie Roach se picantean cada vez que pueden. HBO tampoco quería saber más nada con Haymon ni con Floyd y acá estamos. Showtime resiente a Arum de la vez que llevaron a Pacquiao para pelear con Mosley y Top Rank se lo llevó enseguida de vuelta a HBO. Esto es un gran quilombo y como tal créanme que es un milagro que se haya concretado y siga en pie. Faltando nueve días para la pelea no había entradas. No, no es que no quedaran, no había, no existían porque no podían ponerse de acuerdo en cómo se las iban a repartir. Todos problemas. Al final, apenas 500 localidades salieron a la venta para el público. Lógicamente, volaron en menos de dos minutos y la reventa es un descontrol. Consultado sobre si anticiparía una revancha, Arum sentenció que si dependiera sólo de él “no volvería a pasar por todo esto nunca más ni en un millón de años. Es la peor pesadilla que haya vivido en todos mis años como promotor de boxeo.”

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Están los que dicen que este combate llega tarde, que ya no interesa tanto como hace cinco años. Verso. Es la pelea más importante de los últimos, diría, 25 o 30 años. De Hagler/Leonard para acá, ninguna otra se le compara. Nada garantiza que de haberse enfrentado allá por 2010 hubieran dado una pelea mejor que ahora. En todo caso podrá lamentarse que tanto tironeo nos haya privado de lo que, con tiempo, podría haber sido una trilogía de peleas históricas como fueron Leonard/Durán o Ali/Frazier, pero ya está. ¿Y quién dice que en mayo de 2015 Mayweather y Pacquiao no puedan dar una buena pelea? Floyd perdió un poquito de agilidad y se recuesta contra las cuerdas con mayor frecuencia. Cubre el mentón con su hombro y desde ahí bloquea, esquiva y elige sus disparos como un francotirador con su rifle desde una ventana. Manny en cambio pelea como si tuviera una ametralladora, tirando ráfagas de 5, 6 o más golpes, aunque sin la precisión quirúrgica de Mayweather. Algunas de sus balas van a seguir de largo y otras van a entrar.


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Mayweather/Pacquiao: The Legends Speak


Sucede que Pacquiao hoy se ha convirtido en una celebridad que boxea. En él conviven el congresista, el jugador de basket, el cantante, el que se mete en una inundación para ayudar a los que menos tienen, el ferviente lector de la biblia y, todavía, el boxeador. Tiene a todo un país detrás. Pero aunque sigue siendo un crack, hace rato que perdió un poco de su esencia arriba del ring. Le mirás la cara la vez que lo afanaron contra Bradley en 2012 y es prácticamente la misma que cuando le ganó dos años después. Como si le diera igual ganar o perder. Está en otra. Ahora, ¿puede ganar? Más vale.

Floyd Mayweather esquivó a este filipino de un metro con sesenta y nueve centímetros durante cinco años por algo más que ego. Le teme. Siente que Pacquiao más que nadie amenaza lo más preciado que tiene: su invicto y ese poder presumir de que es el mejor de todos los tiempos, aunque no lo sea. Habiendo sido a lo largo de toda su carrera tan meticuloso en los tiempos y en la elección de sus rivales, una de las preguntas a responder es si Mayweather va a enfrentar a Pacquiao porque no le quedó otra o porque ya ve a Manny lo suficientemente vulnerable como para arriesgarse a tomar el combate que estuvo evitando durante el último lustro.

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¿Cómo hace Pacquiao para ganarle a Mayweather? Trabajando mucho. Precisa mantenerse activo, ganar rounds, obligar a Floyd a salirse de su libreto y tomar algunos riesgos. El juego de pies del filipino será fundamental. Necesita sus piernas al 100%. Si vuelven los calambres, chau, se acabó. El Pac Man necesita pelear en puntas de pie, estar rápido, amagar mucho y entrar por sorpresa, pegando combinaciones desde la media distancia y salir volando hacia los costados. En otras palabras, Manny necesita una actuación de otra época. Pacquiao no es Maidana, tiene otros argumentos y un estilo que lo hace único. El filipino no puede ni debe hacer una pelea de fricción como la que plantearon el Chino o Cotto contra Mayweather. No porque eso no dé resultados contra Floyd, de hecho creo que esa sigue siendo la mejor estrategia para complicar a Mayweather. Acorralarlo, deslucirlo, ensuciar la pelea y tirarle con todo hasta que a alguno de los dos se le caigan los brazos y no pueda más con su vida. Pero como decía antes, Pacquiao no es ese tipo de boxeador y necesita tomar la iniciativa con otras herramientas, las suyas. Movilidad, velocidad, puntería y variantes para evitar que Floyd lo descifre, haga ajustes y domine, como hace siempre. El tema es si Manny llega con la condición física, la frescura y la mentalidad como para agarrar la manija de la pelea y ganar asaltos, de a uno por vez. También dependerá, en alguna medida, de que en Mayweather se acentúe ese declive sutil que, para algunos, mostró en sus últimos combates. En cambio, si Floyd está con todas las luces encendidas, las chances de Pacquiao se achican.11045399_10155485782935354_7894171660011141437_o

Mayweather parece haberse tomado todo el proceso de preparación para esta pelea muy en serio. Apagó al personaje, al “Money”, se alejó de los escándalos y se puso a trabajar con el rigor y la intensidad de siempre más algunos cambios bastante polémicos. Primero incorporó a su equipo a Alex Ariza, el ex preparador físico de Pacquiao y de Maidana que fue echado de la esquina de estos dos. Ariza en un principio da resultados; luego, si no se lo sabe manejar, se vuelve un bardo incontrolable. Veremos cómo resulta esta vez. Luego sumó a Bob Ware, otro preparador físico al cual le asignó la sensible tarea de vendar sus manos frágiles. Si Ariza es un tipo controvertido, Ware no se queda atrás. En mayo de 2013 J’ Leon Love, un protegido de Floyd, dio positivo en un control antidoping y admitió ante la Comisión Atlética de Nevada haber tomado un diurético para cortar peso, una sustancia prohibida que también suele utilizarse para tapar el uso de esteroides. Indagado al respecto, Love reveló que el diurético se lo había suministrado (adivinen quién) Bob Ware. Para hacerla completa, Angel “Memo” Heredia, preparador físico de Juan Manuel Marquez y confeso consumidor y repartidor de anabólicos a deportistas durante el escándalo BALCO, anduvo por el gimnasio de Mayweather. Heredia dice haber conversado con su colega Ariza a raíz de una inquietud por conseguir mayor potencia en la pegada de Floyd y qué cosas se le ocurrían a “Memo” para mejorar en ese aspecto puntual de la preparación. No aclares que oscurece. Un entorno bastante turbio para alguien que se jacta de querer limpiar el deporte de tramposos.

De no mediar polémicas ni fallos discutidos, ganará el que esté más fresco física y mentalmente. Me inclino a pensar que ese es Floyd Mayweather. Estuvo muy metido durante su campamento de entrenamiento y casi ni abrió la boca a lo largo de toda la preparación. “Nunca en mi vida tuve tantas ganas de ganar una pelea como ésta”, dijo, y uno no puede hacer otra cosa que no sea creerle. Pacquiao, en cambio, anduvo de acá para allá, dando notas, sacándose fotos, filmando comerciales y saludando famosos. Casi que cargó él solo con todo el peso de promocionar la pelea mientras Mayweather se brindaba exclusivamente a entrenar. Tantas distracciones a este nivel pueden pagarse caro y, justamente, en la dedicación y aplicación al trabajo puede estar la clave y la ventaja para Floyd.

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Manny Pacquiao y Floyd Mayweather son el agua y el aceite. Dos figuras antagónicas. Uno, un tipo sencillo que surgió de la miseria más profunda y que encontró en el boxeo la única posibilidad de alimentar a su familia. El otro heredó el oficio, depuró su talento y se convirtió en un personaje tan frívolo como brillante y cerebral arriba del cuadrilátero. Esta historia tiene a un bueno y a un malo, y los dos se sienten cómodos con el papel que les tocó.

Cuenta regresiva para la pelea que definirá el legado de uno y otro. Yo ya estoy imaginándome lo que va a ser. El estadio lleno. Jimmy Lennon Jr y Michael Buffer, los dos juntos presentando a los boxeadores. El pasillo hacia el ring. Kenny Bayless dándoles las últimas indicaciones. Esos segundos de drama antes de que suene por primera vez la campana. Y la esperanza, el deseo, de que Mayweather/Pacquiao sobreviva a esos cinco años de expectativas, que salga un gran espectáculo y que nos quedemos hablando de esta pelea por los siglos de los siglos. Amén.

e.b.

Corran a los chicos del televisor

matthysseprovEste sábado por la noche en Verona, Estado de Nueva York, Lucas Martín Matthysse (36-3, 34 KO) y Ruslan Provodnikov (24-3, 17 KO) subirán al ring para protagonizar la segunda pelea más esperada por los fanáticos del boxeo en 2015. Transmiten TV Pública desde las 21h y Combate Space a partir de las 22:45h.

Seguramente el Turning Stone Casino no tenga el lujo de un MGM Grand, ni la mística reciente del StubHub de Carson, pero al fin y al cabo eso importa poco cuando tenés a dos boxeadores como La Máquina argentina y el Rocky de Siberia que no se guardan nada y van camino a matarse a bombazos. Vienen de protagonizar las últimas dos peleas del año, Matthysse en abril de 2014 cuando noqueó a John Molina en once asaltos y Provodnivov en 2013, una noche en la que le pegó muchísimo a Tim Bradley pero no le alcanzó para ganar en las tarjetas de los jueces.

Al ruso no parece caerle del todo mal el rol de probador. Ciertamente es un peleador durísimo, pero no tiene material para campeón del mundo en las 140-147 libras por más devaluada que esté esa denominación hoy en día. Matthysse, en cambio, tiene talento. Pero a veces con eso no alcanza. Permítanme insistir con que al argentino le falta un plus que podría habérselo dado adquirir el hábito de entrenar en Estados Unidos, con una esquina más profesional, en un gimnasio mejor, con sparrings más exigentes y con la prensa más cerca. Un sacrificio que a Marcos Maidana le redituó reconocimiento y dos peleas millonarias ante Floyd Mayweather. Con 32 años de edad, no parece que Matthysse esté dispuesto a hacer ese cambio de vida ahora. Así, achatado, Lucas puede ganar o perder contra cualquiera. Una victoria ante Provodnikov seguramente implicaría una continuidad de las condiciones de trabajo actuales. Una derrota, en cambio, podría ubicarlo más cerca del retiro que de replantearse estas cosas.


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Top 20 libra por libra — abril/2015


Hace algunos meses Oscar De La Hoya decidió recuperar el control de su compañía Golden Boy Promotions. Afectado por su adicción a las drogas, De La Hoya había dejado todo al comando de su CEO y mano derecha, Richard Schaefer. Durante ese tiempo, Schaefer se acercó demasiado al manager de boxeadores Al Haymon y, con carpa, desmontaron todo el armado de Golden Boy, dejando que se vencieran los contratos de sus boxeadores más importantes y tomándolos Haymon para su establo. De La Hoya volvió, tomó la iniciativa vía abogados y obtuvo la renuncia de Schaefer más una compensación económica grosa por la pérdida de los derechos promocionales de Danny Garcia, Keith Thurman, Amir Khan, Leo Santa Cruz, Marcos Maidana, Adrien Broner, Robert Guerrero, Deontay Wilder y muchísimos otros. Pensando en la reconstrucción, a De La Hoya sólo le quedaron dos caras de las importantes: Canelo Alvarez y Lucas Matthysse. Así de valioso es hoy el chubutense para el futuro de De La Hoya, quien estuvo en Buenos Aires días atrás dando entrevistas pero ante todo haciéndole el aguante a su pollo.

El pronóstico es reservado. Provodnikov es un boxeador brutal, va para adelante con fiereza, pega fuerte y tiene aguante. Peligrosísimo. Ahí sus virtudes. ¿Sus defectos? No tiene defensa, es siempre frontal, tira casi todo arriba y si no encuentra la pelea se frustra y se desinfla. Matthysse tiene las herramientas para ganarle al ruso pero para eso necesita ser inteligente y no tentarse con ir al intercambio de piñas, tratar de boxear un poco más y sacar partido de su técnica, superior a la de Provodnikov. Si está en buena condición física y se mantiene enfocado, Matthysse debería poder sortear este desafío, despejar algunas dudas que quedaron de aquella pelea con Molina y ponerse a soñar con algo más grande. Ya le colgaron el cartelito de “combate del año” antes de que suene la campana, con ocho meses y medio más de boxeo por delante y con Mayweather/Pacquiao acá nomás. Ojalá la pelea sobreviva a semejante expectativa.

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En simultáneo, en la otra punta de los Estados Unidos, en California, Julio Cesar Chavez Junior (48-1-1-1sd, 32 KO) vuelve a trece meses de su última pelea, con nuevo promotor, nuevo canal de televisión, nuevo entrenador y los mismos malos hábitos de siempre. Tendrá enfrente a un rival bravo, el polaco Andrzej Fonfara (26-3, 15 KO) que hace poco menos de un año le dio mucho trabajo al campeón medio pesado Adonis Stevenson. No, Fonfara no es Golovkin, Chavez le rajó a la posibilidad de enfrentar al kazajo por mucha plata el año pasado en un arrugue imperdonable. Sin tele para Argentina, a mirarla de reojo por internet mientras dure Matthysse/Provodnikov.

e.b.