Abandonó

151003-matthysse-vs-postol-slideshow-10Viktor Postol (28-0, 12 KO) pulverizó las ilusiones de Lucas Matthysse (37-4, 34 KO) ganándole por nocaut en el décimo asalto de su combate por el título súper ligero vacante del CMB. Otra vez, el chubutense se quedó corto en una chance mundialista y ahora tendrá que pensar bien su futuro.

No vale la expresión “baldazo de agua fría”. Sí, el triunfo de Postol fue un batacazo total, yo hasta lo tenía a Matthysse por KO en cuatro vueltas o menos. Pero con el correr de los rounds en Carson, California, la idea de que Matthysse pudiera perder fue cobrando forma. El argentino tuvo una presentación absolutamente gris contra un rival disciplinado y que lo había estudiado muy pero muy bien. El ucraniano encaró la pelea con un plan y lo fue desplegando. Le salió bárbaro, pero no hizo nada extraordinario. Lo de Postol fue previsible y por eso es alarmante lo de Matthysse, porque no tuvo ningún tipo de respuesta o ajuste ante un rival de muy modesta jerarquía que hizo “simplemente” lo que se suponía que podía hacer.

La idea no es bajarle el precio a Postol, que no será un crack pero ganó bien, sin atenuantes. Le alcanzó con el jab y las piernas para desactivar a un cuco y ponerlo de rodillas. Mérito suyo y de su mentor, el enorme Freddie Roach, que con su enfermedad a cuestas y todo siempre logra reinventarse. Venía de perder con Pacquiao la pelea más importante de su vida y ahora se levanta con el triunfo de, acaso, uno de los pupilos más sobrios que uno le recuerde.

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Matthysse volvió a dar ventajas. Subió a pelear totalmente desenfocado. No me explico qué puede haberlo sorprendido tanto de Postol como para no haber podido encontrar su ritmo y su distancia en ningún pasaje de la pelea. Vaya uno a saber si Lucas llegó físicamente minado, si la preparación no fue todo lo espectacular que dijeron o si su cabeza estaba en otra parte porque en ningún momento fue su noche, más allá de algún roscazo aislado.


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Hace tiempo que venimos hablando de cómo se rifa Matthysse al rodearse de tanta incompetencia. Su esquina, mediocre, no está a la altura de lo que se supone debe ser el rincón de un aspirante a campeón del mundo. Pero es el equipo de trabajo que eligió y que sigue eligiendo, así que marche preso. Nunca hizo clic Matthysse. Nunca entendió, pero ante todo no lo ayudaron a entender, que así las cosas ya tocó techo y que puede ganar o perder con cualquiera. Que para crecer necesitaba un cambio y que ese cambio sólo podía obtenerlo metiendo mano en su equipo de trabajo. Se encapricharon todos, incluso Matthysse, en querer demostrar lo contrario. Arrancaron una cruzada a pura soberbia y chauvinismo falopa sin tener en cuenta (¿sin tener en cuenta?) que así perjudicaron al boxeador que tenía todo para crecer, desarrollarse, pulirse y triunfar, pero terminó estancado. Acaso haya también por parte de Matthysse una cuota de falta de ambición, es posible. Es su salud la que está en juego cuando pelea, pero la imagen del abandono y su frase “preferí cuidarme el ojo” de ahora en más lo van a acompañar siempre.

Ya se hace repetitivo tener que volver a hablar de esto e insistir con una postura que no tiene cabida dentro del universo Lucas Matthysse. Ya ni siquiera se trata de si entrena en Junín o en Big Bear, ponele. De la discusión de si es mejor allá que acá. No. Se trataba de rodearlo con gente idónea que lo sacara de tanta chatura y pudiera motivarlo y enseñarle algo más. Parece ser un poco tarde ya.

Vaya un reconocimiento, de paso, a esa comitiva de periodistas argentinos que, como hacen siempre, festejan todo para no perder beneficios y llegada. Legitimaron todo este proceso callando y siendo complacientes, algunos por burros, otros por mercenarios.

Pobrecito Lucas Matthysse…

e.b.

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Cotto, el ventajero

Miguel Angel Cotto (39-4, 32 KO) expondrá este sábado por la noche el campeonato mundial de peso mediano ante el australiano Daniel Geale (31-3, 16 KO), en el Barclays Center de Brooklyn, Nueva York. Transmite Combate Space desde las 23 hora argentina.

Miguel Cotto dejó de ser un boxeador para convertirse, antes que nada, en un tipo de negocios. Como Floyd Mayweather acaso. Y ya que planteamos la semejanza, parecería que la transición trae implícita la condición de convertirse en un personaje petulante y rastrero. En este último tiempo Cotto dio de baja cualquier rasgo de humildad y decencia deportiva hasta cargarse de una arrogancia que lo acompaña en cada uno de sus gestos y de sus declaraciones.

Julio de 2013. Cotto venía de perder dos peleas seguidas (Mayweather, Trout) y se había quedado sin objetivos y pensando en el retiro. Entra Freddie Roach. Después de probar en su esquina con Manny Steward y con Pedro Diaz, Cotto fue a buscar al siete veces Entrenador del Año para que lo guiara en la preparación de las que serían -dijo- las últimas peleas de su carrera. Hasta acá el tándem funcionó bárbaro. Dos de dos con sendos nocauts y la conquista de un cuarto título en divisiones diferentes, algo inédito para el boxeo de Puerto Rico. Se podrá decir que Delvin Rodriguez y Sergio Martinez todo roto no fueron de gran exigencia para el boricua, pero por más cierto que eso sea, no se les puede sacar mérito a Cotto o a Roach. Saber elegir rivales y momentos también es parte de este deporte, nos guste o no.

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No obstante esa concesión, Cotto hoy hace abuso de su posición de campeón y boxeador convocante. Esquiva a rivales absolutamente legítimos y rentables como son Saúl Alvarez y Gennady Golovkin valiéndose de excusas muy berretas. De GGG, el mejor mediano del planeta hoy, Cotto dijo que nunca peleó por sistema pay-per-view y que no genera mucha plata como para querer pelear con él, que primero vaya y gane algunas peleas importantes y después se verá. Insólito. Toda una sarasa que se cae a pedazos al momento en que Cotto elige como rival a Daniel Geale, a quien Golovkin -justamente- noqueó en apenas tres asaltos hace menos de un año.

Por si todo esto fuera poco, Cotto puso como condición que Geale, quien pelea en las 160 libras desde mayo de 2007, se presentara a la ceremonia de pesaje con un peso máximo de 157 libras, esto es casi un kilo y medio por debajo del límite de la categoría. Nadie lo reconoció pero debía haber seguramente una cláusula en el contrato que fijase una multa fuerte por pasarse del peso “pactado”. Por las dudas, Cotto metió más presión y se encargó de dejar bien en claro que si el australiano llegara a pasarse de esas 157 él no se presentaría y suspendería la pelea. Por su parte, el Consejo Mundial de Boxeo se despegó con un tibio comunicado diciendo que la entidad no tiene margen de maniobra cuando existe este tipo de contrato interno entre los boxeadores.

Así las cosas Geale, sin mucha alternativa ni respaldo, aceptó que le impusieran las reglas del juego y el viernes se subió a la balanza pesando las 157 libras, deshidratado y notoriamente demacrado. Cotto en cambio lució un físico algo fofo diría aunque pesó 153.6 libras. De esto se desprende que aún podría pelear en súper welter, si quisiera, en vez de sentarse encima del campeonato mediano. Los catchweights o combates en peso pactado deberían ser un recurso para facilitar una pelea entre boxeadores que vienen de distintas divisiones, como cuando uno se estanca en una negociación y dice “ok, partamos diferencias” y ambos resignan algo. Cotto hoy es el campeón mediano y Geale un peso mediano con experiencia y trayectoria. Acá, el peso pactado no tiene otro sentido que el que buscó el Team Cotto desde el vamos: minimizar riesgos y deteriorar el físico de su adversario. Lo que se dice un ventajero.

Algunas consideraciones. Miguel Cotto viene de estar un año inactivo y pudo entrenar con Roach sólo un mes, una vez que Freddie terminó con la preparación de Manny Pacquiao para la pelea con Mayweather. No espero ver a un Cotto particularmente afilado esta vez. Más allá de ese antecedente fresco de Geale, noqueado por Golovkin, creo que el australiano podría haberle dado bastante trabajo a Cotto en igualdad de condiciones. El proceso hasta perder esas tres libras extras seguramente habrá sido tortuoso para Geale y será determinante en su rendimiento la noche del sábado. De tanto querer garantizarse un triunfo antes de subir a pelear, Cotto al final va a ver que ganarle a un rival así, totalmente condicionado, no da prestigio.

Sospecho que lo mejor que podemos llegar a sacar de esta pelea es una confirmación verbal de parte de Cotto de que antes de fin de año peleará contra el Canelo Alvarez. Aunque teniendo en cuenta este perfil de tipo presumido que maduró el boricua en el último tiempo, muy probablemente no consigamos ni siquiera eso.

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Más temprano este sábado el bonaerense Jesús Cuellar (26-1, 20 KO) defenderá su título pluma de la AMB ante el experimentadísimo armenio Vic Darchinyan (40-7, 29 KO) en el StubHub Center de Carson, California. Televisa TyC Sports a partir de las 16h.

Muchas veces señalamos como ejemplo a seguir para los boxeadores argentinos a Marcos Maidana. El “Chino” logró rodearse de alguna gente valiosa, irse a entrenar a un gimnasio prestigioso en EEUU, adaptarse, trabajar y ser responsable. Tanto sacrificio dio sus frutos. Un triunfo espectacular sobre Adrien Broner y dos peleas multimillonarias con Floyd Mayweather. Hoy Maidana está descansando. Quizás demasiado. Incluso, tal vez, ya se haya dormido en los laureles, pero quién podría decirle algo. ¿Con qué se vuelve a motivar a un boxeador que ya tuvo un par de peleas contra el mejor boxeador de los últimos tiempos?

Vuelvo. Hay un muchacho en Oxnard, California, que entrena siguiendo los pasos de Maidana aunque haciendo su propio camino. Ese es Jesús Cuellar, un boxeador al que todavía le falta trabajo, sí; disciplina arriba del ring, también. Pero está en el lugar correcto y con el entrenador indicado como para seguir formándose. No podría decir que Cuellar es hoy el mejor boxeador argentino, pero sí que es el más confiable de todos, el que mejor cuidado está, al que mejor le van llevando la carrera.

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La división de los plumas está cargadísima: Walters, Lomachenko, Russell, Mares, Santa Cruz y alguno más, todos buenos boxeadores. No todos son rivales posibles para Cuellar por esas cuestiones internas del boxeo. Si Walters y Lomachenko son de Bob Arum, se hace medio difícil pensar que vayan a pelear contra Cuellar que es parte del establo de Al Haymon. Hay una pica ahí que sólo justifica una tregua cuando hay 500 millones dando vueltas alrededor de Mayweather/Pacquiao. No importa, hay muchos combates posibles y muy buenos para Cuellar ahí afuera. Darchinyan es uno de ellos. Peleó con Nonito Donaire dos veces, con Mijares, Travieso Arce, Mares, Chemito Moreno y Walters. Ya está medio de vuelta, pero es duro y tiene muchísimo oficio. Así como Cuellar le puso el sello en el trámite de jubilación a Juanma López el año pasado, Darchinyan ofrece lo mismo: un apellido de fuste para seguir sumando reputación y experiencia.

Queda la discusión de si su título del mundo es valioso o no. Respeto los logros de Cuellar y no dejo de ponderar su vocación de trabajo, pero la AMB reparte cinturones como si fueran sanguchitos de miga en un pelotero y reconoce a tres campeones en las 126 libras. Poco serio. Títulos al margen, Cuellar tiene mucho futuro por delante y una muy buena oportunidad frente a Darchinyan para lucirse y seguir creciendo.

e.b.

Epílogo

Es frustrante que luego de cinco años de ansiedad acumulada en torno a una pelea entre Floyd Mayweather y Manny Pacquiao, el debate hoy pase por la lesión del filipino en un hombro y cómo manejaron la situación su equipo y la Comisión Atlética del Estado de Nevada. Esto es todo lo que quedó de una pelea que no sobrevivió a las expectativas.

Ocho días antes del 2 de mayo puse un tuit en el que decía que me preocupaba la condición física de Pacquiao y que no lo veía al 100%. Llámenlo un pálpito. No tenía ningún dato concreto de que Manny estuviera en efecto lesionado, pero sí me pareció detectar algunas señales llamativas. Calambres en las piernas, que corriera en pista plana para no sobrecargar los gemelos, días de entrenamiento suspendidos, Freddie Roach boqueando muchísimo, un entrenamiento abierto para la prensa en el cual Pacquiao sólo hizo 5 minutos de sombra. Y luego todas las distracciones. Un Pacquiao absorbido por los compromisos promocionales y publicitarios que no paraba de dar notas, filmar comerciales y sacarse fotos con cada famoso que se acercaba a visitarlo. Mientras tanto Mayweather iba de su casa al gimnasio y del gimasio a su casa, sorprendentemente callado. Pura disciplina ante el desafío, a priori, más difícil de su carrera.


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De acuerdo a las declaraciones de Roach, Bob Arum y Michael Koncz, más un comunicado oficial que emitió Top Rank se puede reconstruir que Manny Pacquiao sufrió un desgarro en su hombro derecho, entre 20 y 30 días antes de la pelea (dependiendo de la versión) durante una sesión de sparring en Los Angeles. Que Pac Man fue llevado a una clínica a realizarse estudios y que los médicos le recomendaron un reposo breve, tratamiento con antiinflamatorios y seguimiento de la lesión. El equipo de Pacquiao contactó a USADA, la agencia encargada de llevar adelante todo el proceso de control antidoping previo al combate, para que aprobaran los medicamentos prescriptos. USADA autorizó su uso, Pacquiao retomó los entrenamientos y su hombro mejoraría con el correr de los días. Roach, sin embargo, habría aconsejado pedir la postergación de la pelea pero, según dijo, fue el propio Pacquiao quien insistió en seguir adelante con la preparación.

Veinticuatro horas antes de la pelea, la Comisión Atlética de Nevada les presentó a cada boxeador un formulario de rutina con preguntas básicas acerca de su condición física. Allí, Koncz enumeró los medicamentos que Pacquiao había tomado durante el último mes previo a la pelea, pero ante la requisitoria de si el boxeador filipino había sufrido alguna lesión en sus hombros, codos o manos, Koncz indicó que no. Una secuencia que recuerda a cuando a Lisa le sacan el título de Pequeña Señorita Springfield por culpa de Homero que escribió “bueno” en un espacio del formulario de inscripción que había que dejar en blanco. Inevitable referencia, ustedes disculpen.

Estaba previsto que a Pacquiao le infiltraran el hombro dos horas antes de la pelea, en su vestuario del MGM Grand Garden Arena. Sin embargo, representantes de la Comisión Atlética no dieron permiso para que le aplicaran la inyección basándose en el formulario presentado el día anterior según el cual, recordemos, Pacquiao no tenía ni había tenido ninguna lesión. Una torpeza de Koncz y, tal vez, un exceso de rigurosidad por parte de la Comisión y su director Francisco Aguilar siendo que USADA estaba al tanto del tratamiento de Pacquiao y de la medicación que estaba recibiendo. En un evento tan importante, tal vez un poco de flexibilidad por parte de Aguilar le hubiera hecho un favor al espectáculo. De todas formas, marche preso. La responsabilidad no era de Aguilar para ponerle onda sino de Koncz, que como asesor de Pacquiao hizo mal su trabajo y perjudicó directamente al boxeador que no pudo recibir la inyección en el hombro antes de subir a pelear. Volviendo a Roach, comentó que durante la entrada en calor, mientras hacían manoplas, sintió que todo estaba bien y que la derecha de Manny funcionaba perfecto. Al final, no duró. Después del sexto asalto Pacquiao le admitió a su entrenador que no podía usar su brazo derecho. Roach le preguntó si quería que parara la pelea y el filipino le dijo que no, que aún disminuído no sentía que Mayweather pudiera lastimarlo y que quería seguir hasta el final.

En un principio esto no se supo hasta bien tarde en la madrugada, minutos antes de que comenzara la conferencia de prensa posterior a la pelea. Ahí empezó a circular el rumor de que Manny había subido al ring lesionado. Visiblemente afectado, Pacquiao contestó a medias y en su inglés básico las preguntas de los periodistas. Luego, entre Roach y Arum blanquearon lo que había pasado. Koncz, a un costado, guardó silencio durante toda la conferencia.

Floyd Mayweather Jr., Manny Pacquiao

Ahora la Comisión advierte que podría multar a Pacquiao reteniéndole parte de la bolsa o incluso suspender al boxeador por no haber declarado la lesión. Además, ya entraron en los tribunales de Las Vegas varias demandas de particulares supuestamente damnificados por la condición física de Pacquiao, desde apostadores hasta aquellos que pagaron casi 100 dólares por ver la pelea en sus casas. No sé cuánto sustento pueda llegar a tener esto, imagino que no mucho. De ser así, el boxeo dejaría de ser sustentable. ¿Por qué no meterle también una denuncia a Sergio Martinez, si en la previa a su pelea con Miguel Cotto se cansó de decir por todos lados que estaba físicamente “once puntos” y al final su rodilla terminó aguantando, a lo sumo, un minuto y medio? ¿O a Chavez Junior, por haber ocultado antes de su combate con el mismo Maravilla que se había fumado un porro? Casos así hay a roletes, en el boxeo como en cualquier otro deporte. De todas maneras, los abogados de Top Rank ya deben estar elongando para salir a la cancha.

Todo lo que podía salir mal en el equipo de Pacquiao, salió mal. Roach muy enfermo, con dolores y delegando tareas. Su preparador físico Justin Fortune peleando contra un cáncer. Tener a Koncz como mano derecha, un tipo que no sabe marcar una cruz en un formulario y de quien nadie tiene nada bueno para decir. Arum que tiene cincuenta años como promotor y no le pudo torcer el brazo a Aguilar que lleva apenas 18 meses en la NSAC. Las lesiones en los boxeadores ocurren todo el tiempo. Son atletas de alto rendimiento que entrenan ocho, nueve, diez semanas a pleno y rara vez pueden llegar a la noche de la pelea con su cuerpo intacto, sin dolores, molestias o lesiones. A Pacquiao le tocó lesionarse justo antes del combate más importante de toda su carrera, eso no podía evitarse; toda la incompetencia, el desmanejo y las excusas que rodearon a este episodio patético, sí.

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Finalmente, Pacquiao fue intervenido en su hombro derecho este miércoles 6 en Los Angeles. La artroscopía fue un éxito, según informaron, y Manny necesitaría de 4 a 6 meses de rehabilitación y entre nueve meses y un año para volver a pelear.

Al final, pasó lo que tenía que pasar. Después de cinco años de idas y vueltas, hicieron todo a las apuradas, básicamente por un capricho de Mayweather que no quería renunciar a la tradición de pelear en Cinco de Mayo. Como dije en la previa, todo esto fue un gran quilombo y es prácticamente un milagro que la pelea haya llegado viva al sábado. Desacuerdos hasta el final entre Top Rank y Mayweather Promotions por las entradas, entre HBO y Showtime, entre el Team Pacquiao y la Comisión de Nevada. Egos de todos lados que pusieron en riesgo el evento deportivo más taquillero de todos los tiempos.

Mayweather dijo “una pelea más en septiembre y basta, me retiro”. Argumentó falta de pasión por el boxeo. También admitió que es humano y que podría arrepentirse. Y dos días más tarde le habría mandado un mensaje a un conductor de ESPN diciendo que no tenía problemas en darle la revancha en 2016 a Pacquiao recuperado. Honestamente, ¿cuánto mejor podría hacerlo Manny operado y con un año de inactividad encima? Mejor ni engancharse con esa idea.

La pelea no sólo no colmó las expectativas sino que hoy, más frío, me animo a decir que fue un fracaso. No en lo económico, claro está, eso es aparte. Megapeleas así se dan una vez cada diez o quince años. Todo el periodismo aparece para cubrir el acontecimiento y la gente vuelve a hablar de boxeo en el ascensor, en el bar o en las oficinas junto al bidón de agua, como les gusta decir a los americanos. Es la oportunidad que tiene muy cada tanto este deporte de captar la atención de un nuevo público, más masivo; de recuperar tradición y respeto. Nada de esto pasó porque la pelea no fue lo suficientemente buena como para que el que invitó a su casa a 3 ó 4 amigos para tomar unas cervezas y ver la pelea, vuelva a hacerlo el sábado que viene para mirar Canelo/Kirkland. O el otro fin de semana, para Golovkin/Monroe. En eso falló Mayweather/Pacquiao, en dejar enganchado al espectador casual para la próxima. Y por supuesto, también, en crear una sensación de perdurabilidad. Esta pelea va a envejecer mal. Tenía todo para ser Ali/Frazier y terminó siendo De La Hoya/Trinidad. Lástima.

e.b.

Habilidad sobre voluntad

Floyd Mayweather (48-0, 26 KO) siempre encuentra la manera de ganar. Le sacó una ventaja mental y física a Manny Pacquiao (57-6-2, 38 KO) y se quedó por puntos y en fallo unánime con la pelea que, para bien o mal, definirá el legado de uno y otro en este deporte.

Mayweather es un tiempista. Dentro del ring entiende como nadie cuándo debe pegar, cuándo cubrirse, cuándo recostarse contra las sogas, cuándo regular y cuándo apretar el acelerador. Fuera del cuadrilatero, conoce a la perfección cuándo es el momento ideal para pelear con cada uno de sus rivales. Manny Pacquiao fue por más de cinco años el único en situación de discutirle su liderazgo. Durante ese tiempo Mayweather supo mirar para otro lado cada vez que alguien le reclamaba porqué no aceptaba una pelea con el filipino. Con Al Haymon, su asesor en las sombras, esperaron el momento ideal en que el combate generara más dinero que nunca y, a la vez, tuviera en frente al Pac Man más venido a menos de toda su carrera. Si la pensás dos segundos, mejor no le podría haber salido.

Todavía no hay números oficiales de cuántas casas en Estados Unidos decidieron pagar 99.95 dólares para ver pelear a Mayweather con Pacquiao, pero seguramente fue un éxito comercial que superará cualquier expectativa. Un indicio: la pelea arrancó 45 minutos más tarde de lo previsto debido a la saturación del sistema para procesar los pedidos de pay-per-view. En nuestro país, la transmisión de TV Pública llegó a 31.6 puntos de rating un sábado a la madrugada y sin que peleara un argentino. Seguro, el boxeo está muerto, cómo no.

En la previa escribí que lo veía mejor a Floyd y que llegaba con una leve ventaja. Más enchufado. Más fresco, física y mentalmente, más allá de la diferencia de edad en su contra. Francamente, hubiera querido equivocarme. De los dos, Manny Pacquiao es, por lejos, mi boxeador favorito. Pero no podía dejar de lado las llamativas señales que veía de su campamento de entrenamiento en Los Angeles. Los calambres en las piernas, los días de descanso, su entrenador Freddie Roach hablando de querer cerrar con llave el gimnasio y sin embargo cada vez más gente, y más famosos pasando a saludar y a sacarse una foto. Y más entrevistas y más comerciales con la cara de Manny, más el basket allá en Filipinas, y su banca en el congreso, y su compromiso con Dios y con la Biblia. Demasiadas distracciones de cara a la que debía ser la pelea más importante de su vida.

Los primeros tres asaltos de Floyd Mayweather fueron brillantes. Si hubo un momento claro de dominio de parte de alguno de los dos a lo largo de la pelea fue ese. Floyd puso su pie izquierdo bien adelante y sacó partido de sus brazos más largos para prohibirle a Pacquiao achicar distancias. Arrancó totalmente descolocado Manny y no pudo ajustar hasta el round 4. Ahí Mayweather empezó a meterse en cuerdas y Pacquiao cuando pudo encontrarlo lo lastimó. Desde ese momento se abrió otra pelea y se fueron repartiendo los asaltos. Pacquiao volvió a conmover a Floyd en el sexto episodio pero, a pesar de haber emparejado el trámite, se notaba que a Manny le faltaba un plus como para quebrar a Mayweather. Se lo veía un poco duro y le faltó aquel quiebre de cintura capaz de desconcertar a quien tuviera enfrente. Los dos estuvieron lejos de su mejor versión. Pacquiao tiró menos que nunca y falló más de la cuenta. Mayweather abusó del modo supervivencia. Cauto, pedaleó mucho para atrás y eligió cada uno de sus golpes tratando, como siempre, de no regalar nada.

Concedo que los dos están en un declive. Anoche sí vi a un Mayweather disminuído, aunque todavía capaz de paliar cualquier merma física con su inteligencia superior arriba del ring. Pacquiao claramente ha perdido uno o dos escalones. Justo ahora que parecía haber recuperado un poco de ese fuego y esa alegría de antes, su condición física lo abandonó. Las estadísticas de Compubox resultan elocuentes. En sus doce combates previos a éste, el filipino promedió 786 golpes tirados por pelea. Anoche ese número bajó, drásticamente, a 429, esto es 357 golpes por debajo de su media. En la conferencia de prensa posterior al combate, su promotor Bob Arum reveló que Manny venía arrastrando un desgarro en su hombro derecho y que la Comisión Atlética de Nevada no dejó que le aplicaran una inyección de lidocaína antes de la pelea para calmar el dolor. Este tipo de excusas no suelen caer bien entre los fanáticos. Hay que ponerle dignidad tanto a la victoria como a la derrota.

La bautizaron “La Pelea del Siglo” y aunque no fue mala, no estuvo a la altura de el uno y el dos del mundo. Quedó lejos en cuanto a calidad y emotividad de combates históricos como Ali/Frazier o aquellas de los ’80 con Leonard, Hagler, Hearns y Durán. Terminó siendo, según mi apreciación, una pelea bastante más pareja de lo que reflejaron las tarjetas de los jurados. Un fallo unánime con dos jueces que fallaron 116-112 y un zarpado que dio 118-110. Yo por televisión vi un empate, seis asaltos para cada uno, pero acepto que de haber un ganador ese debía ser Mayweather. No tendría problemas con una tarjeta de 7 rounds a 5. Pero 8 a 4 y ni hablar 10 a 2 me parecieron demasiado amplias, exageradas. [Storify: #MayPac round por round]

La tarjeta de ROUND CERO

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 TOTAL
Mayweather 10 10 10 9 10 9 10 9 9 9 10 9 114
Pacquiao 9 9 9 10 9 10 9 10 10 10 9 10 114

Para Floyd queda una pelea más en septiembre y basta, dijo. Lleva un tiempo avisando que perdió la pasión por el boxeo. También dijo que en los próximos días va a dejar vacantes todos sus cinturones para darles la chance a los que vienen detrás de pelear por un título. “Money” es el villano perfecto porque se nutre del odio que despierta entre los fanáticos, como un luchador de la WWE. En él conviven un boxeador extraordinario y un personaje despreciable.

Mayweather estará viviendo su hora más dulce, disfrutando el triunfo que definirá su legado. Pacquiao ya debe estar haciendo eso que lo hace más feliz, ir al templo a rezar con su esposa y sus hijos. Es el final de esta historia dominada por la habilidad de Floyd Mayweather para imponer sus condiciones, sus tiempos y su talento por sobre la voluntad de Manny Pacquiao y los otros 45 boxeadores que antes intentaron lo imposible: ganarle a quien, nos guste o no, debe ser reconocido como el mejor de esta época.

e.b.

Mayweather/Pacquiao: se para el mundo

CAzA2lnWwAAwCHpDespués de más de cinco años de idas y vueltas, finalmente, Floyd Mayweather (47-0, 26 KO) y Manny Pacquiao (57-5-2, 38 KO) se subirán a un ring para definir quién de los dos es el boxeador más grande de esta época. Transmite TV Pública para todo el país desde las 22h.

Esta historia arranca en el año 2009, con Manny Pacquiao en el momento más alto de su carrera después de noquear a Oscar De La Hoya, Ricky Hatton y Miguel Cotto en sólo once meses. Mayweather, aburrido, se había retirado del boxeo, pero al volver y ganarle de punta a punta a Juan Manuel Marquez, una pelea con Pacquiao parecía lógica e inevitable. Acá es cuando lo que debería haber sido fácil se complica y arranca todo el puterío, las negociaciones caídas, las acusaciones cruzadas y los abogados.

Se conoce que en 2010 estaba todo encaminado como para que la pelea se concretara, pero a último momento, Mayweather comenzó con las extravagancias y pidió que los controles antidoping incluyeran extracciones de sangre hasta 24 horas antes del combate. El bando filipino rechazó las exigencias de Floyd con algo de razón. Pacquiao nunca había dado positivo en un control y los reclamos de Mayweather parecían apuntar más a ensuciar al Pac Man y boicotear la pelea que a darle transparencia. El descargo de la gente de Pacquiao fue que Manny no tenía problemas en dar muestras de orina en cualquier momento y de sangre hasta un mes antes del combate e inmediatamente después del mismo, pero no un día antes de pelear porque, sentía, sacarse sangre lo dejaba débil. Una respuesta cuanto menos torpe. Mayweather, al final, se salió con la suya. La pelea se cayó y la imagen de Pacquiao quedó tocada. La siguieron en tribunales.

Dos años después, en 2012, Mayweather hizo otra para la tribuna. Llamó por teléfono al filipino directamente para ofrecerle pelear con él por una bolsa fija de 40 millones de dólares. Bajo estos nuevos términos, a Pacquiao no le tocaba ni un centavo de lo que el combate generara por venta de PPV, cifra que éste sábado podría superar los 300 millones. “Le ofrecí más dinero del que nunca había ganado en toda su carrera” comentó Mayweather, pero su propuesta era claramente una tocada de culo. Pacquiao la desestimó aclarando que no subiría al ring por menos del 45% y que, por las dudas, ya no tenía ningún drama con sacarse sangre incluso el día anterior a la pelea.

Más tarde ese año, Mayweather fue sentenciado a tres meses de prisión por golpear y amenazar de muerte a su ex, Josie Harris, delante de los tres hijos que tuvieron juntos. Insólitamente, la Justicia del Estado de Nevada le concedió una prórroga especial en la fecha de entrada a la cárcel para que Floyd pudiera enfrentar a Miguel Cotto. Tal es la relevancia de Mayweather para la economía de Las Vegas. Una vez adentro sólo cumpliría dos tercios de la condena, beneficiado por buena conducta. Para Pacquiao, 2012 también fue un mal año. En junio le robaron un triunfo clarísimo sobre Timothy Bradley y en diciembre Manny sufriría la derrota más dura de su carrera, descuido y nocaut a manos de Juan Manuel Marquez, su rival eterno.

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Si hasta ahí un combate entre Mayweather y Pacquiao había sido imposible de realizar, las cosas se complicaron todavía más en 2013, cuando Floyd anunció que abandonaba la pantalla de HBO después de quince años para cruzar de vereda y firmar exclusividad con Showtime, que le garantizaba más de 200 millones de dólares por la transmisión de sus próximas seis peleas. Despechados, en HBO reaccionaron anunciando que no volverían a trabajar con ningún peleador de Golden Boy o que fuera representado por Al Haymon, el consejero en las sombras de Floyd Mayweather. El boxeo quedaba así partido en dos, rehén de una guerra entre canales de televisión y promotores que bloqueaba no sólo la posibilidad de ver Mayweather/Pacquiao, sino también cualquier otra pelea entre un boxeador de Bob Arum (Top Rank, cercana a HBO) y uno de Oscar De La Hoya (Golden Boy, afiliada a Showtime). Floyd les ganaba en mayo a Robert Guerrero y en septiembre a Canelo Alvarez. El filipino volvería recién en noviembre, con una victoria indiscutible sobre Brandon Rios, un rival a medida.

2014 es el año clave porque Mayweather y Pacquiao empiezan a vender cada vez menos y se quedan sin alternativas. Floyd, sin rivales competitivos, le da una revancha innecesaria a Maidana y Pacquiao, después de vengar aquella derrota ante Bradley, se fue a China para tirar seis veces a un Chris Algieri desconocido para el público en general. A Showtime los números ya no le cierran. Hicieron una inversión impresionante en Mayweather que en un principio les sirvió para posicionarse como competencia sólida de HBO pero ahora están yendo a pérdida con el deportista mejor pago del mundo.

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Entra Les Moonves, presidente de CBS, empresa madre de Showtime. Un mozo del lugar en el que Moonves suele cenar en Los Angeles le cuenta al empresario que su hijo practica boxeo en el gimnasio del entrenador de Manny Pacquiao, Freddie Roach, y que él podría gestionarle una reunión con Roach para ver si una pelea del filipino con Mayweather todavía es viable. Moonves accede. Se junta con Roach primero, luego con Arum, después sienta a Arum con Haymon que se odian pero no son boludos y así, despacito, la pelea va tomando forma. Faltaba la tele. Pacquiao es de HBO y Mayweather de Showtime, por lo que las dos compañías deberían volver a trabajar de manera conjunta en la transmisión, algo que sólo habían hecho una vez para Lewis/Tyson, en 2002. También faltaba el ok de Mayweather, que esta vez no volteara las negociaciones haciendo alguna de las suyas.

2522F59A00000578-2929269-The_pair_pictured_together_for_the_first_time_spoke_and_swapped_-m-3_1422444809738Floyd se quedó en el molde mientras la televisión cerraba detalles. Para ese entonces, del lado de Pacquiao ya habían aceptado la parte más chica de un reparto 60/40, la fecha de la pelea, el lugar, los controles anti doping, todo. Esto terminó de encaminarse el 27 de enero de este año. Pacquiao estaba en Miami participando como jurado del concurso de Miss Universo y cuando quiso tomarse el avión de vuelta a Filipinas todos los vuelos habían sido cancelados por una tormenta. Teniendo que quedarse una noche más, eligió matar tiempo yendo a ver Bucks vs. Heat, un partido de la NBA al que también había ido Floyd Mayweather. Algunos dicen que fue pura casualidad, otros sostienen que estuvo todo armado. No importa. Las cámaras los enfocaron, ellos se vieron, se saludaron, cruzaron dos palabras, agendaron teléfonos y se despidieron para seguirla un rato más tarde en privado. Reunión cumbre, mano a mano en el hotel donde paraba Pacquiao. Tres semanas después, el 20 de febrero, Mayweather le sacaba una foto al contrato firmado y la colgaba en las redes sociales, poniéndole fin a las especulaciones y oficializando la pelea que tomó cinco años en hacerse realidad.

Para que esto funcionara todos iban a tener que tragarse un sapo. Arum no se lleva con Haymon, ni con Mayweather, ni con el uno del MGM. Showtime y HBO son archirrivales. Floyd no se banca a Arum, su ex promotor. Mayweather padre y Freddie Roach se picantean cada vez que pueden. HBO tampoco quería saber más nada con Haymon ni con Floyd y acá estamos. Showtime resiente a Arum de la vez que llevaron a Pacquiao para pelear con Mosley y Top Rank se lo llevó enseguida de vuelta a HBO. Esto es un gran quilombo y como tal créanme que es un milagro que se haya concretado y siga en pie. Faltando nueve días para la pelea no había entradas. No, no es que no quedaran, no había, no existían porque no podían ponerse de acuerdo en cómo se las iban a repartir. Todos problemas. Al final, apenas 500 localidades salieron a la venta para el público. Lógicamente, volaron en menos de dos minutos y la reventa es un descontrol. Consultado sobre si anticiparía una revancha, Arum sentenció que si dependiera sólo de él “no volvería a pasar por todo esto nunca más ni en un millón de años. Es la peor pesadilla que haya vivido en todos mis años como promotor de boxeo.”

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Están los que dicen que este combate llega tarde, que ya no interesa tanto como hace cinco años. Verso. Es la pelea más importante de los últimos, diría, 25 o 30 años. De Hagler/Leonard para acá, ninguna otra se le compara. Nada garantiza que de haberse enfrentado allá por 2010 hubieran dado una pelea mejor que ahora. En todo caso podrá lamentarse que tanto tironeo nos haya privado de lo que, con tiempo, podría haber sido una trilogía de peleas históricas como fueron Leonard/Durán o Ali/Frazier, pero ya está. ¿Y quién dice que en mayo de 2015 Mayweather y Pacquiao no puedan dar una buena pelea? Floyd perdió un poquito de agilidad y se recuesta contra las cuerdas con mayor frecuencia. Cubre el mentón con su hombro y desde ahí bloquea, esquiva y elige sus disparos como un francotirador con su rifle desde una ventana. Manny en cambio pelea como si tuviera una ametralladora, tirando ráfagas de 5, 6 o más golpes, aunque sin la precisión quirúrgica de Mayweather. Algunas de sus balas van a seguir de largo y otras van a entrar.


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Mayweather/Pacquiao: The Legends Speak


Sucede que Pacquiao hoy se ha convirtido en una celebridad que boxea. En él conviven el congresista, el jugador de basket, el cantante, el que se mete en una inundación para ayudar a los que menos tienen, el ferviente lector de la biblia y, todavía, el boxeador. Tiene a todo un país detrás. Pero aunque sigue siendo un crack, hace rato que perdió un poco de su esencia arriba del ring. Le mirás la cara la vez que lo afanaron contra Bradley en 2012 y es prácticamente la misma que cuando le ganó dos años después. Como si le diera igual ganar o perder. Está en otra. Ahora, ¿puede ganar? Más vale.

Floyd Mayweather esquivó a este filipino de un metro con sesenta y nueve centímetros durante cinco años por algo más que ego. Le teme. Siente que Pacquiao más que nadie amenaza lo más preciado que tiene: su invicto y ese poder presumir de que es el mejor de todos los tiempos, aunque no lo sea. Habiendo sido a lo largo de toda su carrera tan meticuloso en los tiempos y en la elección de sus rivales, una de las preguntas a responder es si Mayweather va a enfrentar a Pacquiao porque no le quedó otra o porque ya ve a Manny lo suficientemente vulnerable como para arriesgarse a tomar el combate que estuvo evitando durante el último lustro.

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¿Cómo hace Pacquiao para ganarle a Mayweather? Trabajando mucho. Precisa mantenerse activo, ganar rounds, obligar a Floyd a salirse de su libreto y tomar algunos riesgos. El juego de pies del filipino será fundamental. Necesita sus piernas al 100%. Si vuelven los calambres, chau, se acabó. El Pac Man necesita pelear en puntas de pie, estar rápido, amagar mucho y entrar por sorpresa, pegando combinaciones desde la media distancia y salir volando hacia los costados. En otras palabras, Manny necesita una actuación de otra época. Pacquiao no es Maidana, tiene otros argumentos y un estilo que lo hace único. El filipino no puede ni debe hacer una pelea de fricción como la que plantearon el Chino o Cotto contra Mayweather. No porque eso no dé resultados contra Floyd, de hecho creo que esa sigue siendo la mejor estrategia para complicar a Mayweather. Acorralarlo, deslucirlo, ensuciar la pelea y tirarle con todo hasta que a alguno de los dos se le caigan los brazos y no pueda más con su vida. Pero como decía antes, Pacquiao no es ese tipo de boxeador y necesita tomar la iniciativa con otras herramientas, las suyas. Movilidad, velocidad, puntería y variantes para evitar que Floyd lo descifre, haga ajustes y domine, como hace siempre. El tema es si Manny llega con la condición física, la frescura y la mentalidad como para agarrar la manija de la pelea y ganar asaltos, de a uno por vez. También dependerá, en alguna medida, de que en Mayweather se acentúe ese declive sutil que, para algunos, mostró en sus últimos combates. En cambio, si Floyd está con todas las luces encendidas, las chances de Pacquiao se achican.11045399_10155485782935354_7894171660011141437_o

Mayweather parece haberse tomado todo el proceso de preparación para esta pelea muy en serio. Apagó al personaje, al “Money”, se alejó de los escándalos y se puso a trabajar con el rigor y la intensidad de siempre más algunos cambios bastante polémicos. Primero incorporó a su equipo a Alex Ariza, el ex preparador físico de Pacquiao y de Maidana que fue echado de la esquina de estos dos. Ariza en un principio da resultados; luego, si no se lo sabe manejar, se vuelve un bardo incontrolable. Veremos cómo resulta esta vez. Luego sumó a Bob Ware, otro preparador físico al cual le asignó la sensible tarea de vendar sus manos frágiles. Si Ariza es un tipo controvertido, Ware no se queda atrás. En mayo de 2013 J’ Leon Love, un protegido de Floyd, dio positivo en un control antidoping y admitió ante la Comisión Atlética de Nevada haber tomado un diurético para cortar peso, una sustancia prohibida que también suele utilizarse para tapar el uso de esteroides. Indagado al respecto, Love reveló que el diurético se lo había suministrado (adivinen quién) Bob Ware. Para hacerla completa, Angel “Memo” Heredia, preparador físico de Juan Manuel Marquez y confeso consumidor y repartidor de anabólicos a deportistas durante el escándalo BALCO, anduvo por el gimnasio de Mayweather. Heredia dice haber conversado con su colega Ariza a raíz de una inquietud por conseguir mayor potencia en la pegada de Floyd y qué cosas se le ocurrían a “Memo” para mejorar en ese aspecto puntual de la preparación. No aclares que oscurece. Un entorno bastante turbio para alguien que se jacta de querer limpiar el deporte de tramposos.

De no mediar polémicas ni fallos discutidos, ganará el que esté más fresco física y mentalmente. Me inclino a pensar que ese es Floyd Mayweather. Estuvo muy metido durante su campamento de entrenamiento y casi ni abrió la boca a lo largo de toda la preparación. “Nunca en mi vida tuve tantas ganas de ganar una pelea como ésta”, dijo, y uno no puede hacer otra cosa que no sea creerle. Pacquiao, en cambio, anduvo de acá para allá, dando notas, sacándose fotos, filmando comerciales y saludando famosos. Casi que cargó él solo con todo el peso de promocionar la pelea mientras Mayweather se brindaba exclusivamente a entrenar. Tantas distracciones a este nivel pueden pagarse caro y, justamente, en la dedicación y aplicación al trabajo puede estar la clave y la ventaja para Floyd.

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Manny Pacquiao y Floyd Mayweather son el agua y el aceite. Dos figuras antagónicas. Uno, un tipo sencillo que surgió de la miseria más profunda y que encontró en el boxeo la única posibilidad de alimentar a su familia. El otro heredó el oficio, depuró su talento y se convirtió en un personaje tan frívolo como brillante y cerebral arriba del cuadrilátero. Esta historia tiene a un bueno y a un malo, y los dos se sienten cómodos con el papel que les tocó.

Cuenta regresiva para la pelea que definirá el legado de uno y otro. Yo ya estoy imaginándome lo que va a ser. El estadio lleno. Jimmy Lennon Jr y Michael Buffer, los dos juntos presentando a los boxeadores. El pasillo hacia el ring. Kenny Bayless dándoles las últimas indicaciones. Esos segundos de drama antes de que suene por primera vez la campana. Y la esperanza, el deseo, de que Mayweather/Pacquiao sobreviva a esos cinco años de expectativas, que salga un gran espectáculo y que nos quedemos hablando de esta pelea por los siglos de los siglos. Amén.

e.b.

Corran a los chicos del televisor

matthysseprovEste sábado por la noche en Verona, Estado de Nueva York, Lucas Martín Matthysse (36-3, 34 KO) y Ruslan Provodnikov (24-3, 17 KO) subirán al ring para protagonizar la segunda pelea más esperada por los fanáticos del boxeo en 2015. Transmiten TV Pública desde las 21h y Combate Space a partir de las 22:45h.

Seguramente el Turning Stone Casino no tenga el lujo de un MGM Grand, ni la mística reciente del StubHub de Carson, pero al fin y al cabo eso importa poco cuando tenés a dos boxeadores como La Máquina argentina y el Rocky de Siberia que no se guardan nada y van camino a matarse a bombazos. Vienen de protagonizar las últimas dos peleas del año, Matthysse en abril de 2014 cuando noqueó a John Molina en once asaltos y Provodnivov en 2013, una noche en la que le pegó muchísimo a Tim Bradley pero no le alcanzó para ganar en las tarjetas de los jueces.

Al ruso no parece caerle del todo mal el rol de probador. Ciertamente es un peleador durísimo, pero no tiene material para campeón del mundo en las 140-147 libras por más devaluada que esté esa denominación hoy en día. Matthysse, en cambio, tiene talento. Pero a veces con eso no alcanza. Permítanme insistir con que al argentino le falta un plus que podría habérselo dado adquirir el hábito de entrenar en Estados Unidos, con una esquina más profesional, en un gimnasio mejor, con sparrings más exigentes y con la prensa más cerca. Un sacrificio que a Marcos Maidana le redituó reconocimiento y dos peleas millonarias ante Floyd Mayweather. Con 32 años de edad, no parece que Matthysse esté dispuesto a hacer ese cambio de vida ahora. Así, achatado, Lucas puede ganar o perder contra cualquiera. Una victoria ante Provodnikov seguramente implicaría una continuidad de las condiciones de trabajo actuales. Una derrota, en cambio, podría ubicarlo más cerca del retiro que de replantearse estas cosas.


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Top 20 libra por libra — abril/2015


Hace algunos meses Oscar De La Hoya decidió recuperar el control de su compañía Golden Boy Promotions. Afectado por su adicción a las drogas, De La Hoya había dejado todo al comando de su CEO y mano derecha, Richard Schaefer. Durante ese tiempo, Schaefer se acercó demasiado al manager de boxeadores Al Haymon y, con carpa, desmontaron todo el armado de Golden Boy, dejando que se vencieran los contratos de sus boxeadores más importantes y tomándolos Haymon para su establo. De La Hoya volvió, tomó la iniciativa vía abogados y obtuvo la renuncia de Schaefer más una compensación económica grosa por la pérdida de los derechos promocionales de Danny Garcia, Keith Thurman, Amir Khan, Leo Santa Cruz, Marcos Maidana, Adrien Broner, Robert Guerrero, Deontay Wilder y muchísimos otros. Pensando en la reconstrucción, a De La Hoya sólo le quedaron dos caras de las importantes: Canelo Alvarez y Lucas Matthysse. Así de valioso es hoy el chubutense para el futuro de De La Hoya, quien estuvo en Buenos Aires días atrás dando entrevistas pero ante todo haciéndole el aguante a su pollo.

El pronóstico es reservado. Provodnikov es un boxeador brutal, va para adelante con fiereza, pega fuerte y tiene aguante. Peligrosísimo. Ahí sus virtudes. ¿Sus defectos? No tiene defensa, es siempre frontal, tira casi todo arriba y si no encuentra la pelea se frustra y se desinfla. Matthysse tiene las herramientas para ganarle al ruso pero para eso necesita ser inteligente y no tentarse con ir al intercambio de piñas, tratar de boxear un poco más y sacar partido de su técnica, superior a la de Provodnikov. Si está en buena condición física y se mantiene enfocado, Matthysse debería poder sortear este desafío, despejar algunas dudas que quedaron de aquella pelea con Molina y ponerse a soñar con algo más grande. Ya le colgaron el cartelito de “combate del año” antes de que suene la campana, con ocho meses y medio más de boxeo por delante y con Mayweather/Pacquiao acá nomás. Ojalá la pelea sobreviva a semejante expectativa.

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En simultáneo, en la otra punta de los Estados Unidos, en California, Julio Cesar Chavez Junior (48-1-1-1sd, 32 KO) vuelve a trece meses de su última pelea, con nuevo promotor, nuevo canal de televisión, nuevo entrenador y los mismos malos hábitos de siempre. Tendrá enfrente a un rival bravo, el polaco Andrzej Fonfara (26-3, 15 KO) que hace poco menos de un año le dio mucho trabajo al campeón medio pesado Adonis Stevenson. No, Fonfara no es Golovkin, Chavez le rajó a la posibilidad de enfrentar al kazajo por mucha plata el año pasado en un arrugue imperdonable. Sin tele para Argentina, a mirarla de reojo por internet mientras dure Matthysse/Provodnikov.

e.b.

Godzilla

0012026363Por primera vez en catorce años de recorrido como profesional, Omar Narvaez (43-2-2, 23 KO) se vio desbordado desde la campanada inicial. Naoya Inoue (8-0, 7 KO) dio una tremenda prueba de carácter, tiró cuatro veces al patagónico y lo noqueó en apenas dos asaltos, consolidándose como la aparición más impresionante de todo 2014.

Nunca antes Narvaez la había pasado tan mal en cuarenta y siete peleas. El Huracán sólo había perdido una vez en toda su campaña rentada, en 2011 ante Nonito Donaire, quien un año después sería elegido casi por unanimidad boxeador del año. Narvaez brindó aquella vez en Nueva York la actuación más opaca de toda su carrera, sin ambición ante un rival superior de antemano. Esa pelea era hasta hoy el ancho de espadas en cualquier discusión sobre la trayectoria del chubutense, mal que le pese a él y a quienes tratamos de disfrutar y destacar sus brillantes condiciones por encima de su foja de servicios. Consejo para los que les gusta Narvaez: cuando salte alguno a decir que nunca peleó con nadie, pedile ahí nomás tres o cuatro apellidos de rivales contra los que supuestamente tendría que haber unificado.

Pocos advirtieron en Inoue al que sería su rival más difícil. Pispearon boxrec dos días antes, vieron que el ponja tenía apenas 21 años y 7 peleas y la dejaron pasar. Que sirva como ejemplo de lo fantasma que es en líneas generales el periodismo especializado en boxeo en Argentina. Para marearse con récords, cinturones y cuotas de apuestas, hacerse amigo de los promotores y comer de arriba en convenciones son fenómenos, pero a un monstruo como Inoue ni lo vieron venir.

Muchas veces en boxeo se utiliza la figura del peleador que “envejece en una noche”, algo que sólo ocurre en un deporte como éste, de presentaciones espaciadas y sin la sensación de continuidad que da, por ejemplo, el fútbol, con partidos todos los fines de semana. Ni siquiera ahí está esta vez la explicación o el consuelo de por qué perdió Narvaez. El Enano venía de pelear bárbaro hace tres meses en la revancha con Felipe Orucuta y, al menos que uno sepa, llegó a Japón sin problemas físicos. Lo que pasó fue que Narvaez se topó con un boxeador mucho mejor que él. Tan simple y tan difícil como puede ser eso. Mejor de lo que era Donaire en 2011 diría incluso.

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Naoya Inoue es un crack que impone siempre su distancia con un jab híperactivo, que evidentemente pega fuertísimo, que se defiende y deja fuera de balance a sus rivales con sus piernas. Inoue es inteligente en cada uno de sus desplazamientos, metódico en ataque y con una puntería notable. Lo que este japonés tira, llega. Venía de conseguir su primer cinturón hace ocho meses, en 108 libras. Lo defendió una vez y subió dos divisiones de un tirón, hasta las 115, para no sufrir más dando el peso. Lo normal hubiera sido que a Inoue le dieran un rival accesible y no a Narváez, el tipo con más cancha de toda la categoría. La única duda que tenía en torno a Inoue era esa precisamente, si mentalmente estaría listo para pelear contra alguien con la experiencia y el oficio del Huracán. Vos fijate.

Personalmente, destaqué hace unos días a Inoue como el mejor prospecto de 2014, esto es el boxeador que reúne mejores condiciones y proyección a futuro. Después de noquear a Narvaez creo que Inoue trascendió el status de promesa para convertirse en realidad, en un top 20 libra por libra y tal vez, TAL VEZ, en el boxeador del año.

Para Narvaez, habrá que ver cómo digiere éste trago amargo. Si tendrá ganas de volver pronto para dejar atrás rápido la derrota, si seguirá en súper mosca o si se tirará un lance en peso gallo a tratar de conseguir un cinturón en una tercera categoría, algo inédito para el boxeo argentino. Doy por hecho que Narvaez volverá y seguirá peleando.

Para el boxeo argentino, esta derrota redondea un año difícil. El ocaso de Maravilla Martinez; un Lucas Matthysse mal rodeado que ganó 2 de 2 pero no termina de consolidarse como el gran boxeador que podría ser; Diego Chaves descalificado contra Rios primero y con un empate de regalo ante Bradley después; el papelón de Bolonti y Rivero en Canadá; Abregú noqueado en noviembre. Muy bueno lo del Chino Maidana, que se ganó dos chances en el primerísimo nivel con la fuerza del trabajo. Bueno lo de Jesús Cuellar, un boxeador que tiene mucho margen para crecer y que está dando pasos firmes afuera, con disciplina y sacrificio. Para destacar también el triunfo de Javier Maciel en Nueva York, el KO de Heiland a Macklin en Dublin y el de Reveco acá en Mendoza. De todos ellos ninguno tiene una pelea programada para 2015 y el futuro es bastante incierto.

e.b.

No hay mañana para Diego Chaves

B4CQZKRCAAASjykSe está yendo 2014 y este sábado en Las Vegas habrá doble propuesta de boxeo internacional. La cartelera de HBO en el Cosmopolitan, con Bradley/Chaves de fondo, promete. La función de Showtime en el MGM tiene a Khan/Alexander como atracción principal más otros tres regresos importantes, aunque contra rivales de poca monta. Vamos con la previa de ambas veladas.

Habrá que ver si aquello de “la tercera es la vencida” aplica para Diego Chaves (23-2, 19 KO). El bonaerense vuelve a Estados  Unidos después de quedarse corto en sus dos apariciones anteriores. En julio de 2013 venía haciendo un buen papel contra el ascendente Keith Thurman pero “One Time” abrió la definición en el noveno asalto con una izquierda al cuerpo y “La Joya” no llegó a los rounds de campeonato. No obstante la derrota por KO 10, su actuación dejó la puerta abierta para una nueva oportunidad en los primeros planos y la ocasión resultó ser inmejorable. En agosto de este año lo pusieron frente a Brandon Rios, un tanquecito que venía de dos derrotas, un doping positivo y problemas cada vez más evidentes para dar el peso. Pero Chaves se complicó de todas las maneras posibles. En la previa cortó clavos hasta último momento por una visa para entrar a EEUU que no llegaba. Aterrizó en Las Vegas casi sobre la hora gracias a la gestión de un senador republicano amigo de Bob Arum, capo de Top Rank, con el tiempo justo para tirarse a dormir un rato, pesarse y subir al ring. La pelea en sí es historia conocida. Chaves y Rios se engancharon en un festival de llaves, cabezazos e infracciones de todo tipo hasta que el réferi perdió la paciencia y en el round 9 descalificó al argentino que iba un punto adelante en dos de las tres tarjetas. Cada cual puede darle a aquel desenlace el matiz que quiera, yo pienso que Chaves fue un irresponsable y que le faltó mentalidad, resto físico y esquina como para salir de ese embrollo y boxear el último tramo de pelea hacia un triunfo. Ojalá aquellas dos frustraciones hayan servido de aprendizaje y éste sábado veamos a un Chaves más maduro y ganador. Es ahora o nunca.

Ahora toca Tim Bradley (31-1, 12 KO). “Desert Storm” es mucho más que Rios y está más consolidado que Thurman. Es un top diez libra por libra en cualquier ranking que consultes. Bradley peleó con Peterson, Abregú, Devon Alexander, Casamayor, Pacquiao (dos veces), Provodnikov y Juan Manuel Márquez. Tremendo resúmen para un boxeador difícil de catalogar. Es versátil, sí. Y talentoso. Pero también es caprichoso e inestable. Capaz de ir y fajarse con Provodnikov a quien podría haber boxeado de punta a punta. Vivo como para anticipar mentalmente a Márquez, uno de los peleadores más inteligentes de los últimos 30 años. Engreído como para querer noquear a Pacquiao de un solo golpe en una revancha innecesaria. Pero su mejor logro, sin dudas, es haber revertido la imagen que quedó luego de que le regalaran la primera pelea con el filipino, algo inimaginable hace un año y medio cuando lo odiaba medio mundo. Bradley consiguió dejar todo eso atrás y silenciar las críticas. Si está en su mejor noche, deberían sobrarle herramientas como para pasar a Diego Chaves. Pero Bradley es voluble y a veces hace cualquiera. Si el californiano vuelve a errarle al plan de pelea y toma demasiados riesgos, las chances del argentino crecen.

En las preliminares, Mauricio Herrera (21-4, 7 KO) chocará contra el invicto José Benavidez (21-0, 15 KO) en 140 libras. Irán por un interinato de la AMB que ya tiene otros dos “campeones” en esta misma división, Danny Garcia y Jessie Vargas. Una joda. Herrera es un buen boxeador que busca alguna clase de revancha por lo que él y varios más consideraron un despojo contra García en marzo de este año. Benavidez por su parte es un prospecto interesante que hasta acá no peleó contra nadie. Herrera implica un desafío grande y va a ser interesante ver cómo responde Benavidez en este nivel. Completan la cartelera Andy Lee (33-2, 23 KO) y Matt Korobov (24-0, 14 KO) por el cinturón mediano que dejó vacante Peter Quillin por obediencia debida a su representante Al Haymon. A priori una velada sólida de HBO para cerrar el año. Transmite TyC Sports desde las 23h.

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A cinco minutos en auto del Cosmopolitan está el MGM Grand, con el casino más grande de todo Las Vegas y un estadio para casi 17 mil personas. Ahí, Amir Khan (29-3, 19 KO) y Devon Alexander (26-2, 14 KO) tratarán de convencer a Floyd Mayweather de que el ganador debe ser su próximo contricante. De hecho este combate ya se había propuesto en 2013 pero Khan no quiso firmar por esperar una chance que Mayweather terminó dándole al Chino Maidana dos veces. ¡JA! (?) De movida, por estilos, parece una pelea horrible. Alexander es un muchacho bastante amarrete y Khan, que de la mano de Freddie Roach supo ser un boxeador excitante, perdió su gracia entrenando en el gimnasio de Virgil Hunter. Ambos son apellidos importantes en las 147 libras, no digo que no, pero juntos el británico y el de Saint Louis no entusiasman.

Tampoco esperaría demasiado de las otras peleas en las que estarán volviendo al ring Keith Thurman, Abner Mares y Victor Ortiz. Thurman (23-0, 21 KO) no pelea desde abril por una lesión en un hombro y va contra un tal Leonard Bundu (31-0-2, 11 KO), campeón europeo welter con 40 años. Gracias Haymon otra vez. Por su parte Abner Mares (27-1-1, 14 KO) enfrentará a José Ramirez (25-4, 15 KO), también mexicano, quien trae 14 meses de inactividad después de perder por KO 4 en el debut profesional del crack ucraniano Vasyl Lomachenko. Ojalá Ramirez ofrezca resistencia como para ver dónde está parado Mares que está intentando rearmar su carrera ya sin Hunter en su esquina y con su antiguo entrenador Clemente Medina de regreso. La categoría pluma está que arde y Mares necesita un triunfo contundente para agarrar una pelea grande en 2015. Más temprano, Victor Ortiz (29-5-2, 22 KO) intentará otro regreso luego de tres derrotas por nocaut, una fractura de mandíbula y su aparición en Expendables 3 con Stallone y toda la banda. Su rival será el hawaiano Manuel Pérez (22-10-1, 4 KO), que tiene un récord anodino pero también experiencia y buen roce. Todas las peleas de Ortiz salen entretenidas independientemente del resultado, pero si no se pone serio y gana ésta puede ir despidiéndose del boxeo. Televisa Space desde las 0h y en HD en diferido una hora más tarde.

e.b.

Chris Algieri sueña despierto

10609539_10152358412010888_7793798152080035907_nManny Pacquiao (56-5-2, 38 KO) vuelve a Oriente para enfrentar a la aparición más inesperada del boxeo mundial en todo 2014, el neoyorquino hijo de madre argentina Chris Algieri (20-0, 8 KO). Surgen otra vez interrogantes en torno a la motivación del filipino, pero hay razones de sobra como para esperar una buena pelea en el Cotai Arena de Macao, China. Televisa Golden, canal 503 de DIRECTV.

Tal vez como nunca desde su combate con Oscar De La Hoya en 2008, Manny Pacquiao luce corrido del centro de la escena y lejos de las luces. Acaso sea el hecho de haber hecho toda la preparación en su terruño, General Santos, a contramano del resto del mundo. A lo mejor es porque todas sus otras actividades no paran de comerle tiempo y enfoque al Pac Man boxeador. O quizás porque ya sabemos todo de Pacquiao y, por primera vez en mucho tiempo, su adversario tiene una historia más interesante para contar.

Hasta hace diez meses Chris Algieri no era nadie. Un boxeador de tantos, con 30 años, sin trayectoria como amateur, que venía de una experiencia de otro palo en el kick boxing, deportivamente exitosa pero sin impacto en su bolsillo. Algieri no encaja en el relato típico del chico que creció en la calle con hambre, carencias y metido en mil quilombos. De hecho, Algieri es todo lo contrario. Un flaco educado que (todavía) vive con sus padres en Long Island y que eventualmente entendió que con el kick boxing no iba a trascender. En 2008 entonces dio el salto al boxeo y después de sus primeras diez peleas lo agarró un buen promotor como Joe DeGuardia, en 2010. Al mismo tiempo, Manny Pacquiao molía a palos a Antonio Margarito para ganar otro título en una octava división, algo inédito en la historia de este deporte.

Muchos señalan a aquella noche en el estadio de los Cowboys de Dallas como el primer indicio de retroceso en la campaña del filipino. Puntualmente se refieren al round 11 de la pelea, cuando Pacquiao ya había desfigurado a Margarito y por un instante miró al réferi Laurence Cole (Broner/Maidana) como preguntándole si hacía falta que siguiera pegándole al Tornado de Tijuana. ¿Cómo Manny Pacquiao, que se hizo un nombre desde bien abajo fajando a tipos como Barrera, Morales, Hatton, De La Hoya y Cotto, podía estar siendo piadoso con sus rivales? Algo tenía que estar andando mal. O no necesariamente, pasa que era un 2+2 hacer la conexión entre el Pac Man magnánimo, su conversión religiosa y su llegada a la política. Manny el fiestero, jugador, cantante y mujeriego fue perdiendo terreno contra un Pacquiao transformado, responsable padre de familia, fervoroso lector de la biblia y congresista por la provincia de Sarangani. Si estos cambios afectaron directamente o no su rendimiento arriba de los cuadriláteros sigue siendo tema de discusión aún hoy.

Para Algieri todo pasó muy rápido. Apareció en el mapa en febrero al ganarle a Emmanuel Taylor, un rival que meses después le daría muchísimo trabajo al talentoso pero conflictuado Adrien Broner. Luego, el 14 de junio, llegaría la gran chance para darse a conocer repentinamente. Esa noche el norteamericano dio el batacazo ganándole por puntos en una pelea muy cerrada al Rocky Siberiano, Ruslan Provodnikov, otro alumno de Roach. Algieri mostró temple de campeón, sobreviviendo a un primer round fatal de dos caídas, con su nariz rota y el ojo derecho grotescamente hinchado. En medio de toda esa adversidad, tuvo la mentalidad y la disciplina necesarias como para recomponerse y sacar la pelea adelante a partir de su boxeo ordenado y de una condición física suprema, contra un Provodnikov feroz pero frustrado y enceguecido por noquearlo de un sólo golpe. Así, Algieri tocaba el cielo con las manos en el Barclays Center de Brooklyn, a sólo 45 minutos en auto de su casa.

Pacquiao puede haber perdido poco o mucho de la espectacularidad que lo convirtió en estrella, pero todavía va. Después de una derrota tan shockeante como fue aquel nocaut contra Juan Manuel Marquez en 2012, pocos hubieran apostado que Pac Man podría pegarle una paliza de 36 minutos a Brandon Rios, un tanquecito. O que luego le ganaría con tanta claridad una revancha a Tim Bradley, acaso el mejor peso welter del mundo detrás de Manny y su eterno antagonista verbal, Floyd Mayweather. Pero Pacquiao ha sabido reinventarse y hacerle algunos pequeños ajustes a su boxeo de la mano de su maestro, el seis veces entrenador del año Freddie Roach. Sin embargo, su reciente estreno como técnico/jugador del KIA Sorento, un equipo de la PBA, la liga de básquet de Filipinas, vuelve a plantear dudas en torno al interés de Pacquiao por el boxeo. Roach se manifestó abiertamente en contra de que su pupilo jugara al básquet profesional a sólo un mes de pelear. Por su parte Bob Arum, presidente de la promotora Top Rank, no ocultó su disgusto y preocupación por el desastre financiero que hubiera ocasionado una lesión del filipino, con todo el dinero que implica montar una cartelera de esta envergadura en la otra punta del planeta. Algieri, de cara a la oportunidad de su vida, fue un poco más allá: “No sé si lo hace de arrogante o de estúpido, pero a mí no me pagan hasta después de la pelea así que más le vale no lesionarse.” Por suerte para todos no pasó nada. Manny jugó apenas 7 minutos en su debut, el 19 de octubre, no anotó puntos, cometióuna falta y tuvo dos pérdidas. Números poco alentadores aunque al menos ese día su equipo ganó, 80-66 al Blackwater Elite. Hoy sus compañeros deben estar esperando que Pacquiao vuelva a cambiarles el ánimo porque desde que él se fue a entrenar para la pelea, el KIA Sorento perdió los siete partidos que disputó y marcha penúltimo en la liga.

Hay elementos en torno a Chris Algieri que permiten pensar que estamos en presencia de un boxeador con potencial de estrella. Un pibe carismático, fachero, que se expresa bien en reportajes y deja siempre declaraciones interesantes. Es también un licenciado en nutrición que diseña su propia dieta, cocina sus comidas y usa las redes sociales para tirar consejos sobre cómo alimentarse mejor. Además, Algieri se muestra muy al comando de la situación, a tal punto que se sentó él personalmente, mano a mano con Arum, a negociar todo lo inherente a la pelea, desde el peso (se pactaron 144 libras, a mitad de camino entre súper ligero y welter) hasta los 1.7 millones que va a cobrar por enfrentar a Pacquiao. Su mejor bolsa anterior a ésta había sido de 115 mil dólares por el combate con Provodnikov, plata que usó para terminar de pagar sus estudios, arreglar la entrada y el techo de la casa de sus viejos y crear una beca para alumnos de su universidad. Todas estas son curiosidades que lo convierten en una figura interesante, llamativa, una rara avis. Pero por encima de los detalles destaca que Algieri es un enfermo total de la preparación física y que, además, boxea lindo. Es ordenado, rápido de manos, de gran agilidad en sus piernas para salir hacia los costados y suple la falta de pegada con buenas combinaciones y precisión en sus golpes. Hay una cosa como medio ochentosa en la manera de boxear de Chris Algieri. Si ya tocó su techo o todavía tiene más para dar, eso está por verse.

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Hace ocho peleas, cinco años, que Pacquiao no noquea a uno de sus oponentes y éste viene siendo desde hace un tiempo el tema de debate antes de cada pelea del filipino. Si Pac Man aún conserva aquel hambre, fuego sagrado o instinto asesino que lo llevaron a lo más alto. Aquella pasión por el boxeo hoy daría la impresión de estar puesta en el básquet, en la función pública, en su fe y en su familia, más que en las piñas. En defensa de Pacquiao, Scott Christ de Bad Left Hook argumenta que cinco de los seis rivales a los que el filipino enfrentó post Miguel Cotto (su último KO, en 2009), Clottey, Mosley, Marquez x2, Bradley x2 y Rios, nunca antes habían sido noqueados. Sólo Margarito había perdido antes del límite, una vez. Sería posible entonces concluir que Pacquiao ha enfrentado últimamente a rivales con aguante, a veces más grandotes, difíciles de poner out. Roach viene diciendo que Manny es chico para pelear en 147 libras y que da ventajas, que tendría que bajar a 140 o incluso hasta 135. Desatiende que hoy pelear en esas divisiones deja mucha menos guita que hacerlo en welter y la parte económica es determinante.

Desde 2012 que Pacquiao tiene serios problemas con el fisco. Le reclaman una deuda de impuestos superior a los 50 millones de dólares. Su estilo de vida definitivamente no ayuda. Tal vez Manny ya no viva de joda como antes, pero mantiene a una troupe de pastores, funcionarios, familiares, amigos, conocidos y no tanto, que están siempre alrededor suyo comiéndole la billetera. De hecho, Pacquiao llegó a China este martes en dos aviones con una comitiva de casi 400 personas que viajaron de arriba con todo pago. A días de la pelea, estos personajes irán a la habitación de Pacquiao a despertarlo en medio de la noche para leer la biblia y rezar. Todo esto a Roach lo pone de la cabeza, pero parece haberse resignado a no poder cambiarlo.

En el campamento de Chris Algieri todo iba normal y tranquilo hasta el momento del pesaje. Para la risa de todos, al capo de la nutrición y la vida sana se le escapó la tortuga y se pasó 0.2 libras de las 144 acordadas. Poquito sí, pero Algieri quedó mal parado y tuvo que ir a entrenar un rato más antes de volver y dar el peso al tercer intento. Habrá que ver si la cabeza le aguanta. No hay que olvidarse de que este pibe vive en el sótano de la casa de sus viejos y que hasta el año pasado sus peleas ni siquiera iban televisadas. ¿Tiene Algieri las herramientas como para complicar al mejor boxeador de los últimos diez años? Sí, definitivamente. Su juventud, su mayor estatura, sus brazos largos, su jab mecánico, sus desplazamientos muy fluidos sobre el ring, su altísima capacidad atlética y su inteligencia son valores ciertamente importantes. Pero sucede que Algieri no enfrentó nunca jamás a un oponente de la jerarquía del Pac Man, ni en el boxeo, ni en el kick boxing, ni en ninguna otra cosa que haya hecho en su vida. Por lo tanto la variable acá, definitivamente, pasará por cuán enfocado esté el filipino. Si Pacquiao está pila, Algieri, con todo respeto, no debería ganar más de tres asaltos contra la velocidad, la intensidad, la imprevisibilidad y la experiencia de un Manny enchufado. En cambio, si el filipino sale distraído y le da al americano la chance de boxear cómodo e imponer su plan de pelea, manteniéndose disciplinado y activo de punta a punta, sólo así, tal vez, Algieri empleando al máximo todas sus habilidades juntas podría dar el batacazo más grande de los últimos años.

Este sábado por la noche Manny Pacquiao buscará seguir extendiendo su legado. Chris Algieri querrá dar inicio al suyo.


En las peleas preliminares, Jessie Vargas (25-0, 9 KO) defenderá su cinturón de las 140 libras ante el mexicano Antonio DeMarco (31-3-1, 23 KO) en lo que es, a priori, el más interesante de los combates de respaldo. Más tarde, la sensación de Ucrania y doble oro olímpico Vasyl Lomachenko (2-1, 1 KO) expondrá su título pluma ante el tailandés Chonlatarn Piriyapinyo (52-1, 33 KO). Por último, el ídolo local y tres veces medallista olímpico Zou Shiming (5-0, 1 KO) combatirá por primera vez a doce vueltas, en peso mosca y frente a otro tailandés, Kwanpichit OnesongchaiGym (27-0, 12 KO).

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Unas horas antes en Tokio habrá otras dos peleas destacadas. El nicaragüense Román “Chocolatito” Gonzalez (40-0, 34 KO), campeón lineal mosca y uno de los mejores boxeadores libra por libra de la actualidad, enfrentará al filipino Rocky Fuentes (35-7-2, 20 KO), en tanto que el japonés Takashi Miura (27-2-2, 20 KO) irá contra el mexicano Edgar Puerta (23-4-1, 19 KO). Esta cartelera está prevista que dé inicio el sábado a las 4:45 AM hora argentina.

e.b.

La madre de todas las batallas

10661897_336291549875710_5917806369526035653_oBernard Hopkins (55-6-2-2, 32 KO) buscará seguir haciendo historia éste sábado cuando enfrente al tremendo noqueador ruso Sergey Kovalev (25-0-1, 23 KO), con tres cinturones de los Medio Pesados en juego. Un rato antes, el argentino Luis Carlos Abregú (36-1, 29 KO) abrirá la función haciéndole frente al invicto Sadam Ali (20-0, 12 KO). Transmite Combate Space desde las 0:30 hora argentina.

Aquello de que “los estilos hacen a las peleas” es una frase hecha pero no por ello menos cierta. Hopkins/Kovalev despierta intriga por los métodos y la personalidad de uno y otro. Es la vieja historia del boxeador contra el pegador, con una particularidad: Hopkins está a dos meses de cumplir cincuenta años de edad y no da señales de envejecimiento. Un fuera de serie desafiando al reloj y al orden preestablecido, en esta época en la que los mejores rara vez se enfrentan a los mejores. Es también Estados Unidos vs Rusia, el consagrado contra el sediento de gloria, la experiencia contra la fuerza bruta, el viejo contra el joven. Hopkins versus Kovalev es la madre de todas las batallas.

Hoy el panorama de la división está bastante claro. Adonis Stevenson es el campeón lineal de las 175 libras desde junio del año pasado, Hopkins la leyenda viviente y Kovalev el temible pegador. Son los tres apellidos que importan y, recientemente, a partir de ellos tres, fueron dándose situaciones que trascendieron la categoría y terminaron transformando el status quo del boxeo.

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Stevenson y Kovalev eran dos trenes que venían de frente, listos para chocar. Los dos venían arrancando cabezas por la misma cadena de TV y con promotores sin conflictos para trabajar juntos. Todo joya, hasta que aparece Al Haymon. Consejero de Floyd Mayweather y representante de unos 130 boxeadores más, Haymon ficha a Stevenson y le “sugiere” rechazar el contrato que HBO había ofrecido para cerrar la pelea con Kovalev. Yvone Michel, promotor de Stevenson, agradeció entonces la gentileza de HBO, plataforma clave en el armado de carrera del boxeador de Haití/Canadá, y en un comunicado de prensa afirma haber recibido una mejor propuesta económica para mudar las peleas de Stevenson a la competencia, Showtime. HBO lo tomó como una escupida en el ojo, tanto que ni se calentó por ejercer su derecho de poder empardar la oferta de la competencia y conservar al boxeador. Llevatelo.

Estalló todo. Algunos lobbistas no tardaron en pedir la cabeza de Ken Hershman, presidente del área de deportes de HBO, que optó por meter perfil bajo y capear el temporal. Al fin y al cabo, Hershman era el responsable por no haber fichado a Stevenson antes de que Haymon le comiera la cabeza al campeón. Mucho más impulsiva resultó Kathy Duva, CEO de Main Events, la promotora de Sergey Kovalev. Duva, una mujer fuerte y temperamental que heredó el negocio de su difunto marido Lou Duva hará cosa de veinte años, llevó todo a la justicia. Tenía evidencia suficiente de un preacuerdo suyo con Michel y HBO para que Stevenson y Kovalev pelearan entre sí antes de fin de año y que las intromisiones de Haymon y Showtime le habían ocasionado un daño económico. En la calentura, Duva también se encargó de dejar en claro varias veces que Stevenson había cruzado de vereda porque estaba “muerto de miedo” de pelear con el ruso.

Caída la posibilidad de pelear con Stevenson, Kovalev quedaba aislado y sin rivales de peso para encaminar su carrera. En marzo noqueó a Cedric Agnew y de aquella pelea lo que más se recuerda es la entrevista arriba del ring, ni bien terminó el combate. Apenas Max Kellerman, comentarista de HBO, mencionó el apellido Stevenson, Kovalev lo cortó en seco: “No me interesa hablar de Stevenson. Ese tipo es un cobarde. Y un pedazo de mierda.” Tranqui 120.

Mientras tanto, Stevenson sufría más de la cuenta en mayo para ganarle al polaco Andrzej Fonfara. Pero el hecho de ser el campeón, de tener a Haymon en la espalda y de pelear en Showtime lo dejaban a tiro de una unificación con el gran Bernard Hopkins. Pero ni Stevenson, ni Michel, ni Haymon se vieron venir lo que iba a pasar. Un Oscar De La Hoya recuperado de su adicción a las drogas volvió para pasar la escoba y recuperar el control de su compañía, Golden Boy Promotions. El primer paso, sacar a Richard Schaeffer, CEO y hombre fuerte en el día a día de la empresa, de estrecho vínculo con Haymon. El segundo, acercarse a Bob Arum, número uno de Top Rank, principal competidora de Golden Boy y conversar acerca de la posibilidad de ponerle fin a la guerra fría entre promotores que en los últimos años partió al boxeo en dos. Tercer paso, reestablecer relaciones con HBO, vínculo que estaba roto desde hacía más de un año y lapso durante el cual ningún boxeador de Golden Boy peleó bajo el cartel de HBO. Pero para poder recomponer esa sociedad, la cadena de TV necesitaba primero un gesto de buena voluntad por parte de De La Hoya. Entra Bernard Hopkins.

Hopkins, nacido en Filadelfia, a diez semanas de cumplir 50 años y con más de 30 peleas disputadas por algún cinturón. En un deporte que a veces se obsesiona con los récords, el “Alien” ya quebró varios. 20 defensas en peso Mediano, más que Carlos Monzon. Es además, y ante todo, el boxeador más ¿longevo?, ¿mayor?. Viejo. El boxeador más viejo en ganar un título y defenderlo hasta hoy, rompiendo la marca anterior de George Foreman. Monzón y Foreman. Pero por si no alcanzara con esos dos apellidos, BHop también es vencedor de Tito Trinidad, Oscar De La Hoya, Antonio Tarver, Winky Wright, Kelly Pavlik y Roy Jones, entre otros. Además de todos esos logros increíbles como boxeador, Bernard Hopkins es un hombre de negocios y socio minoritario de De La Hoya en Golden Boy Promotions. Si GBP tenía que volver a entrar a HBO, Hopkins era el indicado para cruzar el campo arriando la bandera blanca. En apenas unas horas Golden Boy, Main Events, HBO, Hopkins y Kovalev se pusieron de acuerdo en los detalles de un combate que marcaría oficialmente el cierre de las hostilidades entre Golden Boy y HBO. Bernard Hopkins enfrentaría a Sergey Kovalev el 8 de noviembre en (la decadente) Atlantic City. Y que se curtan Stevenson, Haymon y Showtime.

Para Sergey Kovalev ésta es la oportunidad de su carrera, la posibilidad de disipar el humo que generó con tanto nocaut a rivales medio pelo y demostrar que es una amenaza verdadera. No pasa todos los días que un apellido groso le dé la chance a otro que viene empujando para llegar. Y si no vean lo que ocurre con Gennady Golovkin. El kazajo es el mejor 160 libras del momento y es cada vez más popular, pero no va a tener legitimidad ni consenso hasta tanto no meta un triunfo consagratorio contra algún adversario de fuste, entiéndase Cotto o Canelo. Bueno, Kovalev tendrá ante Hopkins esa oportunidad que aún se le niega a GGG. Más le vale aprovecharla.

Kovalev es de esos boxeadores que eligieron para su carrera el camino del sacrificio. Y otra vez surge la comparación con Golovkin. Tipos que son un modelo a imitar por su profesionalismo y seriedad en el trabajo, que comprenden y aceptan los beneficios de entrenar en Estados Unidos, con mejores gimnasios, mejores entrenadores, mejores sparrings, aprendiendo el idioma y con la prensa cerquita para mostrarse siempre. Hace un par de semanas la mujer de Kovalev dio a luz y Sergey, enfocado en su campamento, no pudo acompañarla en el nacimiento de su hijo como hubieran querido. Si todo sale como el ruso y su equipo pretenden, tanto esfuerzo y privaciones habrán valido la pena. Pero no espero que Kovalev la tenga para nada fácil.

Hopkins tal vez sea el boxeador más cerebral del planeta. Sólo Floyd Mayweather podría empatarlo en ese rubro y creo que tampoco. El Alien conoce cada maña, cada truco, cada trampa y cada engaño de este deporte. Es un maestro de la estrategia, de hacer ajustes sobre la marcha, del moverse mucho pero con inteligencia, sin desgastarse, del pegar y desaparecer, de cambiar el ritmo constantemente, de hablarle al rival para sacarlo, de achicar y abrazar todas las veces que hagan falta sin importar el espectáculo, de ensuciar la pelea, de usar los codos, de quejarse con el réferi. Cada vicio del boxeo, Hopkins lo entiende y lo aplica a la perfección. Pero Kovalev pega que es un salvaje. ¿Podrá BHop a los 49 años parar a ese tanque ruso? Hopkins ya ha estado antes en situaciones así y su experiencia podría jugar nuevamente, por qué no, un papel determinante. Yo no apostaría en su contra.

Si algo no se discute es que Hopkins decidió tomar riesgos ante un enemigo más joven y más fuerte que él. Esto hay que destacarlo. En éste tiempo de combates cuidadosamente armados, a su edad, Hopkins tranquilamente podría pelear contra boxeadores de menor jerarquía y quién se animaría a cuestionarle algo. Por el contrario, eligió dar el ejemplo poniéndose su compañía al hombro y desafiando a uno de los bombarderos más impresionantes del momento, ése con el cual el campeón Stevenson no quiso saber nada. De ganar éste sábado por la noche, el de Filadelfia estaría escribiendo otra página más en la historia del boxeo, una muy gloriosa por cierto. Llegar a los 50 con tres cinturones y quedar a sólo un paso de repetir lo que logró hace una década, cuando noqueó a De La Hoya y unificó las cuatro fajas de peso Mediano.

Las posibilidades de Kovalev dependerán en buena medida de que trabaje mucho y pueda encontrar la distancia para que sus mazazos hagan daño. Hopkins, lógicamente, intentará evitarlo con sus piernas, cambiando el ritmo y eligiendo sus golpes. ¿Cuál será el plan de pelea del ruso? ¿Lleva un solo plan? Porque Hopkins tiene mil y el principal suele ser frustrar al tipo que tiene enfrente. Si a Kovalev no le salen las cosas bien de entrada, ¿tendrá la mentalidad como para mantenerse enfocado y no perderse entre las mañas de Hopkins? Piensen en Mayweather/Maidana I, en cómo el Chino salió a tirar y tirar, a estar activo para evitar que Floyd pudiera imponer su mejor boxeo. Ahora piensen en la revancha, en cómo Maidana de a ratos intentó querer anticipar mentalmente a Mayweather y regaló toda sorpresa e iniciativa. Y no, viejo, a estos monstruos no se les gana jugando al ajedrez sino faltándoles el respeto. Sea cual sea el resultado del combate del sábado, el mismo debería darnos respuestas y definiciones con respecto a cuán bueno es al fin de cuentas Sergey Kovalev.

bernard-hopkins-sergey-kovalev-weighin-19-photo-by-naoki-fukudaEn la pelea preliminar de la noche, el tucumano Luis Carlos Abregú volverá a subirse a un ring de los Estados Unidos para enfrentar al neoyorquino de raíces yemenitas Sadam Ali. Abregú viene haciendo las cosas bien, superó una lesión en su mano derecha y trabajó algunas semanas en Los Angeles, en el Wild Card Gym de Freddie Roach. Ali por su parte tiene velocidad, juventud y un recorrido sólido como amateur que incluye una presencia en Beijing 2008, pero como profesional todavía está verde. Enfrentar a Abregú es un salto enorme en cuanto a exigencia para Ali. La última vez que “El Potro” peleó contra una promesa de estas molió a palos al boricua Thomas Dulorme en 2012. Ojalá repita. Ganando ésta Abregú va a quedar muy bien posicionado para acceder a peleas y rivales importantes el año próximo.

e.b.