Nunca se fue

En una pelea que terminó siendo bastante más competitiva de lo que uno esperaba, Manny Pacquiao (59-6-2, 38 KO) venció por puntos en fallo unánime a Jessie Vargas (27-2, 10 KO) y recuperó el título welter de la OMB. 114-113 (Moretti), 118-109 (Trowbridge) y 118-109 (Feldman), las tarjetas. 

Siete meses después de anunciar su retiro para dedicarse de lleno a la política, el campeón en ocho divisiones Manny Pacquiao dejó por un rato su oficina en el senado filipino y volvió a pelear. Le ganó bien a Vargas (115-112 en mi tarjeta) que estuvo a la altura de los acontecimientos y dio batalla hasta el final.

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Tras un primer round de estudio y tanteo, comenzó a brillar el Pacman. Repiqueteó por todo el ring, volaba. Pegaba y salía para los costados, indescifrable para Vargas que en el segundo round se comió una zurda recta y terminó sentado en la lona. En el tercer asalto también hubo señales de un Pacquiao vintage, rápido, agresivo, afiladísimo. Hasta se tomó un segundo en plena acción para ver a Floyd Mayweather sentado en el ringside, sonreirle y levantarle las cejas, como preguntando por una revancha.

A partir del cuarto episodio Manny bajó la intensidad y Vargas pudo ordenarse y asentar un poco su plan de pelea inicial, aquel que Pacquiao le había tirado por la ventana con un arranque feroz. Vargas puso bien adelante su pierna izquierda y aseguró la distancia que más le convenía y que le permitió, cada tanto, sacar alguna derecha bien voleada que mantuviera a raya al senador filipino.

Hizo la mejor pelea que pudo Jessie Vargas, y fue más de lo que yo imaginaba en la previa. Tuvo corazón para reponerse de un arranque totalmente adverso y aunque su producción no haya sido espectacular no creo que él mismo pueda reprocharse nada. Simplemente le tocó a enfrentar a alguien mejor que él, que lo dominó con su velocidad y con la experiencia de 24 peleas mundialistas. Las esperanzas de Vargas dependían no sólo de dar su mejor actuación a la fecha sino también, y ante todo diría, de que Pacquiao tuviera al fin esa noche en que se viera viejo y más un político y un filántropo que un boxeador. No tuvo suerte Vargas, Manny demostró que todavía tiene cuerda para algo más.

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No sé cómo lo iría a éste Pacquiao hoy contra rivales de élite. Vargas no lo es; es un buen boxeador de segundo nivel y punto. Esto no le quita ningún mérito al triunfo ni a la vigencia del filipino, que a esta altura de su carrera podría seguir peleando contra tipos como Vargas un par de años más y por mí estaría todo bien. De hecho, si me apuran, creo que Pacquiao está entre los tres mejores boxeadores del año, junto con Carl Frampton y con quien gane la pelea entre Sergey Kovalev y Andre Ward, en dos semanas. El Pacman volvió de una cirugía y dominó a un top 3 (Bradley) y a un top 10 (anoche) de su categoría, y todo mientras pateaba su país para ganar una elección. Eso es mucho más de lo que otros jóvenes campeones produjeron éste año peleando poco o mucho pero contra rivales falopa. Para mí vale mucho más ésta victoria de Pacquiao sobre Vargas que la de Canelo ante Khan, por ejemplo, o la de GGG sobre Brook.

LA TARJETA DE ROUND CERO

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 TOTAL
Vargas 10 8 9 10 10 10 9 9 9 9 10 9 112
Pacquiao 9 10 10 9 9 9 10 10 10 10 9 10 115

Voy cerrando. Respeto para Jessie Vargas y ganas de ver a Pacquiao en algún momento del año que viene dedicándose ciento por ciento al boxeo durante ocho semanas para pelear con Terence Crawford, o con el ganador de Thurman/Garcia. No veo por qué una revancha con Mayweather podría ser diferente a la primera, pero si se hace yo me anoto.

Mientras tanto, le queda poco a 2016, un año lastimoso para el boxeo. Al menos lás ultimas semanas va a haber acción. Kovalev/Ward el 19 de noviembre y Lomachenko/Walters, el 26. Y en diciembre la postergada entre nuestro Jesús Cuellar y Abner Mares de Mexico, el 10, y la despedida de un grande de todos los tiempos como es Bernard Hopkins, el 17. Esperemos que esta seguidilla que comenzó con Pacquiao/Vargas marque un repunte y que el boxeo en 2017 vuelva a recuperar algo de brillo.

e.b.

Pacquiao vuelve: del congreso al ring

cwlighzwgaew-7bA seis meses de haber anunciado su retiro para dedicarse a la política full time, el campeón en ocho divisiones Manny Pacquiao (58-6-2, 38 KO) volverá a ponerse los guantes éste sábado, con mucho más para perder que para ganar. Enfrente tendrá a un rival discreto: el campeón OMB Jessie Vargas (27-1, 10 KO).

En un contexto de indiferencia y desinterés el Pacman vuelve de un alejamiento que, desde un principio, no convencía prácticamente a nadie. Su última pelea, en abril de éste año ante Timothy Bradley, había sido promocionada como la de la despedida. Pacquiao largaba el boxeo para meterse de lleno en la campaña para ser senador en su país Filipinas. Se dijo que si Manny ganaba una banca ya no podría desdoblar su tiempo entre el boxeo y la función pública, y que las obligaciones en el Senado exigían plena dedicación y compromiso de su parte, un conflicto que en su cargo anterior como congresista Pacquiao había sabido pilotear.

El 9 de mayo, exactamente un mes después de aquel triunfo ante Bradley (acaso su mejor actuación de los últimos 5 ó 6 años), Emmanuel Dapidran Pacquiao cosechó unos 16 millones de votos y diez días más tarde fue proclamado senador electo. El paso previo a una candidatura para presidente de su país de acá a unos años.


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Con la elección resuelta y la victoria en las urnas, no tardaron en aparecer las primeras especulaciones acerca de una vuelta de “Pacman” al ring. Inmediatamente su entorno se encargó de darle manija a los rumores y alimentar la posibilidad del retorno. No pasó mucho tiempo para que Pacquiao aceptara públicamente que la política tiene que ver con su vocación de servicio pero que el boxeo seguía siendo su gran pasión y que quería acomodar sus tiempos para volver a pelear. Podría decirse que aquello de la última pelea y el “retiro” fue simplemente una jugada para publicitar el combate con Bradley y para ganar también alguna simpatía extra en las urnas.

Se conoce que las finanzas de Manny Pacquiao son un desastre. Muchos de los millones que ganó como uno de los boxeadores más grandes de todos los tiempos los perdió. Reventó mucha plata en sus años de joda y excesos, regaló mucha más a la caridad y los amigos del campeón le comieron la billetera como a nadie. Ni siquiera los 150 millones de dólares que levantó en su combate récord con Floyd Mayweather en mayo de 2015 lo sacaron a flote y ahora vuelve más por necesidad que por demanda popular. Pocos desafíos ameritaban su regreso y un combate con Jessie Vargas definitivamente no figuraba en la lista de peleas soñadas de nadie. Aunque, para ser justos, tampoco es que desentone demasiado con la mediocridad de lo que fue éste 2016, un año marcado por un calendario de peleas muy liviano, presupuestos de tv recortados, combates previsiblemente desiguales como Canelo/Khan o Golovkin/Brook y caprichitos de todo tipo para que las peleas que uno espera sigan pateándose para adelante.


“Normalmente no miro otras peleas pero estaba en mi casa viendo Golovkin/Brook y de repente me sentí solo y triste. Pensé ‘yo sé lo que Brook tendría que estar haciendo para tener una chance.’ Ahí me di cuenta de que no estaba practicando más el deporte que amo. Si sé que todavía tengo la velocidad, la fuerza y la mentalidad, entonces ¿por qué no seguir? Estaba mirando la televisión y peleando ese combate en mi cabeza y eso me enganchó de nuevo. En ese momento supe que ya tenía tomada la decisión de volver.”

—MANNY PACQUIAO


Desde su primera aparición en EE:UU en junio de 2001, Pacquiao hizo 26 combates en suelo norteamericano. 25 de ellos fueron televisados. Ahora, nueve años y muchas consagraciones después de aquella única excepción sin tv, HBO que transmitió 24 de esas 25 peleas le dijo que no al filipino y a su promotora Top Rank de Bob Arum. ¿El motivo? La cadena no quiso saber nada con Pacquiao/Vargas faltando sólo dos semanas para transmitir Kovalev/Ward, una pelea cara y con atractivo e implicancias a futuro. Además, la imágen pública de Pacquiao en Estados Unidos no está en su mejor momento tras la pelea con Mayweather. Tanta espera, tanto agite, tantos millones y el producto final fue una batata que terminó hiriendo la popularidad de los protagonistas, decepcionó a los fanáticos del boxeo y espantó para siempre a los que pagaron y se asomaban por primera vez a ver qué onda.

Meses después en Filipinas, en plena campaña para senador, Manny hizo unos comentarios lamentables sobre los homosexuales comparándolos con animales. HBO tuvo que salir a despegarse de semejante salvajada y Nike le retiró un patrocinio que venía como de diez años. Pese a todo, Arum decidió redoblar la apuesta: va a producir y televisar de manera independiente toda la cartelera del 5 de noviembre. Así las cosas, Top Rank se guarda ese casi 8% de las ganancias que normalmente muerde HBO. Arum elimina al intermediario, sí, pero está por verse cómo le sale la jugada y qué tan buenos números pueda llegar a hacer vendiendo por internet una pelea que llama poco, a 60 dólares el pay per view y sin una cadena de televisión distribuyendo el contenido. Éxitos ahí, Bob.

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Francamente no espero sorpresas de este combate. Cuántas veces lo vimos a Pacquiao en cualquiera antes de una pelea, jugando al básquet, leyendo la biblia hasta las 4 de la mañana con cien chantas alrededor, haciendo campaña electoral, entrenando salteado en Filipinas, pero siempre o casi siempre le queda resto y talento como para hacer una buena actuación e irse ganador. No veo porque ésta vez tendría que ser la excepción. Vargas no es ni un Juan Manuel Marquez ni un Mayweather. Ni siquiera es un Tim Bradley, aunque a éste lo haya tenido casi nocaut el año pasado. Jessie Vargas es un boxeador bastante básico. Con hambre, sí. Y más joven también, casi once años menos que Manny. Pero no creo que le alcance. Él debe creer que sí, que llega bárbaro y que está para dar el batacazo, pero cuando pasen tres o cuatro rounds solito se va a dar cuenta que no. Éste no es un combate para que Vargas gane, en el último de los casos la pelea está ahí para que la pierda Pacquiao y rife prestigio si es que ésta vez, finalmente, tantas distracciones le coparon el cuerpo y la cabeza. No pasó antes y sencillamente no creo que ocurra tampoco éste sábado en el Thomas & Mack Center de Las Vegas.

El pronóstico es Manny Pacquiao ganador por puntos en doce asaltos completos.

e.b.

Epílogo

Es frustrante que luego de cinco años de ansiedad acumulada en torno a una pelea entre Floyd Mayweather y Manny Pacquiao, el debate hoy pase por la lesión del filipino en un hombro y cómo manejaron la situación su equipo y la Comisión Atlética del Estado de Nevada. Esto es todo lo que quedó de una pelea que no sobrevivió a las expectativas.

Ocho días antes del 2 de mayo puse un tuit en el que decía que me preocupaba la condición física de Pacquiao y que no lo veía al 100%. Llámenlo un pálpito. No tenía ningún dato concreto de que Manny estuviera en efecto lesionado, pero sí me pareció detectar algunas señales llamativas. Calambres en las piernas, que corriera en pista plana para no sobrecargar los gemelos, días de entrenamiento suspendidos, Freddie Roach boqueando muchísimo, un entrenamiento abierto para la prensa en el cual Pacquiao sólo hizo 5 minutos de sombra. Y luego todas las distracciones. Un Pacquiao absorbido por los compromisos promocionales y publicitarios que no paraba de dar notas, filmar comerciales y sacarse fotos con cada famoso que se acercaba a visitarlo. Mientras tanto Mayweather iba de su casa al gimnasio y del gimasio a su casa, sorprendentemente callado. Pura disciplina ante el desafío, a priori, más difícil de su carrera.


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De acuerdo a las declaraciones de Roach, Bob Arum y Michael Koncz, más un comunicado oficial que emitió Top Rank se puede reconstruir que Manny Pacquiao sufrió un desgarro en su hombro derecho, entre 20 y 30 días antes de la pelea (dependiendo de la versión) durante una sesión de sparring en Los Angeles. Que Pac Man fue llevado a una clínica a realizarse estudios y que los médicos le recomendaron un reposo breve, tratamiento con antiinflamatorios y seguimiento de la lesión. El equipo de Pacquiao contactó a USADA, la agencia encargada de llevar adelante todo el proceso de control antidoping previo al combate, para que aprobaran los medicamentos prescriptos. USADA autorizó su uso, Pacquiao retomó los entrenamientos y su hombro mejoraría con el correr de los días. Roach, sin embargo, habría aconsejado pedir la postergación de la pelea pero, según dijo, fue el propio Pacquiao quien insistió en seguir adelante con la preparación.

Veinticuatro horas antes de la pelea, la Comisión Atlética de Nevada les presentó a cada boxeador un formulario de rutina con preguntas básicas acerca de su condición física. Allí, Koncz enumeró los medicamentos que Pacquiao había tomado durante el último mes previo a la pelea, pero ante la requisitoria de si el boxeador filipino había sufrido alguna lesión en sus hombros, codos o manos, Koncz indicó que no. Una secuencia que recuerda a cuando a Lisa le sacan el título de Pequeña Señorita Springfield por culpa de Homero que escribió “bueno” en un espacio del formulario de inscripción que había que dejar en blanco. Inevitable referencia, ustedes disculpen.

Estaba previsto que a Pacquiao le infiltraran el hombro dos horas antes de la pelea, en su vestuario del MGM Grand Garden Arena. Sin embargo, representantes de la Comisión Atlética no dieron permiso para que le aplicaran la inyección basándose en el formulario presentado el día anterior según el cual, recordemos, Pacquiao no tenía ni había tenido ninguna lesión. Una torpeza de Koncz y, tal vez, un exceso de rigurosidad por parte de la Comisión y su director Francisco Aguilar siendo que USADA estaba al tanto del tratamiento de Pacquiao y de la medicación que estaba recibiendo. En un evento tan importante, tal vez un poco de flexibilidad por parte de Aguilar le hubiera hecho un favor al espectáculo. De todas formas, marche preso. La responsabilidad no era de Aguilar para ponerle onda sino de Koncz, que como asesor de Pacquiao hizo mal su trabajo y perjudicó directamente al boxeador que no pudo recibir la inyección en el hombro antes de subir a pelear. Volviendo a Roach, comentó que durante la entrada en calor, mientras hacían manoplas, sintió que todo estaba bien y que la derecha de Manny funcionaba perfecto. Al final, no duró. Después del sexto asalto Pacquiao le admitió a su entrenador que no podía usar su brazo derecho. Roach le preguntó si quería que parara la pelea y el filipino le dijo que no, que aún disminuído no sentía que Mayweather pudiera lastimarlo y que quería seguir hasta el final.

En un principio esto no se supo hasta bien tarde en la madrugada, minutos antes de que comenzara la conferencia de prensa posterior a la pelea. Ahí empezó a circular el rumor de que Manny había subido al ring lesionado. Visiblemente afectado, Pacquiao contestó a medias y en su inglés básico las preguntas de los periodistas. Luego, entre Roach y Arum blanquearon lo que había pasado. Koncz, a un costado, guardó silencio durante toda la conferencia.

Floyd Mayweather Jr., Manny Pacquiao

Ahora la Comisión advierte que podría multar a Pacquiao reteniéndole parte de la bolsa o incluso suspender al boxeador por no haber declarado la lesión. Además, ya entraron en los tribunales de Las Vegas varias demandas de particulares supuestamente damnificados por la condición física de Pacquiao, desde apostadores hasta aquellos que pagaron casi 100 dólares por ver la pelea en sus casas. No sé cuánto sustento pueda llegar a tener esto, imagino que no mucho. De ser así, el boxeo dejaría de ser sustentable. ¿Por qué no meterle también una denuncia a Sergio Martinez, si en la previa a su pelea con Miguel Cotto se cansó de decir por todos lados que estaba físicamente “once puntos” y al final su rodilla terminó aguantando, a lo sumo, un minuto y medio? ¿O a Chavez Junior, por haber ocultado antes de su combate con el mismo Maravilla que se había fumado un porro? Casos así hay a roletes, en el boxeo como en cualquier otro deporte. De todas maneras, los abogados de Top Rank ya deben estar elongando para salir a la cancha.

Todo lo que podía salir mal en el equipo de Pacquiao, salió mal. Roach muy enfermo, con dolores y delegando tareas. Su preparador físico Justin Fortune peleando contra un cáncer. Tener a Koncz como mano derecha, un tipo que no sabe marcar una cruz en un formulario y de quien nadie tiene nada bueno para decir. Arum que tiene cincuenta años como promotor y no le pudo torcer el brazo a Aguilar que lleva apenas 18 meses en la NSAC. Las lesiones en los boxeadores ocurren todo el tiempo. Son atletas de alto rendimiento que entrenan ocho, nueve, diez semanas a pleno y rara vez pueden llegar a la noche de la pelea con su cuerpo intacto, sin dolores, molestias o lesiones. A Pacquiao le tocó lesionarse justo antes del combate más importante de toda su carrera, eso no podía evitarse; toda la incompetencia, el desmanejo y las excusas que rodearon a este episodio patético, sí.

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Finalmente, Pacquiao fue intervenido en su hombro derecho este miércoles 6 en Los Angeles. La artroscopía fue un éxito, según informaron, y Manny necesitaría de 4 a 6 meses de rehabilitación y entre nueve meses y un año para volver a pelear.

Al final, pasó lo que tenía que pasar. Después de cinco años de idas y vueltas, hicieron todo a las apuradas, básicamente por un capricho de Mayweather que no quería renunciar a la tradición de pelear en Cinco de Mayo. Como dije en la previa, todo esto fue un gran quilombo y es prácticamente un milagro que la pelea haya llegado viva al sábado. Desacuerdos hasta el final entre Top Rank y Mayweather Promotions por las entradas, entre HBO y Showtime, entre el Team Pacquiao y la Comisión de Nevada. Egos de todos lados que pusieron en riesgo el evento deportivo más taquillero de todos los tiempos.

Mayweather dijo “una pelea más en septiembre y basta, me retiro”. Argumentó falta de pasión por el boxeo. También admitió que es humano y que podría arrepentirse. Y dos días más tarde le habría mandado un mensaje a un conductor de ESPN diciendo que no tenía problemas en darle la revancha en 2016 a Pacquiao recuperado. Honestamente, ¿cuánto mejor podría hacerlo Manny operado y con un año de inactividad encima? Mejor ni engancharse con esa idea.

La pelea no sólo no colmó las expectativas sino que hoy, más frío, me animo a decir que fue un fracaso. No en lo económico, claro está, eso es aparte. Megapeleas así se dan una vez cada diez o quince años. Todo el periodismo aparece para cubrir el acontecimiento y la gente vuelve a hablar de boxeo en el ascensor, en el bar o en las oficinas junto al bidón de agua, como les gusta decir a los americanos. Es la oportunidad que tiene muy cada tanto este deporte de captar la atención de un nuevo público, más masivo; de recuperar tradición y respeto. Nada de esto pasó porque la pelea no fue lo suficientemente buena como para que el que invitó a su casa a 3 ó 4 amigos para tomar unas cervezas y ver la pelea, vuelva a hacerlo el sábado que viene para mirar Canelo/Kirkland. O el otro fin de semana, para Golovkin/Monroe. En eso falló Mayweather/Pacquiao, en dejar enganchado al espectador casual para la próxima. Y por supuesto, también, en crear una sensación de perdurabilidad. Esta pelea va a envejecer mal. Tenía todo para ser Ali/Frazier y terminó siendo De La Hoya/Trinidad. Lástima.

e.b.

Habilidad sobre voluntad

Floyd Mayweather (48-0, 26 KO) siempre encuentra la manera de ganar. Le sacó una ventaja mental y física a Manny Pacquiao (57-6-2, 38 KO) y se quedó por puntos y en fallo unánime con la pelea que, para bien o mal, definirá el legado de uno y otro en este deporte.

Mayweather es un tiempista. Dentro del ring entiende como nadie cuándo debe pegar, cuándo cubrirse, cuándo recostarse contra las sogas, cuándo regular y cuándo apretar el acelerador. Fuera del cuadrilatero, conoce a la perfección cuándo es el momento ideal para pelear con cada uno de sus rivales. Manny Pacquiao fue por más de cinco años el único en situación de discutirle su liderazgo. Durante ese tiempo Mayweather supo mirar para otro lado cada vez que alguien le reclamaba porqué no aceptaba una pelea con el filipino. Con Al Haymon, su asesor en las sombras, esperaron el momento ideal en que el combate generara más dinero que nunca y, a la vez, tuviera en frente al Pac Man más venido a menos de toda su carrera. Si la pensás dos segundos, mejor no le podría haber salido.

Todavía no hay números oficiales de cuántas casas en Estados Unidos decidieron pagar 99.95 dólares para ver pelear a Mayweather con Pacquiao, pero seguramente fue un éxito comercial que superará cualquier expectativa. Un indicio: la pelea arrancó 45 minutos más tarde de lo previsto debido a la saturación del sistema para procesar los pedidos de pay-per-view. En nuestro país, la transmisión de TV Pública llegó a 31.6 puntos de rating un sábado a la madrugada y sin que peleara un argentino. Seguro, el boxeo está muerto, cómo no.

En la previa escribí que lo veía mejor a Floyd y que llegaba con una leve ventaja. Más enchufado. Más fresco, física y mentalmente, más allá de la diferencia de edad en su contra. Francamente, hubiera querido equivocarme. De los dos, Manny Pacquiao es, por lejos, mi boxeador favorito. Pero no podía dejar de lado las llamativas señales que veía de su campamento de entrenamiento en Los Angeles. Los calambres en las piernas, los días de descanso, su entrenador Freddie Roach hablando de querer cerrar con llave el gimnasio y sin embargo cada vez más gente, y más famosos pasando a saludar y a sacarse una foto. Y más entrevistas y más comerciales con la cara de Manny, más el basket allá en Filipinas, y su banca en el congreso, y su compromiso con Dios y con la Biblia. Demasiadas distracciones de cara a la que debía ser la pelea más importante de su vida.

Los primeros tres asaltos de Floyd Mayweather fueron brillantes. Si hubo un momento claro de dominio de parte de alguno de los dos a lo largo de la pelea fue ese. Floyd puso su pie izquierdo bien adelante y sacó partido de sus brazos más largos para prohibirle a Pacquiao achicar distancias. Arrancó totalmente descolocado Manny y no pudo ajustar hasta el round 4. Ahí Mayweather empezó a meterse en cuerdas y Pacquiao cuando pudo encontrarlo lo lastimó. Desde ese momento se abrió otra pelea y se fueron repartiendo los asaltos. Pacquiao volvió a conmover a Floyd en el sexto episodio pero, a pesar de haber emparejado el trámite, se notaba que a Manny le faltaba un plus como para quebrar a Mayweather. Se lo veía un poco duro y le faltó aquel quiebre de cintura capaz de desconcertar a quien tuviera enfrente. Los dos estuvieron lejos de su mejor versión. Pacquiao tiró menos que nunca y falló más de la cuenta. Mayweather abusó del modo supervivencia. Cauto, pedaleó mucho para atrás y eligió cada uno de sus golpes tratando, como siempre, de no regalar nada.

Concedo que los dos están en un declive. Anoche sí vi a un Mayweather disminuído, aunque todavía capaz de paliar cualquier merma física con su inteligencia superior arriba del ring. Pacquiao claramente ha perdido uno o dos escalones. Justo ahora que parecía haber recuperado un poco de ese fuego y esa alegría de antes, su condición física lo abandonó. Las estadísticas de Compubox resultan elocuentes. En sus doce combates previos a éste, el filipino promedió 786 golpes tirados por pelea. Anoche ese número bajó, drásticamente, a 429, esto es 357 golpes por debajo de su media. En la conferencia de prensa posterior al combate, su promotor Bob Arum reveló que Manny venía arrastrando un desgarro en su hombro derecho y que la Comisión Atlética de Nevada no dejó que le aplicaran una inyección de lidocaína antes de la pelea para calmar el dolor. Este tipo de excusas no suelen caer bien entre los fanáticos. Hay que ponerle dignidad tanto a la victoria como a la derrota.

La bautizaron “La Pelea del Siglo” y aunque no fue mala, no estuvo a la altura de el uno y el dos del mundo. Quedó lejos en cuanto a calidad y emotividad de combates históricos como Ali/Frazier o aquellas de los ’80 con Leonard, Hagler, Hearns y Durán. Terminó siendo, según mi apreciación, una pelea bastante más pareja de lo que reflejaron las tarjetas de los jurados. Un fallo unánime con dos jueces que fallaron 116-112 y un zarpado que dio 118-110. Yo por televisión vi un empate, seis asaltos para cada uno, pero acepto que de haber un ganador ese debía ser Mayweather. No tendría problemas con una tarjeta de 7 rounds a 5. Pero 8 a 4 y ni hablar 10 a 2 me parecieron demasiado amplias, exageradas. [Storify: #MayPac round por round]

La tarjeta de ROUND CERO

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 TOTAL
Mayweather 10 10 10 9 10 9 10 9 9 9 10 9 114
Pacquiao 9 9 9 10 9 10 9 10 10 10 9 10 114

Para Floyd queda una pelea más en septiembre y basta, dijo. Lleva un tiempo avisando que perdió la pasión por el boxeo. También dijo que en los próximos días va a dejar vacantes todos sus cinturones para darles la chance a los que vienen detrás de pelear por un título. “Money” es el villano perfecto porque se nutre del odio que despierta entre los fanáticos, como un luchador de la WWE. En él conviven un boxeador extraordinario y un personaje despreciable.

Mayweather estará viviendo su hora más dulce, disfrutando el triunfo que definirá su legado. Pacquiao ya debe estar haciendo eso que lo hace más feliz, ir al templo a rezar con su esposa y sus hijos. Es el final de esta historia dominada por la habilidad de Floyd Mayweather para imponer sus condiciones, sus tiempos y su talento por sobre la voluntad de Manny Pacquiao y los otros 45 boxeadores que antes intentaron lo imposible: ganarle a quien, nos guste o no, debe ser reconocido como el mejor de esta época.

e.b.

Mayweather/Pacquiao: se para el mundo

CAzA2lnWwAAwCHpDespués de más de cinco años de idas y vueltas, finalmente, Floyd Mayweather (47-0, 26 KO) y Manny Pacquiao (57-5-2, 38 KO) se subirán a un ring para definir quién de los dos es el boxeador más grande de esta época. Transmite TV Pública para todo el país desde las 22h.

Esta historia arranca en el año 2009, con Manny Pacquiao en el momento más alto de su carrera después de noquear a Oscar De La Hoya, Ricky Hatton y Miguel Cotto en sólo once meses. Mayweather, aburrido, se había retirado del boxeo, pero al volver y ganarle de punta a punta a Juan Manuel Marquez, una pelea con Pacquiao parecía lógica e inevitable. Acá es cuando lo que debería haber sido fácil se complica y arranca todo el puterío, las negociaciones caídas, las acusaciones cruzadas y los abogados.

Se conoce que en 2010 estaba todo encaminado como para que la pelea se concretara, pero a último momento, Mayweather comenzó con las extravagancias y pidió que los controles antidoping incluyeran extracciones de sangre hasta 24 horas antes del combate. El bando filipino rechazó las exigencias de Floyd con algo de razón. Pacquiao nunca había dado positivo en un control y los reclamos de Mayweather parecían apuntar más a ensuciar al Pac Man y boicotear la pelea que a darle transparencia. El descargo de la gente de Pacquiao fue que Manny no tenía problemas en dar muestras de orina en cualquier momento y de sangre hasta un mes antes del combate e inmediatamente después del mismo, pero no un día antes de pelear porque, sentía, sacarse sangre lo dejaba débil. Una respuesta cuanto menos torpe. Mayweather, al final, se salió con la suya. La pelea se cayó y la imagen de Pacquiao quedó tocada. La siguieron en tribunales.

Dos años después, en 2012, Mayweather hizo otra para la tribuna. Llamó por teléfono al filipino directamente para ofrecerle pelear con él por una bolsa fija de 40 millones de dólares. Bajo estos nuevos términos, a Pacquiao no le tocaba ni un centavo de lo que el combate generara por venta de PPV, cifra que éste sábado podría superar los 300 millones. “Le ofrecí más dinero del que nunca había ganado en toda su carrera” comentó Mayweather, pero su propuesta era claramente una tocada de culo. Pacquiao la desestimó aclarando que no subiría al ring por menos del 45% y que, por las dudas, ya no tenía ningún drama con sacarse sangre incluso el día anterior a la pelea.

Más tarde ese año, Mayweather fue sentenciado a tres meses de prisión por golpear y amenazar de muerte a su ex, Josie Harris, delante de los tres hijos que tuvieron juntos. Insólitamente, la Justicia del Estado de Nevada le concedió una prórroga especial en la fecha de entrada a la cárcel para que Floyd pudiera enfrentar a Miguel Cotto. Tal es la relevancia de Mayweather para la economía de Las Vegas. Una vez adentro sólo cumpliría dos tercios de la condena, beneficiado por buena conducta. Para Pacquiao, 2012 también fue un mal año. En junio le robaron un triunfo clarísimo sobre Timothy Bradley y en diciembre Manny sufriría la derrota más dura de su carrera, descuido y nocaut a manos de Juan Manuel Marquez, su rival eterno.

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Si hasta ahí un combate entre Mayweather y Pacquiao había sido imposible de realizar, las cosas se complicaron todavía más en 2013, cuando Floyd anunció que abandonaba la pantalla de HBO después de quince años para cruzar de vereda y firmar exclusividad con Showtime, que le garantizaba más de 200 millones de dólares por la transmisión de sus próximas seis peleas. Despechados, en HBO reaccionaron anunciando que no volverían a trabajar con ningún peleador de Golden Boy o que fuera representado por Al Haymon, el consejero en las sombras de Floyd Mayweather. El boxeo quedaba así partido en dos, rehén de una guerra entre canales de televisión y promotores que bloqueaba no sólo la posibilidad de ver Mayweather/Pacquiao, sino también cualquier otra pelea entre un boxeador de Bob Arum (Top Rank, cercana a HBO) y uno de Oscar De La Hoya (Golden Boy, afiliada a Showtime). Floyd les ganaba en mayo a Robert Guerrero y en septiembre a Canelo Alvarez. El filipino volvería recién en noviembre, con una victoria indiscutible sobre Brandon Rios, un rival a medida.

2014 es el año clave porque Mayweather y Pacquiao empiezan a vender cada vez menos y se quedan sin alternativas. Floyd, sin rivales competitivos, le da una revancha innecesaria a Maidana y Pacquiao, después de vengar aquella derrota ante Bradley, se fue a China para tirar seis veces a un Chris Algieri desconocido para el público en general. A Showtime los números ya no le cierran. Hicieron una inversión impresionante en Mayweather que en un principio les sirvió para posicionarse como competencia sólida de HBO pero ahora están yendo a pérdida con el deportista mejor pago del mundo.

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Entra Les Moonves, presidente de CBS, empresa madre de Showtime. Un mozo del lugar en el que Moonves suele cenar en Los Angeles le cuenta al empresario que su hijo practica boxeo en el gimnasio del entrenador de Manny Pacquiao, Freddie Roach, y que él podría gestionarle una reunión con Roach para ver si una pelea del filipino con Mayweather todavía es viable. Moonves accede. Se junta con Roach primero, luego con Arum, después sienta a Arum con Haymon que se odian pero no son boludos y así, despacito, la pelea va tomando forma. Faltaba la tele. Pacquiao es de HBO y Mayweather de Showtime, por lo que las dos compañías deberían volver a trabajar de manera conjunta en la transmisión, algo que sólo habían hecho una vez para Lewis/Tyson, en 2002. También faltaba el ok de Mayweather, que esta vez no volteara las negociaciones haciendo alguna de las suyas.

2522F59A00000578-2929269-The_pair_pictured_together_for_the_first_time_spoke_and_swapped_-m-3_1422444809738Floyd se quedó en el molde mientras la televisión cerraba detalles. Para ese entonces, del lado de Pacquiao ya habían aceptado la parte más chica de un reparto 60/40, la fecha de la pelea, el lugar, los controles anti doping, todo. Esto terminó de encaminarse el 27 de enero de este año. Pacquiao estaba en Miami participando como jurado del concurso de Miss Universo y cuando quiso tomarse el avión de vuelta a Filipinas todos los vuelos habían sido cancelados por una tormenta. Teniendo que quedarse una noche más, eligió matar tiempo yendo a ver Bucks vs. Heat, un partido de la NBA al que también había ido Floyd Mayweather. Algunos dicen que fue pura casualidad, otros sostienen que estuvo todo armado. No importa. Las cámaras los enfocaron, ellos se vieron, se saludaron, cruzaron dos palabras, agendaron teléfonos y se despidieron para seguirla un rato más tarde en privado. Reunión cumbre, mano a mano en el hotel donde paraba Pacquiao. Tres semanas después, el 20 de febrero, Mayweather le sacaba una foto al contrato firmado y la colgaba en las redes sociales, poniéndole fin a las especulaciones y oficializando la pelea que tomó cinco años en hacerse realidad.

Para que esto funcionara todos iban a tener que tragarse un sapo. Arum no se lleva con Haymon, ni con Mayweather, ni con el uno del MGM. Showtime y HBO son archirrivales. Floyd no se banca a Arum, su ex promotor. Mayweather padre y Freddie Roach se picantean cada vez que pueden. HBO tampoco quería saber más nada con Haymon ni con Floyd y acá estamos. Showtime resiente a Arum de la vez que llevaron a Pacquiao para pelear con Mosley y Top Rank se lo llevó enseguida de vuelta a HBO. Esto es un gran quilombo y como tal créanme que es un milagro que se haya concretado y siga en pie. Faltando nueve días para la pelea no había entradas. No, no es que no quedaran, no había, no existían porque no podían ponerse de acuerdo en cómo se las iban a repartir. Todos problemas. Al final, apenas 500 localidades salieron a la venta para el público. Lógicamente, volaron en menos de dos minutos y la reventa es un descontrol. Consultado sobre si anticiparía una revancha, Arum sentenció que si dependiera sólo de él “no volvería a pasar por todo esto nunca más ni en un millón de años. Es la peor pesadilla que haya vivido en todos mis años como promotor de boxeo.”

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Están los que dicen que este combate llega tarde, que ya no interesa tanto como hace cinco años. Verso. Es la pelea más importante de los últimos, diría, 25 o 30 años. De Hagler/Leonard para acá, ninguna otra se le compara. Nada garantiza que de haberse enfrentado allá por 2010 hubieran dado una pelea mejor que ahora. En todo caso podrá lamentarse que tanto tironeo nos haya privado de lo que, con tiempo, podría haber sido una trilogía de peleas históricas como fueron Leonard/Durán o Ali/Frazier, pero ya está. ¿Y quién dice que en mayo de 2015 Mayweather y Pacquiao no puedan dar una buena pelea? Floyd perdió un poquito de agilidad y se recuesta contra las cuerdas con mayor frecuencia. Cubre el mentón con su hombro y desde ahí bloquea, esquiva y elige sus disparos como un francotirador con su rifle desde una ventana. Manny en cambio pelea como si tuviera una ametralladora, tirando ráfagas de 5, 6 o más golpes, aunque sin la precisión quirúrgica de Mayweather. Algunas de sus balas van a seguir de largo y otras van a entrar.


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Mayweather/Pacquiao: The Legends Speak


Sucede que Pacquiao hoy se ha convirtido en una celebridad que boxea. En él conviven el congresista, el jugador de basket, el cantante, el que se mete en una inundación para ayudar a los que menos tienen, el ferviente lector de la biblia y, todavía, el boxeador. Tiene a todo un país detrás. Pero aunque sigue siendo un crack, hace rato que perdió un poco de su esencia arriba del ring. Le mirás la cara la vez que lo afanaron contra Bradley en 2012 y es prácticamente la misma que cuando le ganó dos años después. Como si le diera igual ganar o perder. Está en otra. Ahora, ¿puede ganar? Más vale.

Floyd Mayweather esquivó a este filipino de un metro con sesenta y nueve centímetros durante cinco años por algo más que ego. Le teme. Siente que Pacquiao más que nadie amenaza lo más preciado que tiene: su invicto y ese poder presumir de que es el mejor de todos los tiempos, aunque no lo sea. Habiendo sido a lo largo de toda su carrera tan meticuloso en los tiempos y en la elección de sus rivales, una de las preguntas a responder es si Mayweather va a enfrentar a Pacquiao porque no le quedó otra o porque ya ve a Manny lo suficientemente vulnerable como para arriesgarse a tomar el combate que estuvo evitando durante el último lustro.

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¿Cómo hace Pacquiao para ganarle a Mayweather? Trabajando mucho. Precisa mantenerse activo, ganar rounds, obligar a Floyd a salirse de su libreto y tomar algunos riesgos. El juego de pies del filipino será fundamental. Necesita sus piernas al 100%. Si vuelven los calambres, chau, se acabó. El Pac Man necesita pelear en puntas de pie, estar rápido, amagar mucho y entrar por sorpresa, pegando combinaciones desde la media distancia y salir volando hacia los costados. En otras palabras, Manny necesita una actuación de otra época. Pacquiao no es Maidana, tiene otros argumentos y un estilo que lo hace único. El filipino no puede ni debe hacer una pelea de fricción como la que plantearon el Chino o Cotto contra Mayweather. No porque eso no dé resultados contra Floyd, de hecho creo que esa sigue siendo la mejor estrategia para complicar a Mayweather. Acorralarlo, deslucirlo, ensuciar la pelea y tirarle con todo hasta que a alguno de los dos se le caigan los brazos y no pueda más con su vida. Pero como decía antes, Pacquiao no es ese tipo de boxeador y necesita tomar la iniciativa con otras herramientas, las suyas. Movilidad, velocidad, puntería y variantes para evitar que Floyd lo descifre, haga ajustes y domine, como hace siempre. El tema es si Manny llega con la condición física, la frescura y la mentalidad como para agarrar la manija de la pelea y ganar asaltos, de a uno por vez. También dependerá, en alguna medida, de que en Mayweather se acentúe ese declive sutil que, para algunos, mostró en sus últimos combates. En cambio, si Floyd está con todas las luces encendidas, las chances de Pacquiao se achican.11045399_10155485782935354_7894171660011141437_o

Mayweather parece haberse tomado todo el proceso de preparación para esta pelea muy en serio. Apagó al personaje, al “Money”, se alejó de los escándalos y se puso a trabajar con el rigor y la intensidad de siempre más algunos cambios bastante polémicos. Primero incorporó a su equipo a Alex Ariza, el ex preparador físico de Pacquiao y de Maidana que fue echado de la esquina de estos dos. Ariza en un principio da resultados; luego, si no se lo sabe manejar, se vuelve un bardo incontrolable. Veremos cómo resulta esta vez. Luego sumó a Bob Ware, otro preparador físico al cual le asignó la sensible tarea de vendar sus manos frágiles. Si Ariza es un tipo controvertido, Ware no se queda atrás. En mayo de 2013 J’ Leon Love, un protegido de Floyd, dio positivo en un control antidoping y admitió ante la Comisión Atlética de Nevada haber tomado un diurético para cortar peso, una sustancia prohibida que también suele utilizarse para tapar el uso de esteroides. Indagado al respecto, Love reveló que el diurético se lo había suministrado (adivinen quién) Bob Ware. Para hacerla completa, Angel “Memo” Heredia, preparador físico de Juan Manuel Marquez y confeso consumidor y repartidor de anabólicos a deportistas durante el escándalo BALCO, anduvo por el gimnasio de Mayweather. Heredia dice haber conversado con su colega Ariza a raíz de una inquietud por conseguir mayor potencia en la pegada de Floyd y qué cosas se le ocurrían a “Memo” para mejorar en ese aspecto puntual de la preparación. No aclares que oscurece. Un entorno bastante turbio para alguien que se jacta de querer limpiar el deporte de tramposos.

De no mediar polémicas ni fallos discutidos, ganará el que esté más fresco física y mentalmente. Me inclino a pensar que ese es Floyd Mayweather. Estuvo muy metido durante su campamento de entrenamiento y casi ni abrió la boca a lo largo de toda la preparación. “Nunca en mi vida tuve tantas ganas de ganar una pelea como ésta”, dijo, y uno no puede hacer otra cosa que no sea creerle. Pacquiao, en cambio, anduvo de acá para allá, dando notas, sacándose fotos, filmando comerciales y saludando famosos. Casi que cargó él solo con todo el peso de promocionar la pelea mientras Mayweather se brindaba exclusivamente a entrenar. Tantas distracciones a este nivel pueden pagarse caro y, justamente, en la dedicación y aplicación al trabajo puede estar la clave y la ventaja para Floyd.

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Manny Pacquiao y Floyd Mayweather son el agua y el aceite. Dos figuras antagónicas. Uno, un tipo sencillo que surgió de la miseria más profunda y que encontró en el boxeo la única posibilidad de alimentar a su familia. El otro heredó el oficio, depuró su talento y se convirtió en un personaje tan frívolo como brillante y cerebral arriba del cuadrilátero. Esta historia tiene a un bueno y a un malo, y los dos se sienten cómodos con el papel que les tocó.

Cuenta regresiva para la pelea que definirá el legado de uno y otro. Yo ya estoy imaginándome lo que va a ser. El estadio lleno. Jimmy Lennon Jr y Michael Buffer, los dos juntos presentando a los boxeadores. El pasillo hacia el ring. Kenny Bayless dándoles las últimas indicaciones. Esos segundos de drama antes de que suene por primera vez la campana. Y la esperanza, el deseo, de que Mayweather/Pacquiao sobreviva a esos cinco años de expectativas, que salga un gran espectáculo y que nos quedemos hablando de esta pelea por los siglos de los siglos. Amén.

e.b.

Chris Algieri sueña despierto

10609539_10152358412010888_7793798152080035907_nManny Pacquiao (56-5-2, 38 KO) vuelve a Oriente para enfrentar a la aparición más inesperada del boxeo mundial en todo 2014, el neoyorquino hijo de madre argentina Chris Algieri (20-0, 8 KO). Surgen otra vez interrogantes en torno a la motivación del filipino, pero hay razones de sobra como para esperar una buena pelea en el Cotai Arena de Macao, China. Televisa Golden, canal 503 de DIRECTV.

Tal vez como nunca desde su combate con Oscar De La Hoya en 2008, Manny Pacquiao luce corrido del centro de la escena y lejos de las luces. Acaso sea el hecho de haber hecho toda la preparación en su terruño, General Santos, a contramano del resto del mundo. A lo mejor es porque todas sus otras actividades no paran de comerle tiempo y enfoque al Pac Man boxeador. O quizás porque ya sabemos todo de Pacquiao y, por primera vez en mucho tiempo, su adversario tiene una historia más interesante para contar.

Hasta hace diez meses Chris Algieri no era nadie. Un boxeador de tantos, con 30 años, sin trayectoria como amateur, que venía de una experiencia de otro palo en el kick boxing, deportivamente exitosa pero sin impacto en su bolsillo. Algieri no encaja en el relato típico del chico que creció en la calle con hambre, carencias y metido en mil quilombos. De hecho, Algieri es todo lo contrario. Un flaco educado que (todavía) vive con sus padres en Long Island y que eventualmente entendió que con el kick boxing no iba a trascender. En 2008 entonces dio el salto al boxeo y después de sus primeras diez peleas lo agarró un buen promotor como Joe DeGuardia, en 2010. Al mismo tiempo, Manny Pacquiao molía a palos a Antonio Margarito para ganar otro título en una octava división, algo inédito en la historia de este deporte.

Muchos señalan a aquella noche en el estadio de los Cowboys de Dallas como el primer indicio de retroceso en la campaña del filipino. Puntualmente se refieren al round 11 de la pelea, cuando Pacquiao ya había desfigurado a Margarito y por un instante miró al réferi Laurence Cole (Broner/Maidana) como preguntándole si hacía falta que siguiera pegándole al Tornado de Tijuana. ¿Cómo Manny Pacquiao, que se hizo un nombre desde bien abajo fajando a tipos como Barrera, Morales, Hatton, De La Hoya y Cotto, podía estar siendo piadoso con sus rivales? Algo tenía que estar andando mal. O no necesariamente, pasa que era un 2+2 hacer la conexión entre el Pac Man magnánimo, su conversión religiosa y su llegada a la política. Manny el fiestero, jugador, cantante y mujeriego fue perdiendo terreno contra un Pacquiao transformado, responsable padre de familia, fervoroso lector de la biblia y congresista por la provincia de Sarangani. Si estos cambios afectaron directamente o no su rendimiento arriba de los cuadriláteros sigue siendo tema de discusión aún hoy.

Para Algieri todo pasó muy rápido. Apareció en el mapa en febrero al ganarle a Emmanuel Taylor, un rival que meses después le daría muchísimo trabajo al talentoso pero conflictuado Adrien Broner. Luego, el 14 de junio, llegaría la gran chance para darse a conocer repentinamente. Esa noche el norteamericano dio el batacazo ganándole por puntos en una pelea muy cerrada al Rocky Siberiano, Ruslan Provodnikov, otro alumno de Roach. Algieri mostró temple de campeón, sobreviviendo a un primer round fatal de dos caídas, con su nariz rota y el ojo derecho grotescamente hinchado. En medio de toda esa adversidad, tuvo la mentalidad y la disciplina necesarias como para recomponerse y sacar la pelea adelante a partir de su boxeo ordenado y de una condición física suprema, contra un Provodnikov feroz pero frustrado y enceguecido por noquearlo de un sólo golpe. Así, Algieri tocaba el cielo con las manos en el Barclays Center de Brooklyn, a sólo 45 minutos en auto de su casa.

Pacquiao puede haber perdido poco o mucho de la espectacularidad que lo convirtió en estrella, pero todavía va. Después de una derrota tan shockeante como fue aquel nocaut contra Juan Manuel Marquez en 2012, pocos hubieran apostado que Pac Man podría pegarle una paliza de 36 minutos a Brandon Rios, un tanquecito. O que luego le ganaría con tanta claridad una revancha a Tim Bradley, acaso el mejor peso welter del mundo detrás de Manny y su eterno antagonista verbal, Floyd Mayweather. Pero Pacquiao ha sabido reinventarse y hacerle algunos pequeños ajustes a su boxeo de la mano de su maestro, el seis veces entrenador del año Freddie Roach. Sin embargo, su reciente estreno como técnico/jugador del KIA Sorento, un equipo de la PBA, la liga de básquet de Filipinas, vuelve a plantear dudas en torno al interés de Pacquiao por el boxeo. Roach se manifestó abiertamente en contra de que su pupilo jugara al básquet profesional a sólo un mes de pelear. Por su parte Bob Arum, presidente de la promotora Top Rank, no ocultó su disgusto y preocupación por el desastre financiero que hubiera ocasionado una lesión del filipino, con todo el dinero que implica montar una cartelera de esta envergadura en la otra punta del planeta. Algieri, de cara a la oportunidad de su vida, fue un poco más allá: “No sé si lo hace de arrogante o de estúpido, pero a mí no me pagan hasta después de la pelea así que más le vale no lesionarse.” Por suerte para todos no pasó nada. Manny jugó apenas 7 minutos en su debut, el 19 de octubre, no anotó puntos, cometióuna falta y tuvo dos pérdidas. Números poco alentadores aunque al menos ese día su equipo ganó, 80-66 al Blackwater Elite. Hoy sus compañeros deben estar esperando que Pacquiao vuelva a cambiarles el ánimo porque desde que él se fue a entrenar para la pelea, el KIA Sorento perdió los siete partidos que disputó y marcha penúltimo en la liga.

Hay elementos en torno a Chris Algieri que permiten pensar que estamos en presencia de un boxeador con potencial de estrella. Un pibe carismático, fachero, que se expresa bien en reportajes y deja siempre declaraciones interesantes. Es también un licenciado en nutrición que diseña su propia dieta, cocina sus comidas y usa las redes sociales para tirar consejos sobre cómo alimentarse mejor. Además, Algieri se muestra muy al comando de la situación, a tal punto que se sentó él personalmente, mano a mano con Arum, a negociar todo lo inherente a la pelea, desde el peso (se pactaron 144 libras, a mitad de camino entre súper ligero y welter) hasta los 1.7 millones que va a cobrar por enfrentar a Pacquiao. Su mejor bolsa anterior a ésta había sido de 115 mil dólares por el combate con Provodnikov, plata que usó para terminar de pagar sus estudios, arreglar la entrada y el techo de la casa de sus viejos y crear una beca para alumnos de su universidad. Todas estas son curiosidades que lo convierten en una figura interesante, llamativa, una rara avis. Pero por encima de los detalles destaca que Algieri es un enfermo total de la preparación física y que, además, boxea lindo. Es ordenado, rápido de manos, de gran agilidad en sus piernas para salir hacia los costados y suple la falta de pegada con buenas combinaciones y precisión en sus golpes. Hay una cosa como medio ochentosa en la manera de boxear de Chris Algieri. Si ya tocó su techo o todavía tiene más para dar, eso está por verse.

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Hace ocho peleas, cinco años, que Pacquiao no noquea a uno de sus oponentes y éste viene siendo desde hace un tiempo el tema de debate antes de cada pelea del filipino. Si Pac Man aún conserva aquel hambre, fuego sagrado o instinto asesino que lo llevaron a lo más alto. Aquella pasión por el boxeo hoy daría la impresión de estar puesta en el básquet, en la función pública, en su fe y en su familia, más que en las piñas. En defensa de Pacquiao, Scott Christ de Bad Left Hook argumenta que cinco de los seis rivales a los que el filipino enfrentó post Miguel Cotto (su último KO, en 2009), Clottey, Mosley, Marquez x2, Bradley x2 y Rios, nunca antes habían sido noqueados. Sólo Margarito había perdido antes del límite, una vez. Sería posible entonces concluir que Pacquiao ha enfrentado últimamente a rivales con aguante, a veces más grandotes, difíciles de poner out. Roach viene diciendo que Manny es chico para pelear en 147 libras y que da ventajas, que tendría que bajar a 140 o incluso hasta 135. Desatiende que hoy pelear en esas divisiones deja mucha menos guita que hacerlo en welter y la parte económica es determinante.

Desde 2012 que Pacquiao tiene serios problemas con el fisco. Le reclaman una deuda de impuestos superior a los 50 millones de dólares. Su estilo de vida definitivamente no ayuda. Tal vez Manny ya no viva de joda como antes, pero mantiene a una troupe de pastores, funcionarios, familiares, amigos, conocidos y no tanto, que están siempre alrededor suyo comiéndole la billetera. De hecho, Pacquiao llegó a China este martes en dos aviones con una comitiva de casi 400 personas que viajaron de arriba con todo pago. A días de la pelea, estos personajes irán a la habitación de Pacquiao a despertarlo en medio de la noche para leer la biblia y rezar. Todo esto a Roach lo pone de la cabeza, pero parece haberse resignado a no poder cambiarlo.

En el campamento de Chris Algieri todo iba normal y tranquilo hasta el momento del pesaje. Para la risa de todos, al capo de la nutrición y la vida sana se le escapó la tortuga y se pasó 0.2 libras de las 144 acordadas. Poquito sí, pero Algieri quedó mal parado y tuvo que ir a entrenar un rato más antes de volver y dar el peso al tercer intento. Habrá que ver si la cabeza le aguanta. No hay que olvidarse de que este pibe vive en el sótano de la casa de sus viejos y que hasta el año pasado sus peleas ni siquiera iban televisadas. ¿Tiene Algieri las herramientas como para complicar al mejor boxeador de los últimos diez años? Sí, definitivamente. Su juventud, su mayor estatura, sus brazos largos, su jab mecánico, sus desplazamientos muy fluidos sobre el ring, su altísima capacidad atlética y su inteligencia son valores ciertamente importantes. Pero sucede que Algieri no enfrentó nunca jamás a un oponente de la jerarquía del Pac Man, ni en el boxeo, ni en el kick boxing, ni en ninguna otra cosa que haya hecho en su vida. Por lo tanto la variable acá, definitivamente, pasará por cuán enfocado esté el filipino. Si Pacquiao está pila, Algieri, con todo respeto, no debería ganar más de tres asaltos contra la velocidad, la intensidad, la imprevisibilidad y la experiencia de un Manny enchufado. En cambio, si el filipino sale distraído y le da al americano la chance de boxear cómodo e imponer su plan de pelea, manteniéndose disciplinado y activo de punta a punta, sólo así, tal vez, Algieri empleando al máximo todas sus habilidades juntas podría dar el batacazo más grande de los últimos años.

Este sábado por la noche Manny Pacquiao buscará seguir extendiendo su legado. Chris Algieri querrá dar inicio al suyo.


En las peleas preliminares, Jessie Vargas (25-0, 9 KO) defenderá su cinturón de las 140 libras ante el mexicano Antonio DeMarco (31-3-1, 23 KO) en lo que es, a priori, el más interesante de los combates de respaldo. Más tarde, la sensación de Ucrania y doble oro olímpico Vasyl Lomachenko (2-1, 1 KO) expondrá su título pluma ante el tailandés Chonlatarn Piriyapinyo (52-1, 33 KO). Por último, el ídolo local y tres veces medallista olímpico Zou Shiming (5-0, 1 KO) combatirá por primera vez a doce vueltas, en peso mosca y frente a otro tailandés, Kwanpichit OnesongchaiGym (27-0, 12 KO).

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Unas horas antes en Tokio habrá otras dos peleas destacadas. El nicaragüense Román “Chocolatito” Gonzalez (40-0, 34 KO), campeón lineal mosca y uno de los mejores boxeadores libra por libra de la actualidad, enfrentará al filipino Rocky Fuentes (35-7-2, 20 KO), en tanto que el japonés Takashi Miura (27-2-2, 20 KO) irá contra el mexicano Edgar Puerta (23-4-1, 19 KO). Esta cartelera está prevista que dé inicio el sábado a las 4:45 AM hora argentina.

e.b.

Pacman se comió a los fantasmas

pacquiao-bradley-rematch (17)Manny Pacquiao (56-5-2, 38 KO) lo hizo de nuevo, sólo que esta vez los jueces sí le dieron la victoria. El filipino campeón del mundo en ocho divisiones ahuyentó a todos los fantasmas y le ganó a Tim Bradley (31-1, 12 KO) en fallo unánime por 116-112, 116-112 y 118-110, recuperando así el cinturón de la OMB.

Sensacional lo de Pacquiao. Bradley quiso jugar juegos mentales con él desde un principio pero el Pacman, siempre con una sonrisa a mano, estuvo más allá de todo, no se enganchó en ninguna, y le aplicó todo su talento y velocidad. O lo que queda de ella. El único en la historia en ser campeón en ocho diferentes divisiones tal vez ya no esté tan rápido ni golpee tan fuerte, pero la experiencia y la jerarquía siguen ahí. Con eso, y a los 35 años de edad, le alcanzó para derrotar a un top 5 libra por libra que llegaba en su mejor momento. Ni más ni menos.

A Bradley le pesó la pelea. En la previa elogiábamos su capacidad de hacer ajustes sobre la marcha pero esta vez se pasó de rosca. En los primeros cinco asaltos le fue muy bien yendo al frente. Se lo veía cómodo improvisando, rotando la cintura, bajando el torso, bloqueando el jab de Pacquiao, filtrando la derecha arriba y golpeando al cuerpo de Manny por consejo de Joel Diaz que insistía con esa idea en cada descanso.

Luego, algo pasó. A partir del sexto capítulo Bradley empezó a irse de la pelea. Dejó de apuntar abajo y se engolosinó con el volado de derecha, recurso al que Pacquiao ya le había tomado el tiempo y ahora bloqueaba bien. El californiano comenzó a dar señales de cansancio y de molestias en una pierna. Se recostaba en las cuerdas a hacer cintura y ahí se abría una práctica de tiro para el Pacman, que de a poco fue ajustando la distancia y la puntería.

Disminuído físicamente, Bradley jugó a forzar el error. Lo toreaba a Pacquiao, lo invitaba a venir. Y el filipino iba, cauto, para no repetir el descuido de la cuarta con Márquez, pero iba. Bradley se encomendó al nocaut y empezó a buscar la piña perfecta, tirando golpes de a uno. Mientras, Pacquiao entraba combinando, salía hacía su izquierda y ganaba rounds.

Si tomás la trayectoria de Tim Bradley, 32 combates, y la partís por la mitad, vas a ver que en sus 16 peleas más recientes noqueó apenas dos veces, a Casamayor que estaba de salida, dio positivo de marihuana y se retiró (2011) y a un africano fantasma (2007). ¿Por qué apostó al nocaut un tipo con poca pegada y esos antecedentes? No sé, que lo explique él. Creo que estaba desesperado por ganarse un respeto y que eso le comió la cabeza y el físico y lo llevó a equivocarse mucho.

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Joel Diaz es uno de los mejores entrenadores de la actualidad, sólo que Bradley a veces parece no escucharlo y querer morir con la suya. Contra Provodnikov no le dio ni pelota, “Desert Storm” salió a fajarse y sobrevivió de milagro. Esta vez lo mismo. Si Bradley improvisara menos y se ciñera más al plan de pelea y a las ordenes muy claras que Diaz transmite en cada descanso, podría haber quebrado a Pacquiao que en el cuarto estuvo sentido y terminó el round subido a la bicicleta, pedaleando para atrás. Resta saber qué rol jugó la molestia en un gemelo en el desempeño final de Bradley, aunque tampoco debe perderse de vista que no es la primera vez que el morocho no logra terminar entero una pelea. Esto obliga a reconsiderar si Bradley era mentalmente tan fuerte como se creía o si los nervios lo traicionan en las noches grandes. La vez pasada cuando se dobló los dos tobillos, también ante Pacquiao, llegó a la conferencia de prensa en silla de ruedas. Dijo que se había lastimado porque el piso del ring estaba muy esponjoso y que subió a pelear en zapatillas porque vio en un documental sobre Tyson que no usaba medias y quiso probar a ver qué onda, justo en la noche más importante de su carrera. Esta vuelta al menos no quiso restarle mérito al triunfo de Pacquiao: “No diré nada más sobre el dolor en mi pierna. Manny es un tremendo campeón y me ganó bien.” Un gesto noble.

Pacquiao de a ratos brilló. El round 7 es para verlo mil veces. Totalmente fuera de ritmo Bradley, duro para moverse, como si estuviera peleando en ojotas. Lo invita a Manny a una esquina y se come una ametralladora de diez piñas arriba, casi todas entran. Deliraba el MGM de Las Vegas y también las plazas en Filipinas, donde instalaron pantallas gigantes para seguir al héroe nacional. El último round también iba a ser de los más intensos. En los segundos finales un cabezazo de Bradley le abrió un feo corte al Pacman en su ceja izquierda por el cual recibió 32 puntos de sutura.

El tiempo le arrebató a Pacquiao algo de su espectacularidad, pero si adapta su boxeo a esta postura algo más pensante, conservadora si se quiere, que ya había esbozado ante Brandon Rios, tiene cuerda para un rato más. ¿Se justificaría una tercera pelea con Bradley? No ahora, todavía, pero teniendo en cuenta que Top Rank no cuenta con un plantel profundo de pesos welter, no habría que descartar que en algún momento, si Bradley mete un par de victorias y Manny sigue vigente, vuelvan a enfrentarse para hacer “el bueno”. ¿Y un combate ante Floyd Mayweather? Olvídenlo. Mucha bronca entre Arum, Schaeffer, Al Haymon, HBO, Showtime, etc., como para que se pongan de acuerdo, aún con toda la plata que generaría un evento de esa magnitud. Una vez se sentaron y se destrabó todo, para armar Tyson/Lewis en 2002, pero entonces no había el nivel de hostilidad que tenemos hoy con éste status quo de guerra fría.

En mayo, Mike Alvarado y Juan Manuel Márquez reabrirán el Forum de Los Angeles. Según dijo Bob Arum, el ganador de ese combate debería enfrentar a Pacquiao. Uno supone que Márquez le gana a “Mile High”, pero el mexicano ya dijo que no le interesa volver a pelear contra el filipino, que cuatro veces están bien y que quiere quedarse con la sensación de la victoria de diciembre/2012, argumentos todos respetables. También es cierto que “El Dinamita” quiere un título en las 147 libras antes de retirarse para ser el primer mexicano campeón del mundo en cinco categorías y Manny ahora tiene un cinturón. “Eso dejo que lo decida mi promotor, yo peleo con quien él me diga” dijo Pacquiao, como sacándose la pregunta de encima. Su cabeza ya está puesta en volver a Filipinas para acompañar a su esposa en el nacimiento de su quinto hijo, Israel, y en retomar su actividad política como congresista. El guerrero descansa.

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 TOTAL
Pacquiao 9 10 10 9 9 10 10 10 10 10 9 10 116
Bradley 10 9 9 10 10 9 9 9 9 9 10 9 112

e.b.

Pacquiao/Bradley, por la redención

pacmanbradle54Manny Pacquiao (55-5-2, 38 KO) y Timothy Bradley (31-0, 12 KO) vuelven a enfrentarse éste sábado luego de aquel choreo de junio de 2012. Pac-Man necesita despejar dudas; Desert Storm busca el reconocimiento que no obtuvo tras su primer encuentro. Peleón.

Tim Bradley insiste. Dice que ganó ocho de los doce asaltos en la primera pelea. Nadie que la haya visto puede decir que el pupilo de Joel Diaz se impuso ante Pacquiao. Yo personalmente la vi tres veces y nunca pude darle menos de 9 rounds ganados al filipino. Había que estar borracho o adornado para darle a Bradley más de cuatro rounds esa noche, cinco si querés. Pero dos de los tres jueces, CJ Ross y Duane Ford, vieron ganar al californiano 115-113. Un papelonazo. El blog Fight Score Collector se tomó el laburo de recopilar 48 tarjetas de la prensa especializada. 47 reflejaban a Pac-Man ganador, sólo una a Bradley.

A nadie le importó demasiado. Ni Top Rank ni HBO se calentaron por armar una revancha inmediata que Pacquiao también, por contrato, podía haber exigido. En cambio, firmó para enfrentar por cuarta vez a Juan Manuel Márquez. Y el resto es historia conocida. Se comió el nocaut de su vida, un piñón tremendo que lo dejó un minuto out, con su esposa llorando histérica (?) en el ringside. Rumores de parkinson, comentarios por su despertar religioso y su actividad política como Congresista, y casi un año de descanso lejos de los cuadrilateros. La vuelta ante Brandon Rios le devolvió algo de confianza, pero Pacquiao se quedó corto. Con el talento le alcanzó para vapulear a Bam Bam, pero la espectacularidad parece haberse ido para siempre. Desde noviembre de 2009 versus Miguel Cotto que no noquea y ultimamente tiene una actitud como que todo le da igual, ganar o perder, que lo roben o que lo noqueen. ¿Tendrá todavía el hambre necesario para ganarle a un rival que llega en su mejor momento?

Bradley quiere esta pelea más que a nada. Es su oportunidad para conseguir respeto. Tuvo un 2013 increíble, sobreviviendo a una guerra contra Ruslan Provodnikov primero y boxeando a Márquez después, pero ninguna victoria le va a alcanzar para dejar atrás las polémicas del primer enfrentamiento con Pacquiao. Diga lo que diga para afuera con respecto a aquella pelea, que esquivó todos los golpes del filipino, que el ring estaba muy esponjoso y que se lastimó los pies por no usar medias (!), aquel fallo todavía atormenta a Bradley. Necesita ganar para poder mirar hacia adelante o seguirá siendo un paria sin una base de seguidores.

Los pronósticos para esta revancha no tienen nada que ver con los de 2012. Manny entonces era una fija. Hoy, después del nocaut ante Márquez y del gran año de Bradley, las predicciones están más apretadas. Desde que se enfrentaron, Pacquiao se vino dos años más viejo, en cambio el californiano sumó experiencia y muchísima confianza. Una locura lo que ha jetoneado estos últimos dos meses, nadie se animó a tanto ante un grande como Manny. Mentalmente está muy fuerte. Bradley ha evolucionado y es un mejor boxeador que la primera vez. Puede hacer ajustes durante el transcurso de una pelea, acomodarse al rival, sacar un plan B si las cosas no van bien y, si hiciera falta, también un plan C y un D. No tiene una gran pegada y su guardia es permeable, pero es tremendamente elusivo cuando cabecea, tuerce la cintura y se perfila. Hace pifiar mucho al rival, dejándolo fuera de balance y expuesto. Sin dudas ha dado un salto de calidad luego de sus últimas tres presentaciones y, ahora, tal vez, a Pacquiao ya no le alcance sólo con hacer lo mismo que la vez pasada para ganar.

Tendrá que estar muy enfocado el Pac-Man. Deberá haber hecho un campamento impecable con Freddie Roach, llegar afilado y motivado, sobre todo esto último. Mucho se viene hablando estas últimas semanas de que Pacquiao perdió su “instinto asesino” sobre el ring, que ya no es el de antes, que es compasivo con sus rivales. Tiene 35 años y más de 60 guerras encima, muchachis (?). Maravilla Martinez (39), por dar un ejemplo accesible, tampoco es el mismo de antes. Pero nadie sensato espera que el argentino, contra Cotto, pelee con la misma intensidad que hace cinco años cuando explotó. Nadie pretenderá tampoco que Riquelme (35) juegue hoy igual que en la Libertadores 2007. Bueno, Pacquiao, por más crack que sea, tampoco va a volver a ser el que noqueó a Hatton, ni el que aplastó a De La Hoya ni el que se fajaba con Morales y Barrera, aunque su situación fiscal en Filipinas lo agradecería. Lo que necesita el ocho veces campeón del mundo no es obsesionarse con el nocaut y ser descuidado. Mucho menos querer sacarse cinco o seis años de encima en una noche, eso no existe. Necesita tener precisión en sus combinaciones de golpes y ser constante, no lagunear dos minutos por round. Pero por sobre todas las cosas, necesita reencontrarse con la inspiración y el hambre de triunfo de sus noches más gloriosas.

En la previa pinta muy pareja. Al talento y la experiencia de Pacquiao, Bradley le antepone voluntad y confianza. No se sabe bien, a esta altura, qué lugar ocupa el boxeo entre las prioridades del Pac-Man. Sí sabemos que para Bradley esta pelea significa todo y un poco más y por ahí podría pasar la clave del combate. Pronóstico reservado.

*Golden TV, canal 503 de Directv, éste sábado a la medianoche*

e.b.

El dueño del reloj

Floyd Mayweather (45-0, 26 KO) es un tiempista dentro y fuera del ring. Aún estira la definición acerca de su próximo rival para la noche del 3 mayo en Las Vegas. Amir Khan (28-3, 19 KO) y Marcos Maidana (35-3, 31 KO), los candidatos.

Si uno se deja llevar por el resultado de la encuesta online en mayweatherpromotions.com el nombre es Khan. Figura con el 57% de los votos contra un 43% del santafesino. Sin embargo, es el único sondeo en el cual el británico se impone por sobre Maidana. Encuestas paralelas en los sitios de ESPN y Ring Magazine reflejan que los fanáticos prefieren como rival de Floyd al “Chino” de Margarita.

Nunca desde el lado de Floyd se dijo que el resultado de su encuesta fuera a ser vinculante. Lo que Amir Khan ganó fue una mesa en Necochea (?). Mayweather pelea con quién quiere, cuándo quiere, dónde quiere y en el peso que él dispone y esas son malas noticias para el pupilo de Virgil Hunter. Cuando “Money” se suba al ring del MGM en mayo, ya habrá pasado un año sin actividad para Khan. Sugestionado por los rumores de que estaba en la mira como rival del mejor libra por libra del mundo, el originario de Bolton rechazó pelear con Devon Alexander en diciembre pasado. No es para menos. Enfrentar a Mayweather implica agarrar el cheque más gordo que vaya uno a ver en su vida y Khan, que venía de actuaciones muy pobres, no quiso saber nada con Alexander. Otra mala noche lo hubiera eliminado para siempre de la ecuación Floyd, entonces, se sentó a esperar. Y ahí está todavía, a las puteadas por twitter, sin ninguna certeza de que vaya a ser el elegido.

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El tercero en discordia es nuestro Marcos René Maidana. El Chino tuvo un 2013 descollante con la demolición de Josesito Lopez en junio y la paliza a Adrien Broner en diciembre. Su presente lo hace merecedor a la chance de combatir con Mayweather, muy por sobre los activos de Khan. Llega con ritmo y viene de obtener la mejor victoria de su carrera contra un boxeador amiguito de Floyd, lo que podría darle un condimento extra a la promoción de la pelea.

¿Eran Khan y Maidana las alternativas más competitivas? ¿Y Pacquiao? Su nombre nunca estuvo en real consideración. Más allá de los conflictos entre promotoras y señales de tv que hoy tornan imposible a la que sería la pelea más importante de los últimos 30 años, Mayweather seguirá poniendo condiciones excéntricas para que la pelea nunca pueda concretarse. Más allá de los tweets, las provocaciones y el desprecio hacia Bob Arum, el ego de Floyd es muy grande como para dividir cartel y dinero con el único tipo capaz de discutirle quién de los dos dejará mejor legado en el boxeo.

Hay otro argentino, además de Maidana, que también aguarda por el anuncio del rival de Mayweather y es Sergio Martinez. “Maravilla” tiene todo cocinado desde hace un par de semanas para enfrentar a Miguel Cotto, el 7 de junio en Nueva York, pero éste peleón no se haría oficial hasta tanto Mayweather comunique sus planes para mayo. En épocas de guerra fría, nadie quiere quedar opacado por un evento de la competencia. 

e.b.

Presentaron Pacquiao/Bradley II

Con una gira promocional que incluyó Los Angeles, Nueva York y Filadelfia, quedó presentada esta semana la revancha entre Manny Pacquiao (55-5-2, 38 KO) y el invicto campeón Timothy Bradley (31-0, 12 KO). 

Redención. Es lo que van a estar buscando Pacquiao y Bradley el 12 de abril cuando vuelvan a verse las caras en el MGM Grand de Las Vegas. El filipino viene de ganarle cómodamente a Brandon Rios en China, pero se siente como si no hubiera alcanzado para disipar las dudas que planteara la violentísima derrota por nocaut ante Juan Manuel Marquez.

En cuanto a Bradley está muy claro que la primera pelea con Pacquiao no le reportó satisfacciones. Por más que quiera convencer a los fanáticos y a la prensa, nadie cree que haya ganado aquella noche de junio de 2012, salvo él, C.J. Ross y Duane Ford, los dos jurados infames que tarjetearon 115-113 para el desde entonces nuevo campeón welter OMB.

La gira sirvió para cosechar algunas declaraciones interesantes de los protagonistas. El seis veces entrenador del año y Salón de la Fama, Freddie Roach, concede que la fe ha incidido en la trayectoria reciente del Pac Man. “Sé que Manny está muy enganchado con la Biblia. Yo no voy a ganar en una discusión contra la Biblia, pero sé que hay un montón de violencia en ella. Si quiero hacer bien mi trabajo, si quiero que Manny recupere su instinto asesino, necesito mostrarle esas cosas y hacerle ver que la mayoría de las guerras comenzaron por causas religiosas” declaró Roach. Además, agregó: “Creo que esta vez él lo entendió. En sus últimas peleas no recaudó ni cerca la plata que hacía antes y sus números de PPV bajaron drásticamente. Él quiere volver a estar en lo más alto y para eso necesita noquear y lucir impresionante. No alcanza sólo con ganar, la gente necesita volver a ver a Manny Pacquiao noqueando a alguien.”

Ya pasaron más de cuatro años desde la última vez que Pac Man le dio el gusto a Roach. De aquel KO 12 sobre Miguel Cotto a hoy la carrera del filipino tuvo altibajos y un denominador común: se lo nota contenido, tal vez hasta un poco piadoso diría. Como si no quisiera lastimar a sus rivales. Al respecto, Manny le diría a la prensa en NY: “La vez pasada ante Bradley fui demasiado bueno. Ahora pienso terminar lo que empecé y recuperar ese cinturón. Pienso tirar un montón de golpes esa noche, más de los que tiré contra Rios, y conectarlos todos. Él no puede boxearme. Yo voy a ser el agresor.” Al menos es un cambio en el tono de las declaraciones para Pacquiao, queda ver si puede reflejarlo arriba del ring.

Timothy Bradley es un tipo rápido e inteligente que boxea realmente bien. Lo que le falta, lo que necesita y ansía con desesperación es credibilidad. El fallo que le regalaron en la primera pelea lo convirtió, básicamente, en un fraude. No fue su culpa. De hecho ofreció revancha, pero Manny prefirió buscar la cuarta pelea con Marquez. Sin muchas alternativas, Bradley aceptó pelear contra Ruslan Provodnikov, púpilo de Roach y sparring de Pacquiao en el Wild Card Gym. Parecía joda pero no. Bradley ignoró los consejos de su esquina y se fajó mal con el ruso durante doce asaltos. Aquella vez cambió su estilo radicalmente para llamar la atención y lo logró: fue reconocida por casi todo el mundo del boxeo como la mejor pelea de 2013. Casi que terminó de reinventarse a sí mismo cuando, meses más tarde, deslució al mismo Marquez, consiguiendo un triunfo ajustado pero indiscutible. Juntas, esas dos victorias le dieron a Bradley gran parte de la credibilidad que anda buscando. Sabe que para cerrar el círculo necesita ganar convincentemente esta revancha.

“Sé todo sobre Pacquiao, estuvimos juntos sobre el mismo ring y sentí sus mejores golpes. Soy un peleador distinto al que se enfrentó con él la primera vez, más maduro y más inteligente. Esta pelea es una oportunidad para redimirme”, declaró Bradley en la conferencia en Los Angeles. Luego, completó: “Contra Rios, algunos dijeron que peleó con cautela y fue inteligente. Ese no es Pacquiao el que te pasaba por encima y destruía a sus rivales. Sus habilidades todavía están ahí, pero su instinto asesino se fue para siempre. Voy a ganarle otra vez y voy a conseguir el respeto y el reconocimiento que merezco.”

Bradley ha crecido, es cierto, pero todo depende de Pacquiao, de que haga a un lado por un par de meses sus funciones en el congreso y que su despertar religioso no siga condicionando al guerrero. Será determinante que Roach pueda motivarlo durante la preparación, enfocarlo y devolverle el hambre. Bradley va a llegar al 110%, eso dénlo por hecho, quiere esta pelea más que a nada. Apurate 12 de abril.

e.b.